“La Federal nunca fue objeto de ningún tipo de reforma”

Posted on 17 enero 2011

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A propósito de un tema que no hay que dejar de seguir…

Marcelo Sain, especialista en temas de seguridad, analiza la creación del nuevo Ministerio, la designación de Nilda Garré y la naturaleza del conflicto en Villa Soldati.

El conflicto en Villa Soldati tiene varias explicaciones posibles y tuvo como protagonistas a varios actores, visibles y ocultos. ¿Cómo ordena usted las piezas para analizar lo que sucedió durante estos días?
Primero hay que mencionar una dimensión política y social. Creo que el conflicto, en sí mismo, no fue planeado por ningún actor. Era un conflicto que estaba latente y que contó con dos gobiernos ausentes, el nacional y el de la Ciudad, sin información precisa de las condiciones que desembocaron en el conflicto, lo cual facilitó las cosas. El gobierno de la Ciudad, porque no forma parte de sus prioridades atender a estos sectores marginales. Tiene otras prioridades. Por ejemplo, constituir una gestión de acuerdo a su condición de clase y hacer negocios. Y el gobierno nacional porque tiene un enorme desprecio por la Ciudad. Por eso el desinterés, el abandono. Cuando estalla el conflicto por un reclamo real de la gente, los dos gobiernos desconocían la magnitud del problema y no tuvieron mecanismos de gestión social.
¿Descarta la hipótesis de los infiltrados y de sectores “montados” en el conflicto?
El conflicto no se generó por actores manipulados políticamente ni por infiltrados. Ahora, que se han montado sobre el conflicto, no hay dudas. Pero se montaron luego. Para analizar esto hay que reconstruir la cronología de los hechos. La primera intervención estatal sobre el conflicto inicial es un operativo conjunto de la Policía Metropolitana con un sector de la Federal. Principalmente, de comisarías. No fueron las unidades de control de grandes manifestaciones, que están más entrenadas y capacitadas en ese tipo de tareas, las primeras que llegaron. No, operaron las comisarías. Por eso digo que se trató de una patrulla perdida. No fue ni un operativo planificado por la dirección política del Gobierno. Como se dice en la jerga, se cortó la línea policial por abajo. Esto explica el intento de de-salojo catatónico y la situación de violencia extrema, inexplicable y con muertos.

La “patrulla perdida” que señala, ¿se escapa al control o fue premeditada por algún sector de la fuerza?
No lo sé. Pero esas cosas, en una estructura jerárquica y vertical, no son casuales. Evidentemente había intención de producir esta situación de crisis. Quizá haya algunas internas dentro de la institución que hagan posible este tipo de acciones. Hay que tener en cuenta que las diferencias, en el seno de la policía, no se dirimen en una mesa de negociación, en una paritaria, en una huelga o en una toma del lugar de trabajo. Las diferencias se dirimen con este tipo de acciones en la calle, haciendo o dejando hacer. Esto fue siempre así.
¿Podría ser un mensaje concreto al poder político?
Primero, a la cúpula. Después, al poder político y a todos aquellos que pretendan meter mano dentro de la institución. Lo más importante para la Federal es la reproducción de la propia corporación. Después sí vinieron todas las operaciones políticas habidas y por haber. Inclusive, como quedó registrado en la prensa durante estos días, con dirigentes y punteros del PRO. Pero que hayan participado dirigentes sociales que responden al Gobierno no habla mal del Gobierno. Es más, no tiene que ser objeto de ningún tipo de acusación mediática. Al contrario, eso es lo que debía haber existido desde el comienzo: articulación política y social. Un gobierno que se dice peronista no puede no tenerla.

La cuestión de fondo, según usted, sigue siendo la conducción civil y recortar al máximo los márgenes de autonomía que las fuerzas de seguridad suelen darse.
Exacto. Hay una creencia ilusoria de que dándole el poder a la policía se puede hacer una gestión de la conflictividad eficiente. Los hechos de Villa Soldati dan cuenta de la inviabilidad del pacto y la delegación con la cúpula de la Federal. Pero esto no es novedad. En el último tiempo se reiteraron hechos que lo demuestran. En noviembre del año pasado, la muerte de un joven en un recital de Viejas Locas, a quien apalearon y dejaron abandonado. Después, el conjunto de denuncias de desalojos violentos en concomitancia con el gobierno de la Ciudad. Hay una denuncia de noviembre de este año por parte de la Defensoría del Pueblo y una causa abierta por apremios y el uso de picana. Está el caso de los hijos de Herrera Noble y la malversación del procedimiento para saber la verdad sobre sus identidades, con la intención de obstruir la labor de la justicia e impedir el análisis genético. Y está el asesinato de Mariano Ferreyra. Hubo sicarios parasindicales, es cierto; pero me cuesta creer que la Federal sólo liberó la zona. Todo esto ya marcaba que el Gobierno tenía que hacer algo.

¿Hay que descartar la hipótesis de una disputa entre la Federal y la Metropolitana?
No creo que venga por ahí. Creo que la Federal está viviendo una profunda crisis de identidad, alentada por el hecho de que hace muchos años que la actual cúpula obstruye los ascensos superiores y eso provoca un enorme malestar dentro de la institución. La Federal nunca fue objeto de ningún tipo de reforma. Ni siquiera de una mirada crítica por parte del mundo de la política. Durante cuarenta años fueron la policía del poder, la guardia pretoriana.

El gobierno nacional decidió crear un Ministerio de Seguridad y poner al frente a Nilda Garré. En ese sentido, es un gran avance, ¿no?
Es tomar el camino correcto. Se toma de manera tardía, pero es el correcto. Primero, creo que la Presidenta reconoce que es insostenible seguir dándole el manejo de la seguridad a la cúpula de la Policía Federal. Y ratifica la necesidad de que sea la política la que conduzca las cosas, y eso es bueno de por sí. Ahora, gestionar políticamente la seguridad supone tres grandes desafíos que son complejos, particularmente en este contexto. Primero, supone la elaboración de un cuadro de situación real sobre conflictos, violencias y delitos. Segundo, supone establecer una estrategia de modernización institucional, porque el Estado no cuenta con los recursos necesarios para gestionar la seguridad. Tercero, supone estrategias de intervenciones como la prevención social del delito, el control policial y la política criminal. El gran problema y el gran desafío que tiene Nilda Garré, en este momento, es que la estructura con la que se va a conformar el Ministerio de Seguridad es la antigua Secretaría de Seguridad Interior.

…Por el contrario, en un comisario tenés un potencial delincuente. Además, hay un montón de actores dentro del sistema que van a resistir el cambio porque tienen privilegios con ese statu quo.
Y esa resistencia al cambio puede operar sobre los conflictos.
No me cabe la menor duda. Pueden operar sobre el conflicto social existente o crear una situación de conflictividad, inventar delitos, generar olas de inseguridad y alentar situaciones de secuestros o asaltos. El desafío es mayúsculo. Reitero: no se cuenta con un aparato burocrático-institucional adecuado para gestionar eficientemente la seguridad. Hay que construirlo, al mismo tiempo que se tiene que gestionar.

… En los últimos veinte años quedó totalmente desvirtuado el rol de la Gendarmería como policía de frontera, por ejemplo. Es una policía intermedia de impronta militarizada que sirve, justamente, para el control de fronteras, en un contexto en el cual la porosidad de las fronteras se convierte en algo sensible. Sin embargo, perdió espacio en su labor específica y ganó espacio en el control de grandes manifestaciones. Con la Prefectura pasa lo mismo. Ganó roles importantes en materia de seguridad preventiva en lugares absolutamente insignificantes a la seguridad pública, como Puerto Madero, donde existen quinientos prefectos por turno mirando cómo pasa la gente, mientras se tiene una enorme carencia de recursos humanos en el sistema operacional de la Mesopotamia. Esto también tiene que ser puesto en tela de juicio. Lo que hicimos en la Policía de Seguridad Aeroportuaria puede servir de modelo

Ahí tuvimos definiciones muy marcadas sobre estas cosas. Por ejemplo, las policías sólo están para el control del delito. En el diseño institucional que hicimos descartamos cualquier tipo de funciones ajenas a eso. Esa es una definición de un perfil de fuerza que bien podría ser emulable en el resto de las fuerzas. ¿Es razonable que la Federal sea todavía quien expida cédulas de identidad y pasaportes y que eso le demande cerca de tres mil policías? ¿Por qué razón no se unifica con el Renaper (ndr: Registro Nacional de las Personas) y liberamos a esos policías para que estén trabajando en la calle?
¿Por qué?
Hay una sola razón. Porque es la policía del poder y le interesa tener la base de datos más sofisticada sobre la población argentina, que sólo puede hacer uso ella misma. Ningún órgano del Estado, ni siquiera la Justicia puede tener acceso a esa base de datos. Otro tema: es increíble que todavía el país no tenga un dispositivo unificado de control de la criminalidad organizada. Estas cosas también tienen que ver con el rediseño del sistema de seguridad federal y van más allá de la situación de crisis que se generó en estos días.

Por Néstor Leone http://www.revistadebate.com.ar/2010/12/17/3459.php

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