“lo que pienso del tema dolar”

Posted on 8 noviembre 2011

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Continuación del post de hoy temprano:

La semana pasada escribí un material tratando de centrar estructuralmente la cuestión del dólar y evaluando de manera primaria los controles que se habían establecido.

Pasada una semana, comienza a asentarse la polvareda. Los jubilados europeos comienzan a poder cobrar, del mismo modo que aquellos residentes que reciben dinero de su familia o situaciones similares fruto de una reglamentación demasiado esquemática, agravada por la poca colaboración de algunos bancos, cuando no su propia actitud especulativa para retener las divisas.

Ahora vale la pena agregar algunas reflexiones sobre la cuestión de fondo, ya que advierto que sigue habiendo mucha presión mediática sosteniendo que se debe devaluar, lo cual es el típico cuco para que la clase media siga tratando de juntar dólares y aparezca un problema auto generado.

Este año Argentina tendrá una diferencia entre sus exportaciones y sus importaciones de alrededor de 9000 Millones de dólares. Si el dólar estuviera atrasado esa diferencia no existiría, porque las importaciones serían mayores. Por este lado, no hay evidencias concretas de atraso del dólar. Si el reclamo de devaluación estuviera fundado en que de esa manera se podría exportar más, hay dos elementos a considerar:

. En el caso de las exportaciones agropecuarias o mineras, simplemente los exportadores ganarían más dinero, porque los volúmenes a vender no aumentarían; son lo que se cosecha o se extrae y es lo que hay.

. En el caso de las exportaciones automotrices solo se beneficiaría a las terminales, que podrían presionar a Brasil para que acompañe la medida, ganando a dos puntas.

. En el caso de los bienes sensibles – calzado, indumentaria, línea blanca – no son industrias exportadoras y ya están protegidas de las importaciones por mecanismos para arancelarios. En realidad, se los perjudicaría por la caída de la demanda a consecuencia del deterioro de nivel de consumo general.

No quiero aburrir, pero cuesta encontrar alguna situación en que los beneficiados por la devaluación sean otra cosa que un puñado de empresarios o bancos, además de que resulta imposible demostrar que es necesaria.

 

El hecho que la balanza de pagos está ajustada a causa de los grandes giros de utilidades de las trasnacionales no se resuelve con devaluación sino con una normativa que vincule los giros permitidos al nivel de ventas o a una proporción de las utilidades o a las exportaciones que la empresa realice de alguna fracción de lo que produce. Hay muchas formas de actuar en esto y seguramente el BCRA lo hará.

A quienes lean esto, sin embargo, les debe interesar tal vez más entender si podrán seguir utilizando el dólar como refugio de valor, como la inercia cultural de décadas parece marcarlo. Admito que mientras no se instrumenten formas de que los pequeños ahorristas puedan participar de inversiones productivas o al menos del financiamiento de viviendas, el dólar aparece en la memoria colectiva. Sin embargo, además de ser necesario estudiar estas opciones de inversión, vale la pena – es importante – construir una obligación específica: que las compra venta de inmuebles deban hacerse en pesos. Nada impide que los actores se referencien en la cotización del dólar, pero cada operación debería implicar que se venden los dólares en un Banco para comprar y que el que vende, si quiere transformar los pesos en dólares, debería comprarlos en un Banco con el respaldo de la escritura de venta correspondiente, que justifique su tenencia de pesos.

Una cosa es el refugio de valor y muy otra es la evasión sistemática, la subfacturación, que aparece cuando se manejan ciertos valores distintos de los que constan en los papeles. Esta lógica, a mi criterio, permite separar las aguas y diferenciar la vocación de meter recursos en el colchón respecto de la vocación de embromar al fisco.

Mas allá de todo lo dicho, me permito reiterar mi mirada de que no hay razones para suponer que el BCRA no maneja la situación; tampoco las hay para esperar una devaluación brusca y nuestra vida debería seguir transitando por la relativa placidez de horizonte que teníamos hace un mes.

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