Julio Godio – Una vida dedicada al mundo obrero

Posted on 23 mayo 2011

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Julio Godio murió el viernes pasado, a los 72 años. Sociólogo, filósofo, analista político, historiador del movimiento obrero, fue uno de los mayores conocedores del mundo sindical argentino y latinoamericano. Trabajó en la Organización Internacional del Trabajo (OIT) de las Naciones Unidas y, en la actualidad, asesoraba al Ministerio de Trabajo nacional. “Era un hombre absolutamente íntegro, y siguió trabajando casi hasta los últimos días”, contó Carlos Godio, su hermano.

Godio había nacido en 1939, en La Plata, en el seno de una familia de socialistas españoles. Estudió filosofía, sociología y economía en la universidad de esa ciudad. Siguió la tradición familiar y empezó a militar tempranamente. En su primera juventud pasó por un abanico de partidos: la UCR de Sergio Karakachoff, que sería asesinado por la dictadura en 1976, el socialismo –en el sector que acompañó la candidatura de Arturo Frondizi–, el anarquismo y el comunismo. Antes de cumplir los 20 lo habían elegido presidente de la Federación Universitaria de La Plata. Sus amigos Karakachoff y Osvaldo Papaleo le pusieron “Nikita”, parodiando a Kruschev, el secretario general del PC soviético.

Aunque dedicaría sus mejores años a la investigación y la escritura, Julio Godio fue también futbolista. En el año ’60 jugaba como wing derecho y llegó desde las inferiores a la Primera División de Estudiantes de La Plata. El problema fue que muchos de los que lo conocían de la universidad lo iban a ver a la cancha: le gritaban desde la tribuna “¡Dale, Nikita!” y los agentes de inteligencia de entonces, que lo tenían fichado, le exigieron al club que lo echara, porque no podía tener a un comunista. Y así fue, duró apenas tres partidos.

En los ’70 debió exiliarse. Perseguido por la Triple A, en el ’74, luego de que las fuerzas represivas mataran a cinco de sus compañeros –a él también fueron a buscarlo, pero no lo encontraron– y tiraran los cuerpos en Punta Lara, Godio debió dejar el país. Su exilio comenzó en Maracaibo, Venezuela, país donde vivió diez años. Ya en el ’84 inició su retorno a la Argentina, proceso que duró unos diez años más, mientras mantenía sus funciones en la OIT como responsable de las federaciones de los trabajadores en América latina.

“Fue una decisión de vida volver –dijo su hermano Carlos a Página/12–. De a poco fue trasladando su gran biblioteca, que tuvo que reconstruir en el exterior, porque la que tenía había sido sustraída por la dictadura.” Se instaló en su casa de Buenos Aires, pero seguía viajando por trabajo y permanecía largos períodos en el extranjero. Su último destino, en 1995, fue Santiago, Chile, donde representaba a las Naciones Unidas en la OIT, cosa que había hecho ya en Venezuela y en Perú.

En febrero pasado, la editorial Capital Intelectual publicó su último libro, El futuro de una ilusión, “un testamento, una conclusión de todas sus ideas”, en palabras de Carlos Godio. “Julio fue un profundo conocedor del movimiento sindical argentino, y era muy respetado por el mundo obrero, al que le dedicó su vida. La semana trágica, su primer libro, fue un hito porque tenía una nueva visión, un enfoque que hablaba de una renovación en el pensamiento social de nuestro país. Después vinieron La caída de Perón y otros libros que integran su historia del movimiento obrero”, completó.

Godio fue investigador de las universidades de Glasgow (Escocia), Del Zulia y Central (Venezuela) y, en la Argentina, la UBA, La Plata y Comahue. En los últimos años se desempeñaba como director del Instituto del Mundo del Trabajo. Entre sus obras más recordadas figura la monumental Historia del Movimiento Obrero Argentino, que abarca desde 1878 al año 2000 y fue editada en cinco tomos. Julio Godio tenía cáncer de pulmón, había sufrido un ACV y el viernes falleció víctima de un paro  cardiorrespiratorio no traumático.

“Hay que dar un debate de fondo”

Julio Godio es uno de los principales referentes en temas sindicales del país. En diálogo con Página/12, el sociólogo, actual asesor del ministro de Trabajo, Carlos Tomada, le apunta al fenómeno de la terciarización laboral que desató el conflicto ferroviario y pide que la muerte del militante Mariano Ferreyra dispare “un debate político-sindical de fondo”. “El asesinato es preocupante, pero no se va a resolver con ninguna ley sino con la participación política de la sociedad”, asegura.

–¿Cómo evalúa los sucesos que terminaron con la muerte de Ferreyra?

–Es un hecho grave porque constituye un retorno a las viejas prácticas de violencia intersindical. No olvidemos que se originó a partir de un conflicto entre la Unión Ferroviaria y trabajadores externalizados, precarios, que trabajaban en la línea Roca, apoyados activamente por el Partido Obrero. Lo que pasó debe preocuparnos seriamente, no tanto porque sea ya un hecho emblemático y definitorio de cosas que van a pasar dentro del movimiento obrero argentino sino porque es otro elemento más que se agrega al clima político de los últimos dos años.

–¿Cómo es este clima?

–Estamos viviendo una suerte de guerra de posiciones entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo, en un momento en el que no se avizora con claridad cuál puede ser el resultado de las elecciones del año próximo. Por eso la preocupación de que se recurra a este tipo de métodos violentos para resolver conflictos, tal como están planteados en el interior de los sindicatos. Más allá de la congoja que uno puede tener por un joven que muere –otro joven más, de apenas 23 años–, esto debe llamar a una reflexión sobre la vida sindical y política del país.

–El principal reclamo de los militantes agredidos tiene que ver con la terciarización, un fenómeno bastante extendido.

–El fenómeno de externalización de procesos productivos no es nuevo en la historia de la economía mundial. Por eso hay que agarrar el toro por las astas y lograr que estos trabajadores queden protegidos colectivamente mediante una representación en el sindicato de rama, que me parece la solución correcta para los trabajadores del Ferrocarril Roca. Hay que eliminar estas formas de externalización trucha que se hacen sólo para violar los derechos sindicales y laborales.

–Otra de las facetas del conflicto tiene que ver con los pedidos de mayor democracia sindical.

–Hay que separar los reclamos que puede tener la CTA con este conflicto. El tema de fondo es que los trabajadores terciarizados tienen que estar en el sindicato, en condiciones de igualdad con sus compañeros. Cualquier consigna que vaya contra estos principios de defensa de las uniones y federaciones, como la idea de crear sindicatos paralelos, está destinado a fracasar: la mayoría de los trabajadores quiere tener un solo sindicato por rama. Lo demás me parece inviable.

–¿Por qué?

–Porque debilita los intereses de los trabajadores, que deben estar unidos para combatir al capital. Por más que algunos puedan gritar “abajo la burocracia sindical”, una estupidez total que sólo sirve a pequeños grupos de izquierda.

–¿Entonces no hay lugar para impulsar procesos más democráticos?

–Sí, es posible plantear, por ejemplo, una reforma de la Ley de Asociaciones Sindicales. Tenemos que dar un debate político-sindical más de fondo.

–¿Cómo se desarrollan los vínculos entre las burocracias sindicales y los barrabravas u otras fuerzas de choque?

–Como fenómeno lleva un tiempo e incluye no sólo a los sindicatos sino también a los partidos políticos. Más aún: no nos asustemos si aparecen algunas empresas vinculadas a estas barras, tratando de hacer reinar la violencia en la política a costa de la democracia. El asesinato de Ferreyra es preocupante, pero no se va a resolver con ninguna ley sino con la participación política de la sociedad para lograr separar la práctica deportiva de la práctica mafiosa.

–Algunos aseguran que al Gobierno le cabe cierta responsabilidad por haber sido “cómplice” de dirigentes sindicales como el titular de la Unión Ferroviaria.

¿Qué piensa de esta lectura?

–Es un argumento que viene de la oposición, una simple provocación. Cualquiera que mire la historia del país de 2003 en adelante sabe que las negociaciones que permitieron recuperar los niveles de empleo y de salario se hicieron con participación de las organizaciones empresarias y con los sindicatos afiliados a la CGT, además de algunos miembros de la CTA. Tratar de achacarle la responsabilidad del hecho a un gobierno que no ha reprimido me parece una provocación que forma parte de un clima de enrarecimiento de la vida política argentina, alimentado por sectores de oposición que no tienen ninguna perspectiva de poder gobernar el país de forma democrática. Estamos yendo hacia un cono de sombras, algo que después de todo el esfuerzo que se hizo para salir de la dictadura no se puede permitir. ¿Vamos a volver al clima de los setenta? Sabemos ya a dónde nos llevó el no poder darnos el tiempo para decir: “Paremos un poco y veamos los problemas políticos de fondo”. Esto, me parece, se está dando con la idea clara de asustar a la clase media.

–Pero las fuerzas de choque existen. ¿Cuál es la solución?

–Me parece de vital importancia dilucidar quiénes han sido los ejecutores del hecho y quiénes sus autores intelectuales. En cuanto al debate más amplio, resulta crucial evitar las soluciones mágicas. Se puede comenzar estableciendo fuertes compromisos políticos con los clubes de fútbol, bajo la idea de que si el clima se sigue enrareciendo ellos también la van a pasar feo. El asunto debe ser tomado con mucha serenidad.

Entrevista: Federico Poore.

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