Cine y Dictadura… mira vos? parte I

Posted on 16 abril 2011

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CINE DURANTE LA DICTADURA, de 1976 a 1983

EL CINE COLABORA | por Santiago García

Durante la dictadura hubo un grupo de artistas que realizaron películas cuya temática e ideología parecían adecuarse demasiado bien a los preceptos del gobierno militar. Varias de ellas se convirtieron, sin anunciarlo, en películas oficialistas, con todo lo que esto significa para la historia de nuestra cinematografía.

Empieza la dictadura Los años siguientes al golpe de Estado fueron, sin ninguna duda, los peores de toda la historia del cine argentino. Hubo crisis anteriores y posteriores, pero lo que ocurrió en nuestro cine durante esa época supera ampliamente, a todo nivel, cualquier otro período. La producción de películas se redujo en forma drástica a la mitad de lo que se hacía en el anterior esplendor. Hasta cineastas bastante prolíficos como Emilio Vieyra y Enrique Carreras también vieron reducida su producción durante la primera parte de la dictadura. Esto no significa que no hayan respaldado con su cine la ideología de la dictadura, de ninguna manera, es sólo un indicador más de una reducción de toda la producción en su conjunto y de un proceso del que no estuvieron ajenos. Raúl De la Torre declaró: “Jamás se produjo un cine del régimen”. Esto es lo que muchos han querido pensar o creer e intentan transmitir como idea a la hora de celebrar las películas de este período, justamente aquellas que suenan muy parecidas a un cine oficialista. Sin embargo, durante la dictadura había films más o menos complejos o críticos o simplemente desesperanzados que lograban estrenarse.

Es que más allá del siniestro plan del gobierno por combatir todas las ideas, quedaron muchas cosas que se les escaparon, ya que como resulta obvio, la sensibilidad artística les había sido negada por completo. Sin embargo, los films que tuvieron problemas fueron innumerables, no solo los dramas, también el cine de terror fue perseguido sistemáticamente. La censura adquirió formas diversas y alcanzó los lugares más variados. Se es-tablecieron, por ejemplo y entre varias reglas, que no era apto para televisión el material que: “desvirtúe la imagen de los guardianes del orden, presentados como cínicos, despiadados o codiciosos, o tratando al crimen de una manera inescrupulosa o frívola”. Obviamente esto llegó al cine, aunque no de forma equitativa. Por ejemplo, la dictadura se molestaba si Armando Bó ridiculizaba a un oficial de policía, pero Palito Ortega se daba el lujo de poner a Carlitos Balá haciendo un cameo como un policía en ridículo sobre el final de Vivir con alegría.

Filmar con alegria

El 3 de abril de 1976, el Capitán de Fragata Jorge Bitleston, interventor del Instituto Nacional de Cinematografía, dijo claramente en un discurso que iba a “ayudar económicamente a todas las películas que exalten valores espirituales, cristianos, morales e históricos o actuales de la nacionalidad o que afirmen los conceptos de familia, del orden, de respeto, de trabajo, de esfuerzo fecundo y responsabilidad social, buscando crear una actitud popular, optimista en el futuro…”. El mejor transmisor de estas palabras fue Ramón Palito Ortega, famoso cantante y estrella cinematográfica, quien durante la dictadura militar realizó toda su filmografía como director, empezando con Dos locos del aire, estrenada el 22 de julio de 1976. Aunque no solo el cine lo conectó con el gobierno.


En su libro sobre Palito, el periodista Hernán López Echagüe cuenta que “compone jingles para la dictadura y, en especial, para la marina que conduce el almirante Massera”. También allí se cuenta cómo durante la dictadura y la intervención de Bussi “Palito, graciosamente, se pliega cantando sus baladas en la zona militar”. Dos Locos del aire funciona como un elogio de las instituciones en el poder a partir de la Fuerza Aérea y también, como una defensa de la fe católica – algo muy recurrente en la filmografía de Ortega – y los símbolos patrios. Ver volar – con una canción de Palito sonando de fondo – los mismos aviones desde los cuales durante ese mismo año en que él los filmaba, tiraban gente en el Río de la Plata, no puede ser tolerado ni disculpado bajo ningún concepto. Así como tampoco debería ser olvidado.

Brigada en acción comienza con una persecución en montaje paralelo con imágenes de una exhibición de acrobacia por parte de la policía. Corre el año 1977 y el director elige ese plano para iniciar su film, y luego agrega una visita guiada por el museo policial con alguien que nos explica: “Naturalmente los medios para combatir el delito se han modernizado de modo de colocar a nuestra policía entre las mejores del mundo. Durante las veinticuatro horas del día hombres y mujeres trabajan de distintas formas, velando por la tranquilidad de sus semejantes”.

Sí, la policía de 1977 es a la que se refiere el film. Estos elogios se multiplican alegremente y hay espacio para todas las bajadas de línea posibles. En este sentido, hay varios ejemplos: hay un niño huérfano en el film que declara su deseo de ser policía, o la permanente presencia de exhibiciones acrobáticas y destrezas varias de las diferentes unidades de la policial. El hermano de uno de los protagonistas dice ser estudiante universitario, pero no lo es, es un delincuente común. No hace falta aclarar cuál es la ideología detrás de este absurdo personaje. Pero el punto que resume la auténtica ideología del film está en una canción que es una pieza digna de estudio en sí misma. Uno de los policías de la brigada muere en un enfrentamiento y al recibir Ortega la noticia, se escucha la siguiente canción, a la par que se observa al Falcon que maneja, dirigirse sin rumbo por la ciudad: “Pobre de esa gente que no sabe a dónde va/los que se alejaron de la luz de la verdad/esos que dejaron de creer también en Dios/los que renunciaron a la palabra amor. Pobre de esa gente que olvidó su religión/esos que a la vida no le dan ningún valor/los que confundieron la palabra libertad/los que se quedaron para siempre en soledad”. Esta es la descripción que elige Palito para hablar de la delincuencia en su película. ¿A qué delincuencia se refiere exactamente?

En estos films de Ramón Ortega y su productora “Chango” (nacida con la dictadura) hay un elemento que es irrefutable: nada es accidental, ni existe ambigüedad posible,sabían lo que estaban haciendo y por qué. Nada es inocente, como tampoco lo es que hoy muchos lo olviden y traten a Ortega como si esto no se hubiera hecho jamás. O como si nunca hubiera escrito -en lo que varios han reconocido en su momento era una alusión a los cantantes de protesta – “si no te gusta que la gente esté contenta/ si no te gusta ver feliz a los demás/ tirate al río en la parte más profunda y después cuando te hundas si querés podes gritar”. El único film que produjo “Chango” fuera de la dictadura fue Tacos altos (1985) dirigida por Sergio Renán. Aunque sus dos películas más siniestras son las arriba nombradas, el resto de su filmografía no es del todo inocente. Que sean muy malas películas no las absuelve.

En Amigos para la aventura (1978) la insistencia por festejar “una nación de paz” de ninguna manera puede ser accidental. Como tampoco lo es que Vivir con alegría (1979) termine con una cita de Juan Pablo II cubriendo toda la pantalla. Este film es el más claro con respecto a los valores católicos, patriarcales y conservadores del director, y en su notable mediocridad igual es el más logrado de su carrera. ¡Qué linda es mi familia! (1980) es el último de sus títulos. Allí, Palito Ortega hace de hijo adoptivo y su padre (Luis Sandrini, obviamente) echa al padre biológico cuando éste viene a reclamarlo. Proviniendo de este cineasta, se puede afirmar con seguridad que las casualidades no existen y que, en consecuencia la lectura de esta escena es definitivamente aterradora.

NDE: es muy interesante como los que crecimos con este tipo de cine, trasmitido en los diferentes canales fuimos adoptando con naturalidad, determinadas lecturas y las hacíamos nuestras. Quien no quería ser policía o de la fuerza aérea. Quien no celebraba esos “valores” que nos transmitía. De solo verlo suena increíble la utilización del cine por parte de las FFAA para el cambio de paradigma, para la domesticación y el disciplinamiento necesario para el Proceso y su destrucción económica y social…

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