Cuando por “vivir para internet muchos terminen por irse a vivir a la Internet”

Posted on 26 agosto 2011

0



Hace un par de semanas, la revista dominical del diario El País, de Madrid, dedicó una doble página a un estudio de JWT Intelligence que, desde su sede en Nueva York, designó a 2011 como el año del comienzo del de-teching.

¿Qué significa este nuevo neologismo anglosajón que se incorpora al diccionario de la web y de las redes sociales? El diario lo traduce como “desintoxicarse de la tecnología”, debido a que el abuso de los medios digitales conduce al hartazgo e incluso a la enfermedad. Una solución, sugiere el servicio de JWT, sería la desconexión voluntaria y temporaria para limpiar la mente y prepararla para un nuevo comienzo más racional y saludable.

  • Borrini: “Pese a la gran cantidad de libros, encuestas y artículos que se publican a diario acerca de los medios digitales, la mayoría con elogios, son muy raros los que los analizan en profundidad, y en todos los aspectos”.

Para muchos, la web se ha convertido en una adicción. En su caso, confesó Umberto Eco en un reciente artículo periodístico, es “como una neurosis”. El abuso haría que, según dijo un especialista, de “vivir para internet muchos terminen por irse a vivir a la Internet”. En otra realidad, a medida de cada uno.

Qué es ‘de-teching’

Es el término escogido para la tendencia social que se augura a partir de este mismo año. Se trata de una palabra anglosajona de nueva creación que en español se podría traducir como desintoxicarse de la tecnología. El concepto no tiene vocación fundamentalista ni trata de demonizar la tecnología. De hecho, no aboga por la limpieza total de vida online,simplemente invita a hacer un ayuno temporal con el objetivo de frenar el ritmo y recapacitar sobre la invasión tecnológica y los efectos que está comenzando a tener en las relaciones personales de algunos usuarios.

La llamada Generación 2.0, integrada por los que nacieron y crecieron con la web, todavía no ha aprendido a aprovecharla en todas sus posibilidades informativas. Las autoridades educativas adhieren a la idea de que cada alumno tengan su propia PC, e incluso hay planes en nuesro país para que la financie el Estado. Pero ni los educadores, ni los educandos parecen estar capacitados para elevar el rendimiento escolar con su ayuda.

En general no se enseña a buscar información en internet de manera organizada, como antes se hacía con un diccionario o una enciclopedia, menos aún cómo combinarla con la lectura de diarios y revistas.

Pese a la gran cantidad de libros, encuestas y artículos que se publican a diario acerca de los medios digitales, la mayoría con elogios, son muy raros los que los analizan en profundidad, y en todos los aspectos. Uno de ellos es “Superficies. ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes?”, del investigador Nicholas Carr (Taurus, 2011).

“Los beneficios son reales, pero tienen un precio”, apunta el autor; añade que la web  ha sido un “regalo del cielo” para él como escritor e investigador (como para mí como periodista, acoto), pero que durante los últimos años tiene la “sensación incómoda de que algo, o alguien, ha estado trasteando en mi cerebro, rediseñando el circuito neuronal, reprogramando la memoria. Mi mente no se está yendo, pero está cambiando. No pienso de la forma en que solía pensar”. Uno de los síntomas de esta sensación, señala, es la pérdida de la concentración en la lectura.

Como sugería McLuhan, recuerda Carr, los medios no son solamente canales de información, sino que modelan el proceso del pensamiento. Dedicó todo un libro, “La comprensión de los medios como extensiones del hombre” (1964), quizá una de sus obras más fascinantes y reveladoras, a explicar este aspecto de una amplísima gama de vehículos que van desde la palabra hablada hasta la televisión, pasando por la máquina de escribir, el automóvil e incluso el dinero.

Cada nueva prótesis tecnológica que incorporamos, escribió, es una extensión de nuestro sistema nervioso que nos depara nuevas sensaciones. Y habrá que admitir que ninguna, ninguna como la web, causa tanto impacto en el comportamiento de los usuarios. Cada nuevogadget es más rápido que el anterior, lo que explica que haya tantas personas, sobre todo jóvenes y chicos, acelerados, pasados de revoluciones. Solo este efecto justificaría una reflexión de McLuhan, si viviera, acerca del de-teching.

Grandes marcas del ramo como Microsoft, comenta Karelia Vázquez, autora del artículo de El País, fueron las primeras en detectar que una parte de su público está, según su propia definición, “tecnológicamente fatigado” y que siente cierta nosrtalgia por “los viejos tiempos de la comunicación analógica”.

Era un obeso digital, así que se puso a régimen. Para desenredar la madeja de su abarrotada vida en bits necesitó doce meses, de los cuales ocho fueron de total desconexión. Después de este ayuno severo recuperó algunos de sus hábitos, pero, según sus propias palabras, “la tecnología no volvió a invadirme”. Del severo aislamiento pasó a la realidad y transformó su dieta en un flexible y pragmático sistema de cuatro pasos que permite hacer retiros digitales a la carta, léase de fin de semana, de verano, de invierno o radicales desintoxicaciones de más de un año. Veamos cómo:

Paso 1. Repensar. Dice Daniel Sieberg que dedicar dos horas diarias a actualizar Facebook y Twitter, a “esculpir nuestra imagen online” y, en general, navegar por Internet por motivos no estrictamente laborales no suena demasiado terrible. Sin embargo, a final de mes la suma son de casi 60 horas “perdidas en el éter”. “Y esto es solo el coste cuantitativo, sin considerar lo que se ha sacrificado en términos de privacidad, identidad personal y horas de sueño”. “Nuestros cerebros están siendo esculpidos por fuerzas digitales”. Esta cita, correspondiente al neurólogo estadounidense Richard Restak, es una de las favoritas de Sieberg para reforzar este primer paso del ayuno.

Paso 2. Reiniciar (fase de desintoxicación). Se recomienda empezar la desintoxicación un fin de semana, dotarse de valor y elevadas dosis de radicalismo. Lo primero es alejar la tentación tecnológica, guardar todos los gadgets, incluido el teléfono, en una caja y quitarlos del campo visual. Lo segundo, confiar a alguien lúcido las contraseñas de los perfiles en las redes sociales. La misión de esta persona será cambiar las contraseñas por unas nuevas y desconocidas para el practicante del retiro, que deberá grabar un mensaje en su teléfono disculpándose por no estar disponible en los próximos tres días. No serán necesarias más explicaciones. El correo electrónico podrá ser revisado una vez al día, preferiblemente por la noche. Así, el usuario tendrá tiempo para leer libros, hacer ejercicio físico o entrenarse en la conversación cara a cara (en caso de que haya perdido la paciencia y algunas habilidades sociales).

Paso 3. Reconectar. Asegura su creador que el propósito de este ayuno no es una cruzada contra los aparatos electrónicos o la presencia digital del implicado, sino recolocar la vida online en el sitio adecuado. Una de las variables a controlar es la duración del día electrónico, o sea, las horas que pasamos entregados al móvil o al ordenador. Durante la fase 2, el día digital (e-day) debe ser mínimo. Pero el objetivo es conseguir una presencia digital equilibrada. En la presente fase, el e-day puede ir alargándose, pero deben quedar establecidos los límites de los nuevos hábitos digitales.

Para Sieberg, la duración razonable de un día electrónico oscila entre 90 minutos y tres horas. Él mismo señala la paradoja de servirse de la tecnología para poner coto al desorden digital, pero recomienda ciertos asistentes, como Web2.0 Suicide Machine (http://suicidemachine.org), una web que borra nuestros alter egos en Facebook, Twitter, LinkedIn y MySpace en solo 52 minutos con el reclamo “¿quiere volver a hablar con sus verdaderos vecinos?”.

Paso 4. Reactivar. El ayuno habrá funcionado si el sujeto consigue renovar las relaciones personales abandonadas por la vida digital. “Este régimen debería ayudar a recuperar la cordura y el juicio en nuestra relación con la tecnología y las personas”, explica Sieberg, que ha elaborado unas reglas de recordatorio a modo de mantra. A saber:

– Tengo que elegir entre personas o aparatos. Si alguien me habla, trataré de dejar migadget a un lado y prestar atención.

– No tendré miedo a estar desconectado. Puedo retomar el paso 2 (desintoxicación) una vez al mes para recordarlo.

El retiro digital · ELPAÍS.com http://bit.ly/rcsKsS

Url permanente:

http://www.adlatina.com/notas/noticia.php?id_noticia=42088

Anuncios
Posted in: General