Mientras tanto, en otro lugar del escenario electoral. La Izquierda. A ver…

Posted on 15 junio 2011

0



Muchos señalan que a la izquierda del Kirchnerismo, está la pared. Es decir, nada. Otros sostienen que a su izquierda está justamente La Izquierda.

Subyace cierta impresión que lo que se llama izquierda o progresismo, está escasamente representado en estas elecciones. Si miramos las diferentes candidaturas vemos que van desde el centro derecha hacia el centro izquierda y esto último me temo que es muy poco izquierda y mucho centro. Pensar que Cristina Kirchner es la izquierda es una falacia.

El Peronismo nunca lo fue y este gobierno no lo es. Tomaron algunas banderas y las utilizaron, pero de izquierda nada. Ahora, la UCR con Alfonsín, Gonzalez Fraga, ex Presidente  del Banco Central durante el menemato, y su alianza con el Colorado Denarvaez son progresistas o de centro izquierda es mas falaz aún. NI hablar de Carrio y su ya conocida defensa del multimedio clarinete, de “los hijos de Noble son nuestros hijos” , ó “Clarin y Nación son la defensa de la Argentina, son la Argentina” o de su apoyo total a la mesa de enlace del agro en el debate de la 125. Que queda, Binner, Juez, Pino Solandas y Stolbizer. Socialistas de nombre y de algunas actitudes pero más cercanos al centro que a la izquierda. Basta ver las veces que se alió al Gobierno y las otras en que con medidas concretas en Santa Fé, estuvo a la derecha de este.

Sin que esto sea erroneo o criticable, creemos que debe existir un alternativa de izquierda real. Esta alternativa puede ser el nuevo bloque formado por algunos partidos de este polo ideológico.

Para señalar esto, es interesante pensar como un sólido intelectual pensante por la izquierda señala los porqué habría que sumarse a ella, los motivos, cirscusntancias, motivaciones, cuidados y demás “Porqueses”.

A continuación, reproducimos la opinión que hemos recibido de Eduardo Grüner, a quien agradecemos sus contribuciones al Blog de Debate del IPS.

Sobre el Frente

por Eduardo Grüner

Estimados amigos / as:

Espero no molestarlos con lo que puede parecer –pero no es- una cuestión personal. Simplemente, me pareció un deber de lealtad ponerlos en conocimiento de que he decidido apoyar con mi firma la conformación del Frente de Izquierda que acaba de presentarse. Como ustedes bien saben, tanto privada como públicamente he sido crítico con lo que frecuentemente consideré sectarismos, esquematismos y rigideces de la izquierda argentina, y así seguirá siendo cada vez que lo considere necesario: apoyar la formación de ese frente (cuyos partidos, aunque fuertemente opositores al gobierno, no se embarcaron con la derecha del “campo” en su momento, como sí lo hicieron el PCR o el MST) no significa en absoluto comprometer una autonomía crítica que intento mantener también respecto del “modelo K”, al cual –como también saben- asimismo apoyé cuando sus medidas me resultaron defendibles, o cuando, equivocado o no, lo creí necesario frente a peligros mayores. Ya no creo más que eso sea necesario, pero este es otro tema, que ahora se haría demasiado largo: me permito señalar, simplemente, que en mi opinión los peligros que alguna vez pudieron haber significado amenazas que dieron en llamarse “destituyentes”, hoy han desaparecido, y eso es para celebrar, entre otras cosas porque nos permite ejercer nuestro derecho a la crítica con menos prevenciones y temores de hacerle el juego a “lo peor”; con la salvedad de algunos sectores ideológicos irracionalmente recalcitrantes –especialmente en el terreno de los DDHH y en ciertos monopolios comunicacionales-, la mayoría de la “oposición” de derecha (política tanto como económica) va advirtiendo rápidamente que bajo este gobierno se pueden hacer grandes negocios, a cambio de algunas concesiones tibiamente “redistributivas” que no afectan en modo alguno las grandes estructuras del poder, y aseguran una “paz social” –por la que la Presidente misma aboga con creciente énfasis- que ninguna otra fuerza política  sería capaz de garantizar: no es solo, aunque sea cierto, que la oposición es torpe, mediocre e inútil; la cuestión central es que es innecesaria , porque el “modelo” vigente, que el gobierno se prepara efectivamente a “profundizar” tras su seguro triunfo en las elecciones, es el de un país burgués “normal”.

Intelectuales apoyan al Frente de Izquierda

En este contexto, pues, considero que la existencia de una izquierda cuya voz (estemos completamente de acuerdo con ella o no, votemos por ella no) pueda ser escuchada por la sociedad, es absolutamente imprescindible para la profundización de la democracia y las causas populares. Muchos que históricamente simpatizamos con los objetivos de una transformación profunda y emancipatoria de nuestra nación como parte de un proyecto latinoamericano y mundial de liberación del despotismo del Capital mundializado, nos hemos sentido repetidamente frustrados por los factores –incluído, cómo no, el sectarismo que señalábamos- que impedían la existencia de un frente de izquierda con esta orientación y obligaba a muchos a apoyar (críticamente o no) a diversas variantes de “centro-izquierda” y “bonapartismo”, de manera que sería inconsecuente y absurdo negarse ahora a saludar su actual formación, que podría abrir una vía alternativa ante el cada vez más borroso dilema entre “K” y el “establishment”. Es verdad que otras veces que se intentó (por ejemplo IU, que de todos modos era algo diferente) terminó en fracaso; y es verdad también que este Frente actual es más el producto de la necesidad ante las nuevas leyes electorales que de una auténtica “superación” y elaboración pública de las diferencias internas. Pero creo que la izquierda merece la oportunidad, especialmente después del lamentable episodio Mariano Ferreyra.

Por otra parte, contar con ese Frente nos da, a los hombres y mujeres que nos reconocemos en una izquierda independiente, una oportunidad de promover una participación activa y amplia orientada a mejorar la calidad de los debates en su seno. Y más allá de esto, en verdad, todo “ciudadano progre” riguroso, sean cuales fueran sus simpatías políticas actuales, debería estar a favor de que exista una izquierda diferenciada del gobierno, en primer lugar para evitar que todas las críticas (cada vez más merecidas, convendrán conmigo) provengan de la abyecta y brutal derecha gorila que hemos sabido conseguir, lo cual ha forzado a muchos luchadores honestos de distintos sectores sociales –incluso al interior del espacio “K” en sentido elástico- a acantonarse unilateralmente del lado del gobierno y auto-reprimir sus propias críticas. Es necesario abrir el espacio de lo político, complejizarlo, generar pensamientos y prácticas menos “únicos”. Facilitar que la izquierda exista, y bregar para que tenga una base más numerosa que ponga en discusión franca sus objetivos y sus métodos, es una actitud de democracia elemental que, en mi opinión, no puede ser negada. Si es un nuevo fracaso seré el primero en señalarlo en voz alta (aunque no creo que le importe a muchos).

Pero no podemos partir de la base de que no tienen derecho a la existencia, y menos aún cuando los nuevos reglamentos electorales son injustamente restrictivos, y su orientación objetiva hacia el “bipartidismo” perjudica muy especialmente a las fuerzas de izquierda. Muchos podrán decir que el pueblo argentino ha demostrado largamente que no se identifica con sus propuestas, y que en buena medida eso es culpa de la propia izquierda. Puede ser, no lo vamos a discutir ahora -es un tema inmenso que merecería un debate especial, y sin duda es una de las grandes deudas de la izquierda llevar a cabo a fondo ese debate: sería mucho mejor que lo hiciera con la mayor cantidad posible de nosotros-. Pero eso no quita que las propuestas de transformación radical de lo existente deben seguir presentes, así como deberían seguir presentes las luchas efectivas que –con todos los errores del caso, que nadie pretende desconocer- la izquierda viene llevando adelante, y muchas de las cuales –tampoco eso se puede desconocer- contribuyeron, con enormes sacrificios, incluso a que el propio gobierno tuviera que tomar medidas que en verdad, justamente desde su autoproclamada posición “nacional y popular”, siempre debió asumir (otra vez el asunto Ferreyra y los “tercerizados” viene a colación, entre otros ejemplos).

Finalmente, todo puede cambiar: también la situación, la izquierda y eventualmente, el pueblo argentino. Pero aunque así no fuese, no sería correcto contribuir por omisión a impedir aquella presencia. El recordado Nicolás Casullo solía insistir (para lamentarlo, si yo lo entendí bien) en que el imaginario revolucionario había desaparecido, y él se hacía cargo de ese duro hecho. Yo también trato de hacerme cargo. Sólo que también trato de no ceder en ese deseo imaginario (como diría algún amigo lacaniano), aunque lo pensara imposible –todavía no lo pienso, aunque sí pienso que una de las grandes deudas de la izquierda es una discusión a fondo de qué significa hoy el concepto de revolución -, o al menos tan a largo plazo que excederá mi ciclo vital: “pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad”, para reiterar la canónica frase de Gramsci. Tener lo que aparece “imposible” como medida, en el peor de los casos, puede ser un excelente criterio correctivo para “lo que hay”; y en el mejor, puede ser una apuesta y un incentivo para reconstruir ese imaginario, con todas las complejidades y “actualizaciones” que sean necesarias y ensayando corregir los errores del pasado, algo que solamente la participación masiva puede lograr: como ha dicho alguien, cuando malintencionadamente se le atribuye a Maquiavelo la canónica frase sobre la política como “arte de lo posible”, se suele olvidar que el “arte” es también, y sobre todo, la creación de lo posible, de lo todavía no existente.

Bien, temo que me excedí un poco, pero me era necesario. Les agradezco la paciencia, y les envío un fraternal abrazo a todos / as,

Eduardo Grüner

http://www.ips.org.ar/?p=1984

Posted in: General