” que la gente sepa lo que se hace acá, que hay muchas cosas que se investigan en el Conicet que le pueden servir o a lo mejor ya le sirven”

Posted on 13 octubre 2011

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Marta Rovira: “Tratamos de estar más presentes en la sociedad”

Por Oscar Finkelstein 

Marta Rovira, titular del Conicet, analiza los avances del organismo en todo el país, el respaldo del gobierno nacional y el creciente interés de la comunidad por la investigación.

En su amplia oficina con vista al Congreso, a la que llega cada mañana poco después de las 8, Marta Rovira trajina jornadas de trabajo de diez horas o más. Acaso un poco más extensas que las que desarrollaba en sus tiempos de investigadora, primero, y de titular del Instituto de Astronomía y Física del Espacio (IAFE), después, ahora las consume como presidenta del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet).
Doctora en Física y especialista en el estudio del Sol como estrella, madre y abuela, es desde hace algo más de tres años, y hasta el próximo abril, la primera mujer que comanda los destinos del organismo científico más importante del país.

Lo hace en un contexto que parece ideal: durante su gestión se creó el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva que, a su vez, generó el fenómeno Tecnópolis; creció notablemente el número de becarios e investigadores, y la repatriación de científicos continuó su marcha ascendente. Al mismo tiempo, la ciencia terminó de acomodarse en la sociedad y en los medios, donde ocupa un lugar hasta hace poco tiempo totalmente impensado.


¿A qué se debe este súbito interés por la ciencia? ¿Se divulga más o hay más novedades?

Las dos cosas. Por un lado, que desde 2003-2004 está ingresando un número considerable de gente, tanto becarios como integrantes de la carrera de investigador. Y, por lo menos desde el Conicet, desde hace aproximadamente un año y medio se creó la Dirección de Comunicación y Prensa.

Estamos tratando de estar más presentes en la sociedad, que la gente sepa lo que se hace acá, que hay muchas cosas que se investigan en el Conicet que le pueden servir o a lo mejor ya le sirven y que no saben o no se dan cuenta de que es el resultado de una investigación nuestra. También creo que a otros niveles se está haciendo más difusión.

¿Esto tiene que ver con la creación del Ministerio?

Pienso que la creación del Ministerio fue un signo, algo que indicó que el Gobierno le estaba dando más importancia a la parte de Ciencia y Técnica.

También aparecieron divulgadores científicos que pusieron el tema en los medios.

Sí, y ayudaron a acercar la ciencia a la gente. Acá se formó un grupo muy importante, se hicieron cortos con investigadores para el nuevo canal Tecnópolis, y en cada Centro Científico Tecnológico, así como hay una persona dedicada a la vinculación con la sociedad, hay una o dos personas encargadas de difundir las acciones del Conicet para que aparezcan en los medios. Antes, nada de todo esto existía.

Del mismo modo que casi no existía la figura del periodista científico, hoy tan habitual al menos en los medios grandes. ¿Es una necesidad de los científicos dar a conocer sus investigaciones? 
Me parece que es más una necesidad de las instituciones. La mayoría de los científicos probablemente prefiera seguir trabajando en sus laboratorios sin que nadie los moleste. Pero, también, creo que cambiaron las condiciones de la sociedad y ahora los científicos están mucho más abiertos. El problema que teníamos antes era que muchas veces nos entrevistaban y lo que se publicaba no respondía exactamente a lo dicho, algo que en temas científicos es muy delicado porque cambiar una palabra, a veces, hace que se modifique todo el concepto. Ahora hay periodistas más confiables. Antes teníamos miedo de ser malinterpretados.

Durante años el tema del presupuesto fue difícil para el Conicet. ¿Cómo es ahora?
Desde 2003 aumentó un 600 por ciento en pesos (ver aparte). Ahora tenemos mucho más presupuesto porque está ingresando cada vez más gente. Estamos pidiendo 500 cargos por año para la carrera de investigador, que se suman a los que ya están. Hoy estamos hablando de alrededor de 6.500 investigadores, además de unos 8.500 becarios.

¿Cómo se ubica la Argentina a nivel internacional con ese número?
En ese aspecto, todavía estamos en un proceso de crecimiento, lejos de algunos índices internacionales. Por eso es que está ingresando este volumen importante de científicos a la institución. Es muy importante que se incremente el número de investigadores, y también el de becarios.

¿Cuál es la diferencia entre unos y otros?
El becario es el que terminó su carrera universitaria de grado y tiene un total de cinco años, en dos etapas, para hacer el doctorado. El Conicet le da la beca y el título se lo otorga la universidad donde está haciendo sus estudios, que puede ser pública o privada indistintamente. El investigador ya debe tener un doctorado para acceder a alguna de las cuatro categorías (asistente, adjunto, independiente, principal) y, por supuesto, a la de investigador superior.

¿El plan de repatriación de científicos está enfocado en general a que vuelvan para trabajar en el Conicet?
No, por el Plan Raíces del Ministerio están ingresando al Conicet entre 100 y 110 científicos por año. Pueden ingresar a una universidad o a otra institución, no necesariamente acá.

EL CONICET EN CIFRAS

-Según los últimos datos disponibles, que corresponden a diciembre de 2010, cuenta con 12 centros científicos tecnológicos en el país, además de 4 centros de servicios y multidisciplinarios, 143 unidades ejecutoras, 2 unidades ejecutoras en red y 15 unidades asociadas.

-Entre 2003 y 2010, el número de investigadores pasó de 3.804 a 6.350; el de becarios, de 2.378 a 8.122; el de técnicos, de 2.420 a 2.309, y el de administrativos, de 475 a 761. En total, el plantel creció de 9.077 a 17.542 integrantes.

-Los investigadores asistentes son 1.625, los adjuntos 2.121, los independientes 1.629, los principales 804 y los superiores 196.

-El presupuesto 2010 fue de 1.276 millones de pesos, equivalentes a 335.780.000 dólares

-El promedio de edad de los investigadores es de 48 años, contra los 49,1 del año 2002.

-Entre los investigadores asistentes, la edad promedio es de 36 años, contra los 38,7 de 2002.

-El 51 por ciento de los investigadores se encuentra en el área metropolitana y La Plata.

-Las mujeres ocupan el 60 por ciento de las plazas de becarios y el 48 por ciento de los cargos de investigador.

¿Cómo está el tema salarial?
Estamos razonablemente bien, por lo menos mucho mejor que unos años atrás. Es uno de los motivos por los que están volviendo los científicos al país. También porque la Agencia de Promoción Científica y Técnica del Ministerio está dando subsidios para mejorar el equipamiento y gracias a eso se compraron muy buenos equipos, con tecnología de punta. Nosotros también damos subsidios, pero los de la Agencia son más importantes.

Todo indica que la situación actual no es ni parecida a aquélla en la que Domingo Cavallo mandó a los científicos a lavar los platos.
Objetivamente hoy existen mejores condiciones de trabajo y, por eso, están regresando al país y también tenemos tantos pedidos de cargos en el Conicet. Aunque siempre se necesita más y siempre se quiere más. 

¿Qué investigan los investigadores del Conicet?
De todo, realmente. La parte de Ciencias se divide en cuatro grandes áreas: Biológicas y de la Salud, Exactas y Naturales, Sociales y Humanidades, y las Ingenierías. Y dentro de cada área hay disciplinas. En total son 22. Esto significa que hay 22 comisiones asesoras que se reúnen todos los meses, que en realidad, por el volumen de trabajo que hay, ya que tienen que tratar ingresos, proyectos, cambios de lugares de trabajo, son 44, debido a que se crearon otras tantas comisiones para el ingreso de becarios. Este año hubo 7.000 solicitudes de becas.

¿Cómo es el proceso de evaluación?
Esas comisiones asesoras, que pueden tener entre 5 y más de 20 miembros de acuerdo al número de presentaciones que tengan, reciben el pedido de ingreso o de subsidio y mandan ese proyecto a dos pares, dos especialistas en el tema. Cuando reciben esas evaluaciones, junto con los miembros de la Comisión hacen un dictamen y eso se eleva a la Junta, que está formada por representantes de distintas disciplinas. La Junta lo que hace es tratar de equilibrar las condiciones de ingreso y de promoción de las distintas disciplinas, algo que no es fácil porque tienen diversos parámetros, otras formas de publicar… Pero hay una instancia más, en el caso de que la Comisión y la Junta no se pongan de acuerdo. En ese caso, resuelve el Directorio, que se reúne semana por medio.

¿Siempre se tiene en cuenta lo mismo?
No. Desde el año pasado dedicamos un 20 por ciento de los ingresos y de las becas para temas que en el Directorio consideramos de vacancia geográfica o de disciplina, y el otro 80 por ciento entró como lo hizo siempre en el Conicet, de acuerdo al orden de mérito que exijan en cada disciplina, sin importar el tema al que se van a dedicar. Siempre va a haber un porcentaje grande por mérito, porque lo que se busca es la excelencia.

¿La prioridad es la excelencia y no el tema?
Exacto, aunque al mismo tiempo estamos tratando de que se oriente hacia los lugares en los que es necesario que se haga cierto tipo de investigación, porque hay regiones en las que hay pocos investigadores. En general, el 80 por ciento de los investigadores y de los institutos de investigación están concentrados en el centro del país y es importante ver cuáles son las necesidades en los lugares más alejados, tratar de crear grupos de investigación allí y de acuerdo a las necesidades de la región.

¿La idea es federalizar pero teniendo en cuenta las necesidades de investigación en cada lugar?
Ésa es la idea, aunque vamos a seguir apoyando a otros grupos que investiguen otros temas. Lo que queremos es tratar de ver con los gobiernos, con las universidades provinciales o regionales, cuáles son las necesidades. La federalización se está concretando a través de los Centros Científicos Tecnológicos. En las distintas provincias o regiones se agrupan los institutos, que en su mayoría funcionan en colaboración con las universidades más cercanas. Tienen un consejo directivo integrado por los directores de los institutos. Eso es bueno porque se conocen entre ellos y saben lo que hacen y así pueden hacer más trabajos en colaboración. Además, tienen una unidad de administración territorial, que es otra de las cosas que a los investigadores no les gusta: llevar las cuentas, hacer la rendición de un subsidio, por ejemplo. Y hay un consejo asesor, con representantes de universidades y de organismos como el INTA o el INTI y las fuerzas vivas del lugar, con la idea de que sirva de contacto entre las necesidades de la región y los investigadores.

¿Eso es algo que no se hacía anteriormente?
No. En general en las provincias es más fácil que los investigadores tengan más relación con la sociedad y con los gobiernos, más acceso a ambos sectores, pero no así agrupados y con un consejo asesor. Lo estamos haciendo desde hace unos años y hasta el momento hay doce de estos centros en todo el país.

Hasta esta instancia, ¿de qué dependía la aprobación de las solicitudes de ingreso a la carrera de investigador?
De los antecedentes del investigador, exclusivamente. Ahora sigue siendo mayormente así, pero destinamos un 20 por ciento a las disciplinas y a los temas de investigación según las necesidades.

Existe una sensación de que el investigador vive en una especie de irrealidad y que sus investigaciones no tienen una consecuencia directa en la sociedad. ¿Es así?
En parte es cierto. Por ejemplo, lo que se investiga en ciencia básica muchas veces no se sabe si va a tener consecuencias o cuánto tiempo va a demandar para que tenga alguna consecuencia en la sociedad. Pero hay que hacerla igual, porque de ahí es donde después salen los resultados para hacer transferencia o desarrollo tecnológico. Nosotros estamos tratando de darle más impuso a la transferencia. Hay muchas cosas que se hacen y que tienen resultados transferibles, pero el investigador no está preparado para hablar con la empresa, para vender el producto de su investigación.

¿El Conicet funciona como intermediario en esos casos?
Desde hace un par de años estamos tratando de darle mayor impulso, aunque ya existía la Dirección de Vinculación Tecnológica, pero ahora depende de Presidencia. Se le dio más categoría para que haya gente que pueda hablar tanto con los investigadores como con las empresas. Los investigadores en general no quieren ni saben ni tienen por qué saber o querer hacerlo. Y, fundamentalmente, no les gusta.

¿Pueden tener otra actividad los inves
tigadores?
La tarea de investigador del Conicet es de dedicación exclusiva; sólo pueden tener actividad docente. 

¿Dónde trabajan los investigadores?
La mitad trabaja en institutos que dependen del Conicet, la mayoría de ellos dentro de alguna universidad. O en universidades pero no en institutos que dependan del Conicet, simplemente en algún lugar de la universidad. Y después hay investigadores en el INTA, en Energía Atómica, en el Ministerio de Salud… Siempre en algún lugar que el Conicet reconozca como sede.

¿Ninguno trabaja en su casa?
Algunos sí, especialmente en el área de Ciencias Sociales, donde generalmente no se requieren condiciones de laboratorio, pero de todos modos pertenecen a alguna institución que el Conicet reconoce.

Para una investigadora, como usted, ¿ocupar cargos directivos implicó dejar la investigación?
Sí, y fue muy difícil. Es completamente distinta esta tarea, especialmente porque no era mi objetivo, como creo que no lo es para la gran mayoría de los investigadores. Pero es algo que alguien tiene que hacer y no me disgusta terriblemente, por algo estoy acá. 

¿Siempre hubo investigadores en su cargo actual?
Sí, empezando por (el Premio Nobel de Medicina) Bernardo Houssay, que estuvo muchos años.

¿Aun en tiempos de dictadura?
Sí, y no necesariamente relacionados con partidos políticos. Creo que está bien que el presidente del Conicet no se identifique con ningún partido político, porque entre las 18.000 personas que integran el organismo hay gente que piensa de las más diversas maneras. Y uno está acá de algún modo para representar toda esa diversidad.

EL SOL SIEMPRE ESTÁ

¿Qué es la física solar?
Es estudiar el Sol como estrella. Cuáles son los fenómenos físicos que ocurren en el Sol, por qué se ven.

¿Cómo se hace?
Hay observaciones desde la Tierra, a través de telescopios, y muchas observaciones satelitales.

¿Es una disciplina que está desarrollada?
No, somos muy pocos los que trabajamos en el tema. Hay más investigadores que trabajan en el estudio de la energía solar, para lograr la generación de energía solar que está de moda por el auge de las energías renovables.

¿Es distinto el abordaje desde la física que desde la astronomía?
El abordaje es el mismo aunque cada disciplina tiene sus particularidades.

¿Piensa volver a la investigación en física solar cuando termine su mandato en el Conicet?
Todavía no lo sé, veré cuando llegue el momento.

Lo que parece un dato objetivo, más allá de lo partidario, es que ahora sí hay una política de Estado respecto de la Ciencia y la Tecnología.
Sí, sí, indudablemente. Desde 2003 el Conicet casi duplicó su plantel de investigadores y aún más el de becarios. Antes de eso, hubo años en los que prácticamente no hubo ingresos, y ahora están mejor pagos. No hay dudas de que este Gobierno apoya la investigación en Ciencia y Tecnología, y en ese sentido el suceso de Tecnópolis en todo caso es la parte más visible de ese apoyo.

¿Hay otros lugares en la Argentina para investigar que tengan el nivel del Conicet?
Es un poco antipático decirlo, pero la verdad es que los premios científicos, por ejemplo, que es algo que puede tomarse como parámetro, indicaría que no. Hace poco se entregaron los de la Academia de Córdoba, y fueron todos para  jóvenes investigadores del Conicet. Lo mismo con los de la Fundación Bunge y Born, que este año fueron en Veterinaria y el año pasado en Física. Otras instituciones, donde también hay investigadores del Conicet, trabajan con temas más acotados, más específicos. Y trabajan con lo que llaman extensión, que es la transferencia a la gente. Es otro tipo de trabajo.

¿Hay alguna articulación entre el Conicet y otros organismos del Estado? ¿Una convocatoria desde el poder político?
Poca. En el Ministerio de Salud, por ejemplo, hay un grupo de investigadores, aunque creo que podríamos ayudarlos mucho más. Pero no es algo que esté institucionalizado, como tampoco lo está el trabajo entre las mismas instituciones. La Comisión Nacional de Energía Atómica cumplió sesenta años y el Conicet, cincuenta y tres, pero recién hace dos años pudimos hacer un instituto de doble dependencia. Y ahora estamos trabajando con el INTA, al menos para relacionar a grupos que están trabajando en temas parecidos. A veces pasa incluso dentro de una misma institución. Después de todo, la plata sale del mismo bolsillo y es la que paga la gente con sus impuestos. 

Y los investigadores son recursos humanos a los que el propio Estado podría recurrir para trabajar en temas de interés de toda la sociedad.
Sí, pero es muy difícil. Pese a que cuando son convocados, como pasó hace poco con el tema del glifosato, nadie dijo que no, todo el mundo quiso participar… Trabajaron mucho y muy bien, se formó un grupo. Me gustaría que nos consultaran más porque los investigadores estamos muy bien predispuestos.

http://www.polo.mincyt.gob.ar/

¿Cómo se ve desde el Conicet el éxito de Tecnópolis?
A nosotros nos parece bien porque estamos en plena tarea de difusión de lo que hacemos. Es bueno que la gente sepa que no somos raros ni locos, sino personas como cualquiera con un trabajo muy particular, como muchos otros trabajos. Nos viene muy bien y nos gusta que la gente vaya a las dos salas que tenemos en Tecnópolis. Una es la línea de tiempo de la ciencia, y la otra es una sala de conferencias donde los investigadores dan charlas y entran en contacto con la gente, que así puede ver que somos normales. Por lo menos la mayoría, como en cualquier profesión.

Y no el estereotipo del científico loco que vive en un mundo de abstracciones.
Hay muchos investigadores que trabajan con cosas muy concretas, ¿eh? Estamos esforzándonos por cambiar ese estereotipo del científico loco con el guardapolvo blanco y los pelos parados. Aunque es cierto que, en general, el investigador es una persona muy competitiva, muy dedicada, obsesiva, pese a que su carrera o su promoción no depende de un número, porque a diferencia de una empresa privada, no compite por un lugar, cada uno hace su carrera. La competencia se da en otros terrenos: quién publica más, quién viaja más para participar de congresos en el extranjero… Pero la característica principal, sin dudas, es que somos muy apasionados por lo que hacemos, nos gusta mucho lo que hacemos. Cuando tenemos que presentar un trabajo no tenemos problemas en trabajar los fines de semana, además de las ocho, diez horas diarias… Estar todo ese tiempo haciendo lo que a uno le gusta no tiene precio, es un privilegio.

Divulgación

Ubicado en el barrio de Palermo (en los terrenos de las ex bodegas Giol), el Polo Científico Tecnológico contará con un auditorio y un museo de ciencia destinados a la divulgación científica. Y como un símbolo de los lazos que tiende entre la ciencia y la sociedad, el Polo Científico Tecnológico mantendrá sus puertas abiertas a la comunidad mediante un restaurante, ubicado en el Edificio Rojo, y una plaza verde de acceso público.

http://www.revistadebate.com.ar/2011/09/30/4486.php


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