Erradicar la pobreza, una tarea sin brillo

Posted on 12 septiembre 2011

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MÁS ALLÁ DEL ASISTENCIALISMO

Publicado el 6 de Septiembre de 2011

Por Enrique Martínez Presidente del INTI.

Desde México a nuestro país, toda Latinoamérica tiene un problema similar y una solución también similar: tutorar a los pobres para que produzcan todo lo que puedan de aquello que consumen.

Es casi obvio que un movimiento popular debe plantearse reducir hasta erradicar la pobreza. También es evidente que se trata de una tarea muy compleja, ya que el sistema capitalista de mercado, que ordena la economía global, genera riqueza de manera cada vez más concentrada y a su vez la distribuye de un modo cada vez más asimétrico.

El camino que está más a la vista, en ese escenario, es ocuparse de que el producto global crezca lo más aceleradamente posible, aunque se acentúe la concentración, y aferrarse a la distribución de parte de los frutos para mejorar la condición de los más humildes. Esto es el Estado de Bienestar, y buena parte de las discusiones entre conservadores y progresistas, desde hace 50 años, gira alrededor de la dimensión de la ayuda social y el origen de los fondos para ella. Pero el concepto no se cuestiona. Allí está, en el centro de la vida política y social de todo país, incluso los más desarrollados.

Nuestra historia y la de muchos otros, muestra que, en efecto, el crecimiento arrastra el empleo y este, a la vez que incluye, mejora los ingresos de fracciones importantes de la población. Existe por supuesto todo un inmenso campo de debate para entender qué es lo que define la posibilidad de aspirar serenamente a que el crecimiento sea sostenido y sostenible en el largo plazo. La forma de vincularse con otros países, tanto en términos comerciales como de inversiones; la disponibilidad de recursos naturales y su tratamiento respetuoso de los ciclos de la naturaleza; la controversia entre la equidad y la paz social; son todos factores que una y otra vez se discuten para no ilusionarse con bonanzas transitorias o para encontrar la luz cuando nos va mal.

Sin embargo, nuestras expectativas suelen ser acotadas. Aun discutiendo todo lo que se pudiera sobre cómo afianzar el crecimiento, ningún economista se aleja demasiado de decir que si tenemos 30% de pobres estamos mal y si tenemos 15% estamos casi en el mejor de los mundos. Así funciona la economía del planeta hoy. Recordando a un exponente de la peor política, que anduvo por estas playas: “Pobres hubo siempre.” Los progresistas agregarían: “Nuestra responsabilidad es que sean los menos posibles, pero ni siquiera podemos poner en las metas que la pobreza sea cero.”

La información estadística disponible ubica la pobreza entre el 12 y el 15%. Se afinará el dato con los resultados censales que, aunque no midió pobreza, sí lo hizo con necesidades básicas insatisfechas. Veamos el valor absoluto. Admitamos, de manera pesimista, 6 millones de pobres. Es una cantidad de compatriotas superior a toda la población de Uruguay o equivalente a la mitad de la población de Chile. Es un número. Número que justifica sumar acciones en paralelo a las tradicionales, tanto a las que creen que el crecimiento derrama parcialmente, como a las que se conforman con la asistencia.

La manera heterodoxa de incursionar en esta asignatura es pensar en formas de intervenir democratizando la etapa previa a la distribución de riqueza, o sea a su generación. Es pensar en trabajar en cada una de las comunidades pobres y lograr que su participación en la generación de riqueza, o sea en la producción, sea directa y efectiva. Implica dejar a un lado –en ese frente– la expectativa de que sean las inversiones las que arrastren positivamente la inclusión de los pobres.

Implica cambiar esa prioridad por la definición, en cada lugar, de los proyectos que producen bienes que satisfacen necesidades populares básicas, y lograr sumar a los hoy pobres en esas estructuras productivas.


Esta es una tarea exenta de todo brillo. En cuanto a rendimiento del decisor político, podríamos comparar a un artesano que teje mimbre y con suerte hace dos sillas por día, con una fábrica de sillas de plástico, que produce centenares o miles por hora. Pero si se trata de eliminar la pobreza en el este de Salta, con niveles superiores al 50%, o en el Impenetrable chaqueño, o en buena parte de la provincia de Jujuy, por mencionar sólo un puñado de una veintena de situaciones regionales, el desafío es resolver caso por caso y lugar por lugar.

¿Cómo? Pues perfilando un nuevo modo de intervención del Estado. No se trata de capacitar o reforzar la formación para empleos hipotéticos. Evidentemente, no se trata de brindar créditos baratos para proyectos que no existen.

Se trata de conseguir que el Estado –inicialmente ámbitos nacionales y progresivamente provinciales o municipales– formule el proyecto, que debe atender demandas locales en la medida de lo posible; cuente con la tecnología productiva y comercial completas y las transfiera; disponga de los recursos para las inversiones; capacite a los actores locales en ese proyecto concreto, y finalmente acompañe la marcha del mismo hasta que todos –los beneficiarios y los funcionarios– tomen cabal conciencia de que el Estado puede tomar distancia, sin poner en peligro la continuidad.

Este sería un Estado diferente al actual. Con prioridades nuevas, tal vez sumadas a las anteriores, pero jerarquizadas al mismo nivel que las históricas. Y con un elemento no menor: la convicción de que una tarea de esta naturaleza distribuida al extremo, donde hoy se resuelve el problema de diez personas y mañana de 30 por allá, tiene dos componentes de éxito irrefutables.

a) Cuando los dirigentes políticos locales se convencen de su efectividad, automáticamente pueden implementarla, sin depender de poder central alguno, con lo cual los efectos pueden crecer exponencialmente.

b) Desde México a nuestro país, toda Latinoamérica tiene un problema similar y una solución también similar. Tutorar a los pobres para que produzcan todo lo que puedan de aquello que consumen.<

http://tiempo.elargentino.com/notas/erradicar-pobreza-una-tarea-sin-brillo

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