Que hacemos con la basura electrónica

Posted on 7 noviembre 2011

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Basura electrónica

La Argentina desecha 120.000 toneladas de residuos tecnológicos al año, pero sólo se recicla el 5 por ciento. Todo lo que tenés que saber sobre el descarte adecuado de baterías y equipos que ya no sirven

Por Ricardo Sametband  |

LA NACION

Dónde llevar las baterías

Según los expertos, las pilas alcalinas pueden ir a la basura común, aunque es preferible reciclarlas.

El programa de recolección de pilas recargables que la Agencia de Protección Ambiental implementó sigue vigente. Enwww.agenciaambiental.gob.ar/areas/med_ambiente/apra/des_sust/res_esp/empresa_recoleccion.php?menu_id=32341 es posible acceder a un listado con los 110 puntos de recolección. Las empresas que participan en el programa son Duracell, Energizer, Kodak, HP, Nextel, Probattery, Rayovac, Sony, Nokia junto con Claro, Personal, IBM, Lenovo, Philips, Motorola y Panasonic.

Movistar tiene buzones en sus oficinas comerciales para recibir baterías, y lleva procesados en la última década 2,5 millones de baterías y 1,5 millones de kilogramos de residuos. Personal también tiene urnas en sus oficinas comerciales; enwww.personal.com.ar/concienciacelular/popup_conciencia.html es posible consultar un listado.

Sony, por su parte, tiene un plan de recolección de pilas recargables y baterías agotadas, que recibe en sus locales Sony Style (en www.sony.com.ar/gestionambiental/ hay una lista de puntos de recepción).

Mientras, Epson está asociada con Silkers ( www.silkers.com.ar ) desde 2006 para el procesamiento de basura electrónica de esa firma. BGH también usa ese reciclador, contando con urnas para recibir pilas en varias de sus oficinas.

En el caso de los teléfonos celulares, además, varios fabricantes (como Motorola, Nokia o Samsung) han presentado en los últimos años móviles hechos enteramente de material reciclado, como una forma de reducir la basura electrónica en el planeta..

En la Argentina se tiran 120.000 toneladas de basura electrónica por año, según estimaciones del sector. En la ciudad de Buenos Aires el número ronda los 7 kilos per cápita (el doble que en el resto del país), debido sobre todo a la gran cantidad de empresas que tienen oficinas aquí. Esto incluye los casi 10 millones de móviles que se dejaron de usar el último año, sumados a un millón de computadoras y otro tanto de impresoras, y que en el peor de los casos terminan contaminando un basural.

Desde hace unos años, junto con la creciente presencia de dispositivos electrónicos en el hogar y las empresas ha surgido un problema: la disposición de esos desechos electrónicos.

“Mientras una batería o un celular están en uso no contaminan. Pero si se los tira a un basural común y se rompen pueden liberar ácidos o materiales tóxicos como mercurio, cromo o berilio, que pueden afectar el agua y el suelo del relleno sanitario donde están. Ese es el problema en un basural, no los restos de comida”, alerta Gustavo Fernández Protomastro, de Gestión Ambiental ( http://www.escrap.com.ar), una de las cinco empresas nacionales que cuentan con una planta de reciclado de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE).

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La disposición de los residuos tecnológicos es un problema mundial y tiene varias aristas. Por un lado, la contaminación que producen esos desechos en el mundo: los 1600 millones de celulares que se vendieron en 2010 según Gartner, por ejemplo, sumados a computadoras, portátiles, tablets, reproductores multimedia, GPS, etcétera.

Por otro, la presión que ponen sobre los recursos no renovables del planeta: en un dispositivo de este tipo es posible encontrar elementos relativamente abundantes (hierro, aluminio, bronce, oro, silicio), pero también minerales poco comunes (las llamadas tierras raras); un móvil puede tener hasta 50 materiales diferentes, sin contar el plástico. Y el litio que puede sacarse de una batería vieja es más puro que el que se obtiene de una mina como las que hay en Salta, Jujuy o Chile.

Lo mismo para el oro o el cobre; recuperarlos no sólo evita impactar aún más sobre el medio ambiente, sino que permite reutilizar esos materiales, y a un costo menor al que tiene extraerlos de la tierra. Además, buena parte de la materia prima usada en la electrónica está en tierras chinas; ese país se niega a exportarla sin procesarla (es decir, sólo sale como producto terminado), por lo que el reciclado permite mantener vivas fábricas en el resto del mundo, y hoy es un negocio que da ganancias.

“En un celular se puede reciclar el 90% de los materiales, pero para eso hay que evitar que vaya a un basural común -explica Fernández Protomastro-. En el mundo hay lugares (centros verdes) donde la gente puede ir a tirar estos equipos; acá, Rafaela está implementando algo así. La alternativa son los cartoneros, que levantan estas cosas de la calle, y las empresas, que contratan servicios como el nuestro para hacer la recuperación. En la Argentina hoy sólo se recupera el 5% de la basura electrónica.”

Una vez que la empresa de reciclado de RAEE la tiene en su predio se hace un proceso de desarmado de los equipos; separan y clasifican las piezas según su tratamiento posterior: las baterías, las carcasas, los cables, las pantallas, las plaquetas, los transformadores y demás.

El 80% de los componentes se recicla en el país, mientras que un 10% debe enviarse al exterior para su procesamiento. El 10% restante son los elementos que no pueden recuperarse (transformadores, algunos plásticos y gomas) que se catalogan como residuos peligrosos. En la Argentina, por ejemplo, Siderar compra hierro recuperado, y Aluar hace lo propio con el aluminio; los cables se trituran para separar el cobre del plástico que los recubre.

Según Fernández Protomastro, el plástico se mezcla con otro no reciclado para hacer postes de luz, carcasas de medidores de corriente y otros elementos. En Gales, Reino Unido, se inauguró recientemente un puente hecho de plástico reciclado.

En la Argentina, sin embargo, no existe todavía una planta capaz de procesar y recuperar los metales y minerales usados en una plaqueta (un motherboard, típicamente) o una batería; estos componentes se envían a Europa o China para su reciclado.

El límite legal

El jueves último, el Senado bonaerense convirtió en ley un proyecto que prohíbe tirar a la basura lámparas, pilas, celulares, computadoras ni electrodomésticos en general, para evitar la acumulación de las 50.000 toneladas de RAEE que se descartan por año en la provincia de Buenos Aires. La nueva legislación estipula la creación de un registro provincial de gestores de basura electrónica, y la puesta en marcha de centros de recepción de desechos.

Todavía falta, sin embargo, una ley nacional que regule en forma unificada esta actividad y que promueva la disposición ordenada de la basura electrónica por parte de los usuarios finales, y su recolección y posterior procesamiento. Existe, no obstante, “un proyecto de ley de presupuestos mínimos, que ya tiene media sanción en el Senado. El proyecto propone regular la gestión de los residuos para promover la reutilización y el reciclado de la basura electrónica”, explica Yanina Rullo, de Greenpeace Argentina, asociación que está apoyando este proyecto (www.greenpeace.org/argentina/es/campanas/contaminacion/basura-electronica/ ).

“Lo que buscamos es que se cree una infraestructura de gestión, que cree un marco legal para esta actividad y que permita regular la actividad del reciclado y la formación de una industria local; en el resto del mundo es una actividad rentable y aquí puede serlo también. Aunque se están haciendo cosas en el país hay trabas, porque al no tener una ley parte de esta basura se clasifica como residuo peligroso y eso complica su procesamiento”, afirma.

En Greenpeace apuntan a lograr que los diputados sesionen en comisión antes del 20 de este mes para lograr que el proyecto de ley progrese y no quede postergado para las sesiones de 2012.

La innovación tecnológica ha tenido en el último medio siglo un impulso sin precedentes. Esto ha posibilitado que tecnologías en principio caras, complejas y orientadas a un público determinado, sean hoy baratas, sencillas y fácilmente utilizables en la vida cotidiana. 

Este constante desarrollo tecnológico sumado a la lógica del mercado, genera un permanente recambio de los artefactos eléctricos y electrónicos que se consumen de manera doméstica. Las nuevas funcionalidades y modelos de los aparatos; la mayor accesibilidad por la disminución de los costos y la oferta constante de “la novedad”, hacen que estos productos se tornen obsoletos con mayor rapidez.

Debido a esto, la otra cara de este “boom” de consumo masivo de aparatos eléctricos y electrónicos es la explosión en la generación de basura electrónica, la que contiene sustancias químicas tóxicas y metales pesados y, al mismo tiempo, materiales valiosos como oro, plata, platino o cobre. 

En Argentina, se estima que cada habitante genera 2,5 kilogramos de basura electrónica por año.

El despegue de las ventas y del consumo de los electrónicos en Argentina se produjo luego de la crisis económica de 2001-2002: primero creció considerablemente el consumo de computadoras personales y luego, en 2004 se disparó la venta de teléfonos celulares. 

En este contexto se espera que en 2011 se descarten más de 1 millón de computadoras. Por otro lado, según el informe de Greenpeace: “El lado tóxico de la telefonía móvil” se estima que este año 10 millones de celulares serán descartados. Más del 30% de estos aparatos terminará directamente en rellenos o basurales. 

Los televisores son otros de los aparatos que están liderando las ventas y engrosando la fracción de basura electrónica en el país. Los factores que han contribuido a que esto ocurra han sido: en 2010, el mundial de fútbol de Sudáfrica y los planes de financiación de las cadenas comerciales de electrodomésticos, pero sin duda el gran impulso al recambio de aparatos estará dado por la irrupción de la televisión digital, generando una explosión de basura electrónica en un país que aún no cuenta con una infraestructura de recolección, reutilización y reciclado de esta clase de “residuos”. 

La velocidad con la que esta montaña de productos electrónicos obsoletos está creciendo generará una crisis de enormes proporciones a menos que las corporaciones de la industria electrónica, que obtienen ganancias por fabricar y vender estos aparatos, asuman su responsabilidad. 

Greenpeace impulsa una ley nacional de gestión de residuos de aparatos eléctricos y electrónicosbajo la responsabilidad extendida del productor, que obliga a los fabricantes a hacerse cargo de los residuos de sus propios productos e impulsa un sistema de mejora en la fase de producción que elimina las sustancias tóxicas en los aparatos y una disminución en el consumo.

En esto coincide el presidente de la Agencia de Protección Ambiental porteña (APRA), Javier Corcuera: “Actualmente existen dos obstáculos que dificultan la gestión de la basura electrónica: la ausencia de una industria de reciclado con capacidad suficiente para abarcar la totalidad de RAEE que se generan y las prohibiciones jurisdiccionales de ingreso a territorios provinciales. Es indispensable la sanción de una ley nacional que fije presupuestos mínimos para la adecuada gestión de estos residuos. Y debe aplicarse el principio de responsabilidad extendida del productor”.

Este principio supone que el fabricante o el vendedor del equipo deben hacerse cargo de su reciclado, sea disponiendo de lugares de acopio y procesamiento o aceptando equipos viejos como parte de pago de los nuevos.

De hecho, en 2008 la APRA y los fabricantes Duracell y Energizer firmaron un acuerdo para la recolección de pilas en la Ciudad avalado por la Secretaría de Ambiente nacional, que terminó con 10 toneladas de pilas en manos del gobierno porteño, que esperan una autorización de la Aduana para poder ser exportadas a Europa.

En Suecia, Bélgica y Alemania hay plantas con hornos que procesan las pilas y las plaquetas, y permiten recuperar los metales y otros materiales; lo que no se puede reciclar se usa, por ejemplo, como escoria para cemento.

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