“…pero no es solamente denunciar, denunciar y denunciar, sino que alguna vez hay que construir, poner un ladrillo sobre otro.”

Posted on 3 octubre 2011

0



Entrevista con Hermes Binner

Por Ricardo Carpena  | LA NACION

Binner quedó cuarto en los últimos comicios, pero con una tendencia de votos en ascenso para las próximas elecciones presidenciales que, según varios encuestadores, podrían dejarlo en el segundo lugar. Y tiene un discurso que se fue endureciendo respecto de la Casa Rosada en la medida en que sus modales de político europeo le quitaban peso a su candidatura, aunque parece, como el resto de la oposición, en medio de una encrucijada.

A saber: ¿Le interesa a la sociedad que le digan, por ejemplo, que esta burbuja económica que permite mayor consumo puede peligrar si no se toman urgentes medidas? ¿Le importan a alguien los escándalos vinculados con hechos de corrupción? ¿Cómo hablarle a un electorado acerca de problemas que la mayoría no ve ni quiere que se lo insinúen?

Ante Enfoques, el gobernador de Santa Fe advirtió sobre muchas de las cuestiones que, al parecer, hoy sensibilizan a unos pocos. Por ejemplo: que insistir en que la Argentina está blindada ante la crisis económica internacional, como hace el Gobierno, “es un acto de temeridad” . Que “necesitamos tres años para llegar a una inflación de un dígito”. O que “hay créditos para el consumo, pero no para la producción”.

Este médico anestesiólogo de 68 años, oriundo de Rafaela y descendiente de suizos, admitió durante la entrevista con La Nacion las dificultades de sumar adhesiones en medio de la euforia cristinista, pero insistió en que armó el Frente Amplio Progresista para gobernar el país de una forma distinta. Hasta tal punto que anticipó que su primera medida, en caso de ganar los comicios, será “llamar al diálogo porque hay que pacificar el país, y no hay otra forma de pacificarlo”.

Binner es tan distinto al opositor promedio que sostuvo que “no se trata solamente de denunciar, denunciar y denunciar, sino que alguna vez hay que construir”. Y dijo que no aprovechó el atril para contestarle a Cristina Kirchner durante el acto que ambos encabezaron en Santa Fe, el 19 del mes pasado, y en el que recibió un reto presidencial, por dos motivos que confirman su condición de “raro” en la política: 1) Porque “uno se ubica en ese lugar [el de la jefa del Estado] y no quisiera que le pasara algo así”. 2) Porque “es irrespetuoso contestarle en público a la Presidenta”.

Aun así, el mandatario decidió profundizar sus críticas contra la Casa Rosada: afirmó que “no reconoce la pobreza”, que el problema de la inflación “es grave”, que hay fuga de capitales por “la falta de confianza”, que “gobernar no es dar órdenes”. Y se animó a cuestionar a una de las vacas sagradas del kirchnerismo: al criticar el papel de la Justicia en el caso Schoklender, destacó que “antes estábamos muy acostumbrados a una Corte que hacía todo lo que quería Menem, pero ahora hay una Corte que no actúa”.

-¿El estilo de posición que usted practica, que puede apoyar y elogiar políticas del oficialismo, es comprendido por la mayoría de la gente o hay una demanda de cierto sector de la sociedad de ser implacable y de oponerse a todo lo que provenga del Gobierno?

-Sí, pero no es solamente denunciar, denunciar y denunciar, sino que alguna vez hay que construir, poner un ladrillo sobre otro. Y si pone ese ladrillo otro sector político es correcto mientras que lo ponga bien. En Uruguay, por ejemplo, Pepe Mujica dio una conferencia el otro día y estaban sentados en primera fila todos los ex presidentes. Eso es impensado en la Argentina. Aspirar a una relación mucho más acorde con lo que también espera el otro ayuda a no quemar las naves en el medio del océano.

-¿Cuáles son los principales puntos en los que se diferencia hoy del Gobierno?

-Primero, en que no se reconozca la pobreza que existe Hoy, en el 30% de hogares pobres vive la mitad de los niños y en la juventud hay un millón de jóvenes que no estudian ni trabajan. Si queremos modificar positivamente una realidad, tenemos que reconocer que existe este problema. Porque el desarrollo económico puede frenarse cuando no hay un desarrollo social acorde. A los propios empresarios les interesa y no ven mal que haya acciones concretas para ir disminuyendo la pobreza. Que es de alguna manera lo que hace Brasil, donde hay mucha pobreza, pero también un desarrollo económico y social. Es lo que deberíamos hacer: salir de los subsidios de 80.000 millones de pesos y darle posibilidades a la gente de que pueda vivir con dignidad. Estamos de acuerdo con la asignación universal por hijo, pero no es el objetivo para sacar de la pobreza.

-¿Es en lo único en que discrepa?

-El problema de la inflación es grave. Tenemos que apuntar a tener una inflación de un dígito y cuando estudiamos el tema descubrimos que necesitamos tres años para llegar a un dígito. No es una tarea sencilla, pero es una tarea que se puede ir amortizando mes a mes. No con un programa de shock antiinflacionario, que fueron todos malos y con resultados sociales muy desagradables. Y, además, el tema que engloba todo: la falta de confianza. Por eso se va tanto dinero del país. Por eso no se invierte. Al no invertirse y al haber una economía que demanda, el lógico resultado es el incremento de los precios y la inflación.

-El problema para ustedes es cómo romper el miedo al cambio de los que consumen, de los que se endeudan… Mucha gente no quiere escuchar que algo puede salir mal.

-Eso de que “si andamos bien, para qué hay que cambiar”. Es cierto que la lucha es muy despareja. Por esta bonanza económica que viven determinados sectores. Por el uso de subsidios y por la utilización de una política clientelar. Pero tenemos que decirle a la gente lo que está pasando. En nuestro país pueden pasar cosas graves. Hay que tener una prevención y retomar la idea de confianza para que podamos recuperar el ciclo virtuoso del capital, y que haya una alianza estratégica entre lo público y lo privado.

Oposicion;

-¿La oposición se deshace por méritos propios o del kirchnerismo?

-Por méritos propios. Tenemos una cultura de la disidencia y lo que tenemos que iniciar es la cultura de la coincidencia. Si creemos que si no nos gusta el resultado nos llevamos la pelota a la casa, nos equivocamos. Tenemos que buscar otra forma de entendernos. Que significa, por ejemplo, sentar en una mesa a los sectores económicos y sociales. Necesitamos mecanismos de diálogo y de consenso. Gobernar no es dar órdenes. Se dan órdenes mientras todo anda fenómeno.

-Usted predica el diálogo, pero no pudo practicarlo para llegar a un acuerdo electoral con la UCR y con Elisa Carrió.

-Claro, pero es que la Coalición Cívica no se lo propuso y el radicalismo propuso también llevar a De Narváez. Personalmente no tengo nada contra De Narváez, pero es como otra línea de pensamiento, tan respetable como todas.

-Si es tan respetable, ¿por qué no pudo dialogar con Ricardo Alfonsín?

-Estuvimos dialogando. Pero un día leo en el diario que había diálogos con De Narváez y cuando lo llamo por teléfono a Alfonsín y le pregunto por qué, me dijo: “No hay que perder los millones de votos que tiene.”. Ahí ya empezamos con un criterio pragmático, y el pragmatismo se puede aplicar en muchas cosas menos en estas ciencias tan extrañas, en la sociedad.

Poder Judicial

-¿No fue por pragmatismo electoral que los legisladores del Frente Amplio amagaron con no asistir a la presentación de Sergio Schoklender en el Congreso?

-No, de nuestros legisladores no surgió ninguna idea de no interpelar a Schoklender. Lo que decíamos es que el Congreso tiene todo el derecho a preguntarle lo que quiera a Schoklender, pero el gran ausente aquí es la Justicia. Estábamos muy entusiasmados con los cambios en la Corte, pero entre una Corte menemista que hacía todo lo que quería Menem y una Corte que no actúa. es una falta muy seria.

-¿Cómo podría actuar en este caso?

-Acá está siempre el mismo juez que sale beneficiado en el sorteo para todo los casos extraños.

-¿Habla de Norberto Oyarbide?

-Claro, siempre sale el mismo y después no pasa nada. ¿Cuántos casos han pasado? ¿Apareció algún culpable? ¿Qué paso con la valija de Antonini? ¿Qué paso con el caso de las pobres Madres, a las que utilizaron para una tarea que tiene que hacer el Estado, que es construir viviendas? ¿Qué pasó con el avión con los mil kilos de cocaína? Hay una realidad muy seria que se instala a partir de la falta de justicia: la impunidad. Y eso es lo peor que le puede pasar a una sociedad.

-Sin embargo, la corrupción parece no estar al tope de las preocupaciones de la gente.

-Evidentemente no nos interesa. Estamos acostumbrados a la impunidad, a la injusticia. Pero no se puede construir un país sin Justicia. Fíjese, por ejemplo, la gravedad de haber vendido armas a un país que estaba en guerra con otro y en donde la Argentina estaba comisionada a buscar la solución del conflicto. Se absolvió a todos: nadie lo hizo. Estalló una fábrica de armas: nadie lo hizo. Y lo más grave es que en La Rioja hay un acuerdo del kirchnerismo con Menem. Y los argumentos por los cuales se cierra la causa de las armas se van a ver después de las elecciones.

http://www.lanacion.com.ar/1411052-antes-la-corte-era-menemista-pero-la-corte-de-ahora-no-actua

Anuncios
Posted in: General