Entrevista a Ricardo Alfonsín, a ver…

Posted on 19 abril 2011

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Ricardo Alfonsín, en la entrevista de Jorge Fontevecchia.

Ricardo Alfonsín: “Nada es fácil en la vida y mucho menos en política”

El candidato oficial de la UCR se siente más cerca de llegar a la Casa Rosada e imagina un ballottage entre Cristina y la oposición unificada

—Primero lo primero: ¿descuenta que Cristina Kirchner sea la candidata del Frente para la Victoria o cree que ella prefiere que otro candidato la represente?

—Posibilidades de eso existen. Probabilidades, creo que no. No hay nada que nos pueda hacer suponer que dejaría de ser la candidata.

—¿La cancelación del viaje a México y la prescripción de dos días de reposo no lo hicieron dudar?

—No. Son cosas que le pueden pasar a cualquiera de su edad, aunque no es demasiado cortés que diga esto de una mujer. Una actividad tan intensa como la que supone el ejercicio de la presidencia puede provocar este tipo de problemas, que son menores, según he leído.

—Usted vio el desgaste que enfrentó su padre siendo presidente, ¿habría resistido su salud dos períodos consecutivos con el nivel de responsabilidad con el que él asumía esa función?

—Se resiente la salud con el ejercicio del poder, pero eso no significa que impida que se siga ejerciendo la tarea que hay que ejercer. A la larga, el estrés, las preocupaciones, las responsabilidades se hacen sentir en el cuerpo y en la cabeza.

El candidato de la UCR, junto a su esposa, Cecilia Plorutti.

—¿Cambiaría algo su esquema de alianzas en la estrategia electoral si Cristina Kirchner no se presentara?

—No, porque me parece que hay una manera de conseguir el poder, una visión de país, una manera de relacionarse con las distintas fuerzas políticas, con las instituciones, que es compartida por la mayoría de los hombres que integran este gobierno y que podrían sucederla.

—¿Otro candidato kirchnerista tendría la misma impronta?

—Sí, porque si no, se generarían muchos problemas dentro del FpV.

—El candidato con más posibilidades era Scioli, y desde hace dos meses, desde el ala más extrema del kirchnerismo se dedicaron a reducir su visibilidad y a enfrentarlo. ¿Sería posible que esa ala más de izquierda, al ver la sola posibilidad de que Cristina pudiera titubear, se haya dedicado a romper los puentes con el único candidato que podría hoy tener chances de triunfo?

—La posibilidad de que Scioli fuera candidato existía antes de la muerte de Néstor Kirchner. Ahí empiezan a aparecer algunos problemas en ese sentido, y luego de la recuperación que experimentó el Gobierno como consecuencia de la muerte de Néstor Kirchner, se afirmó la posibilidad de que Cristina sea la candidata, y creo que no hay demasiados que quieran competir con ella.

—Si la Presidenta viera que las posibilidades de ganar en primera vuelta no estuvieran aseguradas, ¿igual sería candidata?

—Intimamente, más allá de que nunca lo diga, considera la posibilidad de perder en la segunda vuelta. Por eso creo, además, que va a ser Cristina la candidata, porque piensan que ella es como un cerco para algún electorado. Si fuera otro el candidato, podría fracturarse o haber problemas en el FpV y perder votos.

—¿Se arriesgará a perder en segunda vuelta, entonces?

—Ella no querría perder, va a jugar a ganar. Y piensa que la mejor posicionada para ganar es ella.

—¿No cree que en segunda vuelta le será muy dificil ganar?

—Eso no lo pensará ella. Yo creo que sí, que pierde. Incluso creo que podemos estar muy cerca. Y si no ganamos en primera, ir a segunda vuelta y ganar por más diferencia.

Alfonsín se enfrentará en agosto contra Cobos y Sanz en las primarias generales del partido.—¿Qué opina de Capitanich, uno de los más mencionados como preferidos del kirchnerismo?

—Lo que puedo decir es que, como el resto de los gobernantes, no ha defendido los intereses de los ciudadanos de su provincia, porque quitarle recursos a la provincia es restarle posibilidades de hacer cosas importantes que tienen que ver con necesidades básicas insatisfechas de esa provincia. Eso ya me parece que es un déficit en un gobernante.

—El kirchnerismo nos ha sorprendido continuamente con acciones llamativas, espectaculares. Comenzando con que nadie suponía que Néstor Kirchner no iba a presentarse a la elección e iba a colocar a su esposa. ¿No cree que puedan volver a sorprender?

—Puede ser, está dentro de las posibilidades, pero no dentro de las probabilidades. Tal vez nos sorprendan con un candidato diferente, con alianzas diferentes, como la de Catamarca, con Saadi, que nadie imaginaba hasta que se produjo. Pero me parece que especular acerca de que el FpV tenga un candidato distinto que Cristina es forzar demasiado los elementos que tenemos en la realidad.

—¿Le hizo el kirchnerismo a Urtubey las mismas trampas que a Scioli, y eso motivó su frialdad con el oficialismo a la hora del triunfo?

—No sé qué pasó entre Urtubey y el partido de gobierno. No estoy en condiciones de decir si hay una buena o mala relación, si hubo algún conflicto y ese conflicto en todo caso justifica, o nos pueda hacer presumir, que le hayan hecho alguna cosa que no corresponde desde el punto de vista de la disciplina de partido en la provincia.

—¿Una característica del kirchnerismo ante cualquier persona que se destaca dentro de su propio campo político es rápidamente reducirle su visibilidad?

—Eso sería una razón más para entender que el candidato no podría ser otro que Cristina. La posibilidad de que algún dirigente o sector del Peronismo Federal pueda hacer alguna alianza con nosotros la vamos a decidir el radicalismo, el socialismo y el GEN, con quienes estamos trabajando en una alianza que aspira a ampliarse.

—¿Sectores más duros del cristinismo dinamitan figuras para que no quede más candidato que la Presidenta?

—Es una interpretación que se puede hacer. Yo creo que ella quiere ser, y si no lo fuera se podrían generar algunos problemas dentro del FpV. Y no van a poner en riesgo la posibilidad de continuar ejerciendo el poder. Además, no creo que ninguno se atreva a disputar la candidatura de Cristina. No es que no quieran, no se atreven si Cristina previamente no dice que está dispuesta a dar el paso al costado.

"Nada es fácil en la vida y mucho menos en política", remarcó.—Partidarios de Sanz lo acusan a usted de estar recibiendo ayuda del oficialismo en su lucha interna del radicalismo. Más allá de que usted lo niegue, ¿cuál podría ser la lógica? ¿En qué se beneficiaría el oficialismo con su triunfo en la interna?

—En nada. Es más, estoy seguro de que están preocupados por el hecho de que yo pueda ser el candidato. No solamente tengo información indirecta, sino que me llega directamente de algunos dirigentes vinculados muy estrechamente con el Gobierno. Además, Ernesto nunca dijo eso, por lo menos también lo escuché por televisión negar esa posibilidad en dos o tres oportunidades.

—Sí su gente.

—Se puede atribuir una cosa así a alguien que actúa con mucha mala fe. Yo soy un hombre de partido, una persona seria. Creo que apeló a un recurso ilegítimo, políticamente inescrupuloso. Ni siquiera quien lo dice lo cree.

—¿Cuál podría ser el beneficio para el Gobierno?

—El Gobierno quiere adueñarse de la transformación, el cambio, la mirada progresista, y mi eventual candidatura le complica la titularidad en exclusiva de ese paso. Pero es una barbaridad que digan una cosa así. Habla muy mal del que lo dijo porque, además, no lo dijo con nombre y apellido. Me gustaría que no se tratara de trascendidos, que es una de las formas más cobardes del anonimato, y que se hiciera responsable la persona que dice eso para que sepamos quién es quién en mi partido.

Para Alfonsín, "no hay nada que nos pueda hacer suponer que (CFK) dejaría de ser la candidata" para las próximas elecciones presidenciales.—Se especula que el 25 de mayo se podría anunciar la candidatura de Cristina Kirchner, después de que el 21 se cierre la inscripción de candidaturas en la Ciudad de Buenos Aires, que obligaría a Macri y a Pino Solanas a definir las alianzas a nivel nacional. ¿Será en mayo o van a posponer más el anuncio?

—Si les conviene hacerlo antes, lo harán antes; si les conviene hacerlo después, lo harán después. Y si les conviene, incluso, burlar el espíritu de la ley, lo harán; no tengo ninguna duda.

—¿Le convendría seguir con el misterio?

—Tal vez sí porque por ahí piensan que el misterio les otorga alguna ventaja, que la duda la expone menos, que podrían postergar los tiempos de campaña y ella seguir actuando como presidenta, que es una forma encubierta de hacer campaña. No sé cuáles son las consideraciones que pueden hacer para llegar a la conclusión de qué es lo que más les conviene, y van a hacer lo que más les conviene.

—¿Cree que tanto Macri como Pino Solanas van a ir como candidatos a presidente?

—Sí. Nunca le pedí a Pino (que fuera a la Ciudad), eso salió en algún medio. En primer lugar, por una cuestión de respeto, no le puedo pedir yo, y menos a través de un medio de comunicación, a alguien que no pertenece a mi partido que vaya a disputar algo que no quiere disputar. En segundo lugar, desde un punto de vista pragmático, tampoco me convendría hacerlo. Solamente un tonto, si quiere que Pino vaya a la Capital, podría pedírselo a través de los medios. Y yo no soy Einstein, pero tampoco soy tonto. Tienen una discusión dentro de Proyecto Sur, pero creo que va a terminar yendo al orden nacional.

—Y lo mismo cree de Macri.

—Más allá de todo lo que dicen, por lo menos lo que quiere es ir al orden nacional. No sé si está demasiado cómodo en la Capital Federal.

—¿Que Macri esté proponiendo diferentes formas de acuerdo de la oposición, lo interpreta como un signo de que observa que su frente con el Peronismo Federal ya no le resulta suficiente?

—Lo que ha propuesto, explícitamente, es conversar para acordar políticas de Estado. Si detrás de esto existe la intención, no sólo de Macri, sino de otros, de conformar una suerte de megaalianza que reúna a todos porque piensan que de esa manera sería más fácil ganar la elección, no entienden demasiado de política. Esa sería la mejor manera de allanar el camino al triunfo del oficialismo.


—Si la Presidenta se presentara para su reelección, ¿cuál de las dos alternativas que harían que el oficialismo no triunfe en primera vuelta es mejor? ¿Que haya un candidato unificado de toda la oposición para que ella no alcance más de 10% de diferencia con el segundo? ¿O dos o tres candidatos fuertes para que el oficialismo no alcance el 45%?

—Obviamente, si hubiera un solo candidato de la oposición. Pero si pretendemos conseguirlo reuniendo a quienes piensan diferente, nos vamos a equivocar. Dos más dos puede llegar a ser dos y no cuatro, y le facilitaríamos el triunfo al kirchnerismo. Hay una proporción mayoritaria del electorado que desea cambiar, pero tiene miedo al cambio. Hoy estamos haciendo las cosas de manera tal que prevalezca el miedo sobre la esperanza, sobre la ilusión de cambio. Una de las cosas que generan miedo es que se puedan reunir en una misma fuerza política quienes piensan de manera diferente. Cuando la sociedad entiende que se juntan con el solo propósito de ganar una elección, pero que las contradicciones se manifiestan después complicando la gobernabilidad, no vota porque todavía tiene miedo al cambio.

—Un solo candidato opositor tendría más posibilidades si fuera un candidato coherente.

—Si se bajaran todos y quedara yo, claro que tengo más chances. Ahora, si todos los partidos de la oposición pretendiéramos hacer como si entre nosotros no existieran diferencias y consagrar un solo candidato, eso no daría el mismo resultado. Es muy difícil explicar por qué partidos que piensan igual compiten entre sí en una elección general; hay que entrar en explicaciones de orden subalterno, digamos. Pero es más difícil explicar por qué los que piensan distinto se juntan en una elección.

—Esa lógica es para la segunda vuelta.

—Es natural porque en ese caso es el electorado el que decide. Aunque los partidos que no entren en la segunda vuelta ordenaran algo distinto, si estamos nosotros en la segunda vuelta estoy seguro de que el electorado nos acompañaría.

—Un día después del cierre de las candidaturas en la Capital Federal, el socialismo decide su interna entre el candidato que apoya Binner y Giustiniani, a quien las encuestas asignan más posibilidad de triunfo. ¿Una derrota del sector de Binner dentro del socialismo afecta su eventual candidatura a presidente o vice?

—Creo que no porque no es él el candidato. Si fuera él el candidato, todos, no solamente los socialistas, los radicales también, se encolumnarían detrás de la candidatura de Binner, y esto lo sabe todo el mundo. De manera que no creo que eso pueda afectar el aporte que puede hacer el socialismo a una fórmula nacional.

—El mismo Giustiniani dijo que Binner tendría que ser candidato a nivel nacional.

—Coincido con Rubén en cuanto a que a Binner no le afectaría esta chance. No quiero decir que se ha hecho alguna especulación acerca de que me tendría que acompañar a mí como vice. Cada partido aspira a poner el primer término de la fórmula.

—¿Le asigna posibilidades a que el triunfo del candidato de Binner potencie más su imagen y que en lugar de participar en una interna con el radicalismo en agosto pueda llegar directamente a establecer una alianza con Proyecto Sur?

—No creo que eso tenga ninguna posibilidad, más allá del esfuerzo que hacen. Nosotros somos aliados naturales privilegiados.

—¿Cómo ve Córdoba? Quien hoy marcha primero en las encuestas para ser el próximo gobernador, Luis Juez, se quedaría sin su candidato a presidente si Pino orienta su candidatura a la Ciudad. Al mismo tiempo, el candidato del radicalismo, Oscar Aguad, es el que está tercero después de De la Sota.

—Primero, no creo demasiado en las encuestas porque las encarga el partido que va a competir. Mucho menos creo cuando las publican. En segundo lugar, como recién se consagró su candidatura, Oscar no ha desarrollado la tarea que tiene que ensayar el partido: ir encolumnando a todos los hombres detrás de su candidatura. Y a veces los votos, cuando se elige un gobernador, se definen en función de criterios muy distintos que cuando se elige presidente.

—¿No sería esencial para el radicalismo sumar también a Proyecto Sur?

—Sí. Sería bueno sumar a todos aquellos con los cuales pudiéramos tener una coincidencia programática por lo menos respecto de los futuros cuatro años, porque todo no se va a poder hacer. Pero Pino es muy injusto, y creo que sabe que es injusto, pero por sobre la justicia pesa la razón electoral. Eso lo lleva a decir cosas del partido que son injustas.

—¿Estaría dispuesto el radicalismo a apoyar la candidatura de Pino en la Ciudad de Buenos Aires si se llegase a un acuerdo programático?

—Eso lo tiene que decidir el comité de la UCR. Creo que hay que construir una fuerza progresista que impida una polarización entre el PRO y el FpV. Por supuesto que dentro de ese esquema, si pudiéramos avanzar, lo definirá el comité.

—¿Pero sus delegados votarían afirmativamente?

—Depende de las condiciones, y depende también de los programas porque hasta ahora conocemos muchas cuestiones que nos han dicho a nivel nacional, pero no conocemos mucho respecto de la Capital.

—¿Le gustaría llegar a un acuerdo?

—Con Proyecto Sur creo que deberíamos trabajar juntos para evitar una polarización. No sé si sería Pino, porque Pino no ha decidido bajar a la Capital. Me parece que se podría intentar. Acá mencionamos nombres porque los partidos no son muy conocidos. Si dice Proyecto Sur, por ahí el dirigente es más conocido que el partido. A propósito de eso, siempre me hacen decir “el límite” (N de R: por Macri), y la palabra límite no forma parte de mi vocabulario, utilizo otra. En segundo lugar, nunca personalizo. Los periodistas lo traducen así, no por mala fe, pero me parece de muy mal gusto.

—¿Cómo sería?

—Digamos PRO, Proyecto Sur.

—Y en el caso de límite, ¿la palabra correcta cuál sería?

—Que no tenemos coincidencias programáticas. Si yo me pongo a pensar acerca de lo que ha representado y representa el PRO, llego a la conclusión de que tenemos mucha distancia. Más allá de lo republicano, de recuperar una buena relación entre los distintos actores políticos, de lo que podamos compartir la gravedad que tiene el destrato constitucional que se ha sufrido durante estos últimos años… Gobernar es más que eso. Gobernar es decidir si YPF debería estar en el Estado o no; nosotros en la década del noventa dijimos que no y ellos decían que sí. Gobernar es decidir si el sistema de reparto debe seguir vigente o debe privatizarse; ellos dijeron que debía privatizarse y nosotros decimos que debe estar en manos del Estado. Mauricio sigue diciendo que el presidente más importante en la Argentina de los últimos treinta años, o algo así, fue Menem. Esto revela mucho más que una valoración acerca de la década del noventa. Revela una visión de país y una manera de concebir la política. Una idea acerca de lo que debe hacerse desde los gobiernos. No he visto que hayan tenido un cambio en ese sentido, como han cambiado los kirchneristas, que, en realidad, acompañaron toda la década del noventa.

—¿El PRO va a un ballottage en la Capital?

—Sí.

—Situación compleja para el PRO, porque al tener Proyecto Sur, el radicalismo y el kirchnerismo esa mirada crítica respecto de los noventa y Macri no, van a ir todos al ballottage tras quien sea el segundo más votado.

—Puede ser que el electorado se una detrás del Proyecto Sur si tuviera la segunda vuelta. Yo sé que es difícil que estemos nosotros porque el epicentro de la crisis de la Unión Cívica Radical estuvo en el Gran Buenos Aires, en Capital Federal.


—Evitar la polarización sería lograr que, en lugar de Filmus, pase a segunda vuelta Pino.

—Y el socialismo, y el GEN…

—Y Proyecto Sur.

—Y Proyecto Sur, y algunas fuerzas políticas que podrían sumarse.

—Para lo cual Pino sería un gran candidato.

—Eso lo dicen las encuestas, no es que lo diga yo ni que lo pida. Porque después me dice que yo le pido a Pino. Yo no hago ninguna cosa que pueda ser interpretada como una desconsideración. No se la merece Pino, a pesar de que él es desconsiderado con nosotros.

—Imaginemos que el radicalismo, junto con el socialismo, gana Santa Fe. Imaginemos que logra entrar en la segunda vuelta en la Ciudad de Buenos Aires. Y que en Córdoba no le fuera mal. ¿Cómo se resuelve la provincia de Buenos Aires? ¿Cómo se logra obtener un resultado satisfactorio en un lugar que concentra el 40% de los votos nacionales?

—Es, probablemente, el mayor desafío que tenemos. Margarita Stolbizer tiene un nivel de aceptación importante, y si nos pusiéramos a hacer campaña con ella podríamos mejorar muchísimo esos niveles de aceptación y de intención de voto que tiene hoy. Y por otro lado, creo que mi propia candidatura no está mal en la provincia de Buenos Aires, y puede tener un efecto arrastre. Sumando el aporte de Margarita más el nuestro, creo que podríamos ganar en la provincia de Buenos Aires.

—¿Con Margarita?

—Con Margarita como candidata. Me permito decirlo porque ya se ha hablado. Pero todo lo tenemos que decidir entre nosotros.

—Sí “el límite” es el PRO, ¿con De Narváez sí podrían coincidir programáticamente?

—La política de alianza en la provincia de Buenos Aires, y en el país, va a ser discutida y definida por el GEN, el socialismo, el radicalismo, el Encuentro Popular y un partido Demócrata Progresista que también tiene una apreciación, sobre todo en la cuarta sección electoral, porque estamos trabajando juntos. Si se diera ese debate, si algún dirigente del Peronismo Federal, o del peronismo disidente, como quiera llamarlo, tuviera más coincidencia programática con nosotros y estuviera dispuesto a sumar, entre nosotros lo vamos a resolver. De hecho, Margarita Stolbizer ya tuvo conversaciones con Felipe Solá. No sé cuál ha sido el resultado.

—Margarina Stolbizer no tiene mucho deseo de ser candidata a gobernadora. Le gustaría más ser jefa de Gabinete de la Nación.

—No sé. Tampoco le he preguntado qué le gustaría ser. Sé que está dispuesta a asumir las responsabilidades que le toquen. Y si consideramos todos que ella es la que más aporta, va a asumir esa responsabilidad.

—¿Pero con De Narváez no tiene las mismas limitaciones que sí tiene con Macri? ¿Sus opiniones sobre los años noventa fueron distintas?

—Primero que no es lo mismo una provincia, un distrito, que hacer una alianza a nivel nacional. Si hay en un distrito, no solamente en la provincia de Buenos Aires, coincidencias respecto de lo que hay que hacer en esa provincia, y además quiere acompañarnos a nivel nacional, ¿le vamos a decir que no? Si no sacrifican nuestra identidad ni nos modifican los programas ni nos imponen condiciones que nosotros no estamos dispuestos a aceptar.

—No está fuera de las posibilidades, como sí es el caso de Macri.

—El caso de Macri, o del PRO, es más difícil porque es más homogéneo, es bien liberal o neoliberal, tiene una visión pro mercado y encarna lo que ocurrió en la década del noventa que, desde mi punto de vista, tiene una valoración negativa de la mayoría de la sociedad. El peronismo disidente tiene una visión diferente. Y si a partir de esa visión diferente y de los diálogos que se abran, que no ha habido ninguno, entre algún dirigente del Peronismo Federal, el radicalismo, el GEN y el socialismo tenemos coincidencias programáticas, tal vez tenemos posibilidad de hacer arreglos distritales. Las exigencias a nivel provincial nunca son las mismas que a nivel nacional porque no es el Gobierno provincial el que privatiza las AFJP, ni modifica el sistema tributario, ni la relación entre el mercado laboral y el Estado, ni es el que puede privatizar empresas del Estado. O estatizarlas. Son todas competencias del Gobierno nacional. De todas maneras, cualquier ampliación de la alianza tiene que ser consentida por bloques.

—Pocas personas tienen dentro del radicalismo un conocimiento de la provincia de Buenos Aires mejor que el suyo; su opinión será muy influyente en la UCR.

—Nosotros no somos un partido como los más nuevos, en los que las opiniones de quienes en ese momento encarnan alguna candidatura o tienen una actitud de mayor protagonismo son consideradas determinantes. Nosotros lo discutimos. Y si tenemos una alianza, tenemos que discutirlo con otros partidos políticos. No me gusta mucho el debate que se ve a través de los medios de las distintas posiciones que hay sobre estrategia electoral para 2011. Me parece que no es lo correcto, y que es una manifestación más de la crisis de los partidos. Esas cosas se discuten adentro de los partidos. Nadie es dueño de la verdad y nadie tiene derecho a decir nada que pueda conspirar contra las posibilidades de ganar elecciones. Quien está diciendo esas cosas a través de los medios después puede llegar a la conclusión de que estaba equivocado. Pero el daño ya está hecho. Mucho menos todavía puedo yo permitirme la libertad de opinar sobre algo que debe ser acordado con los otros aliados.

—Uno de los argumentos para hacer su proclamación anticipada era, casualmente, poder avanzar más rápidamente en la política de alianzas.

—Ese no fue un argumento. Fue una conclusión natural de una decisión que se tomó, convocada en término. Incluso a propuesta del propio Ernesto. La conclusión natural en ese proceso era proclamar al ganador de esa elección interna. Dar tiempo en política es dar ventaja. Y no tenemos el derecho a la ventaja si creemos que lo mejor que le puede pasar al país es un triunfo del frente en el cual estamos trabajando.

—¿Qué le pasó a Sanz? ¿Se equivocó?

—El piensa que lo mejor que le puede pasar al partido es que él sea candidato. Y llegó a la conclusión de que debíamos tomarnos más tiempo para elegir los candidatos porque, tal vez, para el 30 de abril no podía.

—¿No llegaba?

—No llegaba. Pero no me parece mal. Porque si él cree que lo mejor que le puede pasar al partido es que él sea candidato, tenía que hacer lo que hizo.

—¿Pudo estar empujado por el deseo de sectores de medios y empresarios?

—No me consta. Parece que, y eso no lo veo mal, algún medio tenía alguna preferencia. Y que la tenga. Este es uno de los principales defectos del Gobierno, creer que el país son sólo ellos y los que los acompañan a ellos. Que no pueda existir una discrepancia.

—Concretamente, ¿la ansiedad de Clarín de tener un candidato que responda a su deseo pudo haber empujado a Sanz a avanzar en algo para lo que no contaba con la fuerza suficiente?

—No creo que haya sido eso. Tampoco tengo la certeza de que haya un medio que, por lo que me parece, por cosas que decían, podía tener alguna preferencia. Pero, en todo caso, no era Clarín (N.d.R.: el diario La Nación). Creo que tiene que ver más con la influencia de algunos amigos. Y a usted le digo que si alguno le dijo eso de que yo estaba beneficiado por el Gobierno, que trate de tomar alguna precaución con esos amigos. Por su salud, digo.

Continúa…

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