Profundiza el modelo. Discriminar los subsidios entre quienes los necesiten. Lo aceptarías?

Posted on 5 septiembre 2011

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Loustau, plantea en este artículo algo que muchas veces planteamos desde este blog. La necesidad de superado la primera etapa del denominado modelo, más allá de las diferencias que podamos tener con él, y revisando las reales posibilidades de la oposición de acceder al poder, encontrar formas de hacer eso que llaman profundizar el modelo.

Bien aquí una de las formas, que se está hablando mucho en estos días es la de el ahorro de parto del Estado, vos, yo, todos, de una gran parte de los subsidios. Estos que muchas veces planteamos como necesarios pero que otras los definimos como excesivos. 

Que el boleto del tren en capital cuesta para todos, 0,80$ el tramo es una locura. Ese boleto lo pago por igual, la señora que limpia casas, como el ejecutivo que con blackberry y tablet en mano, surcan el ferrocarril para bajar en Retiro, por ejemplo, y adentrarse luego en un edificio moderno de Catalinas. No hay derecho.

El subsidio es similar para el que tiene esposo y cuatro hijos y laburan sumando entre todos, $4000 mensuales y alquilan, como para el que tiene su casa en el barrio de Belgrano R por valor de 500.000 U$S y tiene un aire acondicionado por habitación.

No es justo, no hay derecho y debe ser arreglado. Es cierto que las formas son complejas, imaginemos que para actualizar el valor de las propiedades y pagar lo que corresponde del impuesto inmobiliario se le hace bien difícil al gobierno de la Ciudad y bien que salen airosos en sus quejas los porteños, imaginemos si la boleta de energía, a quien tiene ingresos superiores a 5000$ por familia, le llega la factura por $ 120 en lugar de los 55$ del último bimestre, que pasaría? O si al pagar el boleto del colectivo o tren todos pagasen $ 2,50  y los que acrediten de alguna manera ingresos menores, y solo ellos, paguen 1$ sería un escándalo de tapa de diarios.

Pero esos mismos, cuando les dicen que debe hacer el Estado es bajar el gasto público que subsidia, entre otras cosas, sus servicios.

En qué quedamos?

Será una más de las inexplicables zonceras de los porteños? Será…

Mimos para ricos

La economía global está en terapia intensiva: crecerá poco y nada en los próximos años, con probabilidades no desdeñables de caer en una nueva recesión. Ello implica que las tasas de interés en los países desarrollados permanecerán bajas, lo cual es positivo para nuestro país y la región en general. Pero también es posible que el mundo compre menos nuestros productos, o que caigan los precios de nuestras exportaciones. Si eso ocurre habrá menos fondos disponibles, tanto en el sector privado como en la esfera estatal. Es en este marco que debemos analizar si estamos haciendo una adecuada utilización de nuestros recursos actuales, como es el caso de los subsidios económicos que incluyen: energía, transporte, agroalimentos y financiamiento del déficit de empresas públicas.

Esta discusión ya fue planteada en el seno del gobierno apenas hubo asumido la actual administración en diciembre de 2007. Ese año, el monto utilizado para los fines arriba mencionados había alcanzado los $ 15.000 millones; y venía casi duplicándose desde 2003, año en el que arrancaron con apenas $ 1.500 millones. Sin embargo, Kirchner prefirió continuar con el esquema vigente que siguió aumentando en volumen. Este año habremos gestado la friolera de $75.000 millones, lo que equivale a 4,1 puntos del PBI. Eso significa que estamos destinando nada menos que el 4% de todo lo que se produce anualmente en el país a mantener este paquete de subsidios, cuyos beneficiarios corresponden mayoritariamente a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el Conurbano.

Quizás algunas comparaciones sirvan para dar una mejor magnitud del desatino. De cada $ 100 que el gobierno hoy gasta: $ 35 corresponden a jubilaciones, $ 25 a salarios, $ 15 a obra pública y $ 5 a planes sociales -de los cuales la Asignación Universal por Hijo (AUxH) representa sólo la mitad-, y $ 20 a subsidios. Estamos desperdiciando nada menos que US$ 500 por habitante en este último concepto, que representa así una quinta parte del gasto primario total.

Para colmo, no hay discriminación alguna en los esquemas tarifarios: las ventajas son gozadas tanto por sectores necesitados como por lo ultra-ricos. Seguramente nos escandalizaríamos si el futuro hijo de Mauricio Macri recibiera una AUxH, pero nos hacemos los desentendidos frente al regalo que conlleva el precio artificialmente reducido de la electricidad y el gas que usa en su casa de Barrio Parque.

Si mediante un sistema de tarifas sociales -perfectamente viable- ahorráramos la mitad de lo que estamos derrochando en quienes no lo necesitan, podríamos hacer muchas cosas. Por ejemplo, en un año tendríamos la red ferroviaria que reclama Pino Solanas, quien podría así retirarse tranquilo habiendo cumplido al menos la mitad de su cometido (y le prometemos discutir también qué hacer con el petróleo y la minería). Alternativamente podríamos multiplicar por 2,5 veces el gasto en salud, eliminando además la desnutrición y la mortalidad infantil. O duplicar el gasto en educación, para mayor envidia de los chilenos.

Antes lo que se recaudaba en derechos de exportación a los productos primarios y manufacturas agropecuarias sobraba holgadamente para hacer frente a estos subsidios. Pero ahora, la cuantía de éstos últimos duplica a los primeros. Por ese motivo el Gobierno se ha visto obligado a apelar a otras fuentes de financiamiento para su actividad, entre ellas la emisión de dinero que alimenta la inflación.

Desde que este sistema se puso en vigor nos hemos gastado un acumulado de nada menos que US$ 60.000 millones, lo que supera en mucho las reservas totales que tiene hoy el Banco Central. Y la dinámica es exponencial: si no hacemos nada, en 2012 habremos sumado otros US$ 21.000. Cuando comenzó la crisis financiera internacional, EE.UU. decidió armar un paquete de rescate bancario de nada menos que US$ 700.000 millones. La cifra parece exorbitante en estas latitudes, pero es al tamaño de la economía estadounidense lo mismo que esos US$ 21.000 a la nuestra. Y en su caso era por única vez, mientras nosotros debemos afrontarlo todos los años.

Recientemente Warren Buffet, uno de los hombres más ricos del mundo, escribió un artículo reclamando a los políticos norteamericanos que dejaran de mimar a los ricos con ridículas rebajas de impuestos. ¿Hará falta que todos aquellos que no precisamos los subsidios para afrontar los servicios exijamos públicamente que nos los retiren? Quizás sólo así se decida el Gobierno a dejar de malgastar tanto dinero. Podría entonces dedicarlo a mejores fines, y hasta corregir las desarreglos macroeconómicos que padecen millones de argentinos que ven como la suba de precios erosiona cada mes su poder adquisitivo

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