“¿Y si ella se baja? Y si no se baja”

Posted on 16 mayo 2011

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la derecha apoya su sentir de ofensa a las instituciones en el discurso confrontador de que hace gala el kirchnerismo, pero cuando esa verba agresiva o provocadora es aplicada a caciques gremiales se la saluda calurosamente. ¿En qué quedamos?

Hasta mitad de la semana pasada fue una cosa y después otra, pero el marco es exactamente el mismo.


Lo que dijo la Presidenta en José C. Paz son muchas cosas a la vez que también se describen en orden ocioso, para que cada quien las ubique como mejor le plazca. Primero, eso sí, no me jodan. O no me jodan lo imperioso de que se entienda que conmigo no se jode. Se necesita garantizar el triunfo conquistando sectores medios refractarios a la imagen del sindicalismo. Se requiere igualmente no detenerse en nombres propios, para que el sayo se lo pongan o le sea adjudicado a Moyano, a los petroleros de Santa Cruz, o a cualquiera de los ovnis que enquilomban porque sí para regalarle a la derecha el discurso del que carecería si no es por eso.

Sí una mención específica a Aerolíneas Argentinas, dirigida a los indescifrables gremios aeronáuticos. Si cabe un rol de cercada o agobiada por “los compañeros”, lo hago, pero tampoco se crean que no digo la verdad cuando subrayo que no me muero por seguir. Y es certero que algunos muchos confunden el interés de sector con la necesidad de clase. Cebados de las filas de Venegas, Barrionuevo & Cía., a quienes el único fin que les queda en la vida pública es hacer bardo, y cebados del cegetismo, que opera zancadillas para conseguir lugar en las listas electorales. Por eso digo, dijo esa mujer, que ni explotación ni extorsión. Una semántica políticamente brillante. No me jodan, ojo que la única jefa soy yo y ojo que todavía no decidí si continúo.

Listo. Un par de frases, con el carisma que tiene y con esa construcción sintáctica impecable, a salvo incluso de emociones de tribuna, para que todos corran atrás de ella. Para que se especule, se denueste, se elogie, atrás de ella. Un primer apunte tiene rasgos de antítesis graciosa: la derecha apoya su sentir de ofensa a las instituciones en el discurso confrontador de que hace gala el kirchnerismo, pero cuando esa verba agresiva o provocadora es aplicada a caciques gremiales se la saluda calurosamente. ¿En qué quedamos? ¿La ofuscación viola a la República si es contra las corporaciones empresariales, pero está bárbara si topetea a los sindicalistas? Una chicana, nada más. Lo central es que los dichos presidenciales monopolizaron la atención de inmediato pero, y ahí el centro de la cuestión, no en primer lugar por ser presidenciales –que también, está claro– sino porque lo único que pasa… pasa en el oficialismo. Ya prácticamente las cosas quedaron reducidas a lo que se mueve en esa parcela totalizadora. Cómo navegar en las contradicciones de que la CGT fue y es ineludible para garantizar cierto piso de paz social, y a la vez mostrarle los dientes porque es piantavotos de clase media. De qué modo sacar el mejor cálculo para resolver la candidatura de Capital. Qué conviene a la hora de elegir al vice nacional: ¿alguien que dé imagen de sucesión confiable a largo plazo, o alguien que ante todo sea potente en la coyuntura? ¿O habrá alguien que cumpla con ambos requisitos? ¿Y si ella se baja? Y si no se baja, ¿quiénes suenan o convienen para su gabinete, para tomar cuáles medidas que ratificarán o corregirán el rumbo, en todo o en una parte o en ninguna?

Si se mira bien, piensa el firmante, sólo ocurrió y ocurre que si la oposición no existe hay que crearla de alguna manera u operar en ese sentido. No porque sin oposición no se pueda gobernar. De hecho, no la hay y se gobierna sin mayores sobresaltos. Es que sin oposición no se puede contrastar, y sin contraste no hay mística. Y sin mística no hay gobierno que valga la pena.

Por Eduardo Aliverti

http://bit.ly/isBnwN

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