Binner: “Un sector de la sociedad 
estaba sin representación 
y ahora la tiene”

Posted on 26 agosto 2011

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 Hermes Binner, candidato a presidente por el Frente Amplio Progresista, analiza las razones del triunfo holgado de Cristina, 
la crisis de la oposición y las potencialidades de su fuerza política.

 

El resultado logró envalentonarlo. La pobre performance que hicieron sus rivales en el fragmentado espacio opositor y la orfandad de liderazgos claros, luego del categórico triunfo del Frente para la Victoria, parecen potenciar ese 10,26 por ciento cosechado por su candidatura en las primarias del domingo.

Si en esta ocasión quedó cuarto, para las generales del 23 de octubre próximo pretende escalar algunos peldaños. El menor nivel de rechazo que concita su figura en relación con las de Ricardo Alfonsín y Eduardo Duhalde, segundo y tercero respectivamente, aparece como uno de los puntos a favor para lograrlo.

Al que se le podría agregar su experiencia de gestión en Santa Fe, valorada por muchos y revalidada provincialmente, y los problemas de armados de sus oponentes. Claro, antes deberá afrontar con eficacia algunos desafíos.

Por ejemplo, revertir el todavía bajo nivel de conocimiento público que tiene y consolidar su endeble construcción política alrededor del Frente Amplio Progresista, con socios políticos que no se caracterizan por contar con gran peso propio. En esta entrevista con Debate, Hermes Binner habla de todo esto y de lo que viene para él y su fuerza, más allá de octubre. 

Por Néstor Leone

¿Por qué ganó Cristina y por qué ganó como ganó, con esa brecha tan abultada?
Porque el cincuenta por ciento de la población creyó en su mensaje. Y es un acto democrático reconocer y felicitar a los triunfadores. 

Fue un respaldo a su gestión, dice usted. 
Fue un respaldo a lo que la gente ve en este Gobierno, por supuesto que sí. Tenemos un momento de bonanza económica que ha sido importante para que la gente decidiera con su voto el respaldo a Cristina. 

Parecía existir, de parte de la sociedad, un grado de rechazo mayor del que se vio en las urnas. La contundencia del triunfo, ¿mostró que eso no era tan así o que la oposición no supo canalizar ese descontento?
Hay que analizar el voto en términos positivos. La gente usó el elemento más fuerte que tiene en democracia para aprobar algo. Lo depositó ahí porque creía que era lo mejor. La sociedad está suficientemente madura como para ver que si no vota en positivo otro vota por él. 

El Gobierno, sin embargo, venía de un voto adverso, negativo, en 2009. 
Bueno, venía… Usted lo dijo. Ya no. 

La cosa parece resuelta a favor de Cristina. ¿Lo está? Y, en ese sentido, ¿qué es lo que buscará el Frente Amplio de aquí a octubre?
Como Cristina obtuvo la representación de un cincuenta por ciento, también hay que decir que hay otro cincuenta por ciento. Es democrático dejar que ese cincuenta por ciento se exprese de acuerdo a sus criterios. Se abre una situación muy interesante, en ese sentido. Por otra parte, está claro que no les hace bien ni a un gobierno ni a un país tener la totalidad del poder en una sola mano. Acá hay que pensar en términos de federalismo, en instancias de consulta con los gobernadores, en un poder más repartido. Creo que son cuestiones que van a ser consideradas. 

¿Debo leer, a partir de esto que dice, que un eje posible de campaña será la búsqueda de contrapesos legislativos, por ejemplo, para balancear esos números?
No, no hablo de contrapesos. Estamos en una sociedad democrática y hay derecho a pensar que, dentro de ese marco y el respeto a los valores, es necesario que haya fuerzas que tengan otras opiniones, con peso necesario para ocupar la representatividad de una sociedad compleja y diversa como la argentina. 

Es muy probable que su candidatura sea la que tenga más para ganar, de cara a octubre; que sea la de mayores posibilidades de crecimiento, en relación con los otros candidatos de la oposición. Ya algunos analistas comenzaron a hablar en esos términos. 
Estamos trabajando para eso. Esta coalición de partidos y movimientos sociales que integran el Frente Amplio Progresista se ha propuesto ocupar un lugar importante. Y lo hacemos a partir de las historias que traen cada uno de los referentes que lo integran, que no son pocos y tienen muchos años transitados. La verdad es que, en cinco semanas de trabajo, haber logrado más de dos millones de votos representa un hecho sumamente auspicioso para el crecimiento de este espacio. 

En ese sentido, ¿cómo evalúa su elección y la del Frente Progresista? La sensación que queda es que fue buena, pero que podría haber estado unos puntos más arriba. 
Sí, pero también podríamos haber estado unos puntos por debajo. Lo importante acá es que se constituyó el Frente y que existe la convicción de que llegó para quedarse. Las reuniones que tuvimos después de la elección fueron todas propositivas, con agenda de trabajo… Esto es muy saludable. Evidentemente, entre ese cincuenta por ciento, había un sector de la sociedad que estaba sin representación y que ahora la tiene. Pero esa representación puede ser más amplia. Y no porque nosotros seamos carilindos, sino porque tenemos propuestas y una gran responsabilidad asumida para dar respuestas a esa expectativa. 

¿Cuáles serían?
Nosotros hacemos eje en la necesidad de “nacionalizar” el gobierno porque la Nación está basada en el federalismo, por mandato constitucional, y hay que poner las cosas a la altura de las circunstancias. Hay que respetar a las provincias y promover acuerdos interprovinciales para generar regiones con lógicas comunes, como parte de un trabajo más amplio para construir una Argentina nueva. Esto que decimos no implica estatizar nada, ni expropiar nada. Queremos que los privados se dediquen a producir, a potenciar toda esa impronta emprendedora que nos viene de nuestros abuelos inmigrantes, y que el Estado se dedique a garantizar salud, educación, vivienda e infraestructura a la gente, en los lugares en que esa gente vive. Si no, vamos a terminar viviendo todos en el conurbano. Y así no se hace una Nación. 

¿Le dejó un sabor amargo que Cristina haya obtenido más votos que usted en Santa Fe? 
Si se suman los votos de las fuerzas que componen el Frente Progresista en Santa Fe, en sus tres versiones, sacamos más votos que Cristina. 

Pero no su candidatura. 
Pero sí nuestras fuerzas, que intendentes, concejales, diputados en el Frente. Sumando todo eso, nosotros sacamos 42 por ciento y Cristina, 37. 

Con tres candidaturas diferentes, entre las cuales estaba la suya. 
Somos un Frente que hace dieciocho años que está constituido y del que nadie se mueve. Tuvimos candidaturas diferentes, históricamente: en algún momento, alguno votó a Roberto Lavagna, otro a Elisa Carrió, pero el Frente se mantuvo y se mantiene en pie. 

En Santa Fe, pero no a nivel nacional. 
Sí, pero todos esos espacios forman parte del Frente Progresista. Por eso no creo que hayamos perdido. 

¿Habrá cambio de estrategia para ampliar ese caudal de votos, para captar también a ese votante?
Vamos a crecer. 

¿De qué manera?
Haciendo todo lo que nos faltó por hacer o que sólo hicimos a medias en las cinco semanas de campaña que tuvimos: reunirnos con la gente, visitar a los empresarios, a las cooperativas, a los trabajadores, a la gente de la cultura. 

La cosecha en términos legislativos podría ser también mayor y eso le daría un impulso importante al Frente. 
Es una posibilidad y una oportunidad. Nuestra intención es que se constituya un interbloque en el Congreso. 

Su aspiración sería, entonces, hacer una buena elección para convertirse en un eventual jefe de la oposición o para disputar ese lugar. ¿Es más o menos así?
El primer paso es consolidar nuestra fuerza. Lo demás se irá dando como producto de eso. Ahora, si queremos democracia para afuera tenemos que construir democracia hacia adentro. Por lo tanto, las expresiones políticas que saldrán de ahí serán de consenso.

Voto urbano, voto rural

Mucho se habló del llamado “voto campo”. Es más, se leyó lo que pasó en Santa Fe como una especie de rechazo concluyente del sector hacia el gobierno nacional. Estas primarias, con estos resultados, obligan a otras lecturas. ¿Cuál es la suya?
El panorama es diferente. Pero no creo que tenga que enfocarse ahí. Si uno mira las elecciones que se han dado hasta aquí, el panorama muestra que han ganado los ejecutivos, ayudados y favorecidos por este momento de bonanza económica que vivimos. Esto es indudable. La excepción fue Catamarca. Fíjese que se han revalidado gestiones de sentidos distintos, lo que muestra que se dieron resultados muy cambiantes. El gobierno de la Ciudad y el de la Nación estuvieron como perros y gatos, en una situación un tanto molesta para el resto del país. Bueno, en el mismo distrito, ganó Mauricio Macri y, al poco tiempo, ganó Cristina. Salvo dos o tres comunas, el resto las ganó todas Cristina, tanto como antes las había ganado el PRO. ¿Qué quiere decir eso? Que hay un electorado que está muy atento y no mira con los ojos con los que uno tradicionalmente mira estas cosas. 
Respecto del “campo”, si es que existe algo homogéneo que pueda llamarse de esa forma, parece claro que cambió, en poco tiempo, aquel rechazo por este respaldo.
Es la economía… (risas) Complételo usted. 
“Es la economía, estúpido”, como decía Bill Clinton.
Aquí hay que analizar también lo que pasó con la soja, al lado de la cual todo lo demás parece superfluo, aunque no lo sea. El precio de la soja pasó, en poco tiempo, de 300 a 500 dólares la tonelada. Este aumento significó nada menos que un incremento de dos puntos del producto bruto. Éstas son las razones por las cuales las retenciones, o la necesidad de bajarlas, hayan dejado de ser un eje de reclamos. La verdad es que el campo vive un momento fenómeno, luego de muchos años de sufrimiento y postergación. Y en este florecimiento económico, la gente del campo pudo licuar sus deudas, invertir en ladrillos, incorporar tecnología, comprar las mejores máquinas y herramientas para trabajar o vehículos para su comodidad. 
Por eso no quiere que cambien las grandes variables de la macroeconomía, a pesar de la crítica. 
Hoy el sector vive un momento realmente importante. Y, por eso, la imagen de la Presidenta no es aquélla de 2008, donde sólo sumaba el quince por ciento a su favor.   
La situación de ese momento también era próspera. Precisamente, el Gobierno intentó modificar los derechos de exportación por el incremento del precio internacional de la soja, que podía impactar negativamente en el resto de la economía. Y, sin embargo, el “campo” le hizo frente. 
Sí, pero no era tan buena como lo es ahora… Si usted dice que ésa era buena, ahora es buenísima.

¿No se ve como jefe de la oposición?
Si hay que ocupar ese lugar, lo ocuparemos. Pero no nos desviven los lugares fijos y predeterminados, porque no es lo importante. Acá hay que tratar de hacer algo para reducir la pobreza y los niveles de inequidad que tiene nuestro país. La Argentina lo que necesita es equilibrio. La base fundamental de la seguridad, por ejemplo, está dada por la construcción que hagamos en términos de igualdad. En la medida en que respetemos el artículo 14 bis de la Constitución y los derechos adquiridos por los ciudadanos vamos a avanzar en sentido positivo. 


A veces, en este tipo de fuerzas como la suya, priman los personalismos, las actitudes mezquinas. Experiencias anteriores, similares a ésta, parecen comprobarlo. ¿De qué manera se hace para evitar eso y consolidar el espacio?
Para eso está la experiencia, como usted dice. No para repetir los errores, sino para aprender de ellos. 

Luego de muchos años de gestión, más que probablemente usted volverá al llano en diciembre próximo. ¿Cómo motorizar el espacio desde ahí, teniendo en cuenta que una fuerza en formación necesita de un liderazgo claro? 
Voy a aportar lo mío, pero desde el lugar que la fuerza considere que más puedo aportar. 

¿Qué sistema político cree que se está gestando? ¿Le deja algunas pistas esta elección?
En la Argentina, hacer ese tipo de predicciones es tan difícil… Mire, si no, el comportamiento tan distinto del elector en una misma provincia o lo diferente que se vota. Gana Mauricio Macri en la Ciudad; Antonio Bonfatti, en Santa Fe; José Manuel de la Sota, en Córdoba, y parecía que el oficialismo perdía peso… Pero pasó el vendaval Cristina y se llevó todo. ¿Entonces?

¿Entonces?
Por eso es tan apasionante la política argentina. Y por eso cuando vas al exterior te preguntan, absortos: “¿Cómo es eso?”. 

¿Cómo se hace oposición, en lo inmediato, luego de un respaldo tan fuerte como el que obtuvo Cristina?
Como hemos hecho siempre. Nuestra historia muestra la honestidad de la fuerza. Desde el lugar que hemos tenido, nunca dejamos de apoyar las medidas o leyes de este Gobierno que consideramos positivas. Y, con aquellas que no estábamos de acuerdo, nos opusimos, pero con propuestas. Nunca ejercimos la oposición por la oposición misma. Siempre fuimos una oposición constructiva. Y lo seguiremos siendo. 

Usted tuvo algunos gestos de diferenciación respecto del resto de la oposición. Por ejemplo, con el caso Zaffaroni o con su reunión con Hugo Moyano en la CGT.
Son gestos que tienen que ver con nuestra concepción de la democracia. Tenemos que salir del callejón de que todo es blanco o negro. Si no pensamos más que en las próximas elecciones, y tenemos puesta la mirada en las próximas generaciones estamos condenados a mirarnos los zapatos, como dice Ricardo Lagos. Hay que levantar la mirada. 

¿Hay posibilidad de hacer acuerdos con otras fuerzas para ampliar los límites de esa base?
Los límites están dados por todo lo que se pueda lograr en base al diálogo y al consenso. Pero las cuestiones programáticas, para nosotros, son clave. 

En la Coalición Cívica hay mucho descontento con el liderazgo de Elisa Carrió. Incluso, algunos hablaron de un posible respaldo a su candidatura, manteniendo sus listas de legisladores. ¿Puede darse algo de eso?
Lo he escuchado, pero lo único que puedo decir al respecto es que nosotros estamos abiertos al diálogo permanentemente.

¿Le sorprendió la elección de Elisa Carrió?
En cierta forma, sí. Pero es una simple opinión. 

 

Tanto Alfonsín como Duhalde pensaban obtener un claro segundo lugar para convocar el voto útil. Nada de eso parece hoy posible, ¿no?
Hablar de voto útil es empequeñecer la política. Si es para salvar una vida, sí. Pero la democracia es otra cosa.

¿Tendría reuniones con ellos para determinar alguna estrategia más o menos conjunta?
Estamos abiertos al diálogo, pero no para intentar acuerdos que son imposibles. La ley es muy clara, en ese sentido. Lo que sí nos preocupa, ligado quizá con nuestra falta de experiencia, es la cuestión del robo de boletas. Hemos recibido una cantidad enorme de denuncias y sabemos que hay un sistema bastante aceitado que trabaja para eso. 

¿De parte de quién? ¿Del oficialismo?
Y de otras fuerzas también. Pasa en muchos lados y se dio en muchas ciudades, lamentablemente. Esto se soluciona teniendo más fiscales. 

¿Se lamenta por el camino separado que tomaron con la UCR, por ejemplo? ¿O lo reivindica?
Reafirmamos nuestra estrategia, sí. Hay que construir algo nuevo, pero no de cualquier manera. Hay tres elementos que para nosotros son decisivos. Por un lado, el programa, que es la argamasa que nos tiene que unir. En segundo lugar, los valores republicanos y progresistas. Y, en tercer lugar, la historia. Quienes participan en el Frente vienen de una rica historia sindical, social, política. Dentro de eso, bienvenidos todos. Hoy todos nos manifestamos progresistas. Nadie dice que es un retrógrado. Ahora, ¿qué significa eso? Hay que darle contenido. 

¿Qué le pareció el discurso de Cristina, luego del triunfo?
Me pareció tranquilo. Correcto.  

http://www.revistadebate.com.ar/2011/08/19/4332.php

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