NO al Servicio Cívico Voluntario

Posted on 8 octubre 2010

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A pesar de las críticas, se dio media sanción al Servicio Cívico Voluntario

El Ministerio de Defensa, la Jefatura del Ejército y organizaciones como la CTA lo rechazan.

Por un margen mínimo, el Senado dio media sanción a la conformación del Servicio Cívico Voluntario, una suerte de reclutamiento que pretende contener a jóvenes “marginados” pero que también otorga a las Fuerzas Armadas el rol de organizador y formador. Este sistema, cuya experiencia en Mendoza dio lugar a uno de los proyectos originarios, recibió fuertes críticas desde el Ministerio de Defensa de la Nación, la Jefatura del Ejército y otros sectores políticos y sociales, como la Dirección Nacional de Juventud y la CTA.
La iniciativa, que ahora deberá ser evaluada por la Cámara Baja, está destinada a ciudadanos de entre 14 y 24 años que no estudian ni trabajan y que se encuentran en situación de “riesgo social”. Busca utilizar instalaciones ociosas de las Fuerzas Armadas para impartir estudios y enseñar oficios. Los participantes cobrarán subsidios y becas.
El Ministerio de Defensa de la Nación rechaza ese plan porque considera que “el perfil profesional de las Fuerzas Armadas no es adecuado a las funciones de contención social y educación formal de la población joven”. Días atrás, la subsecretaria de Formación del Ministerio de Defensa, Sabina Frederic, cuestionó que el servicio podría repetir la experiencia ya superada de la “colimba” y se preguntó: “¿Esto es un servicio civil-militar encubierto?”

A pedido de la cartera que encabeza Nilda Garré, el jefe del Estado Mayor General del Ejército, teniente general Luis Alberto Pozzi, presentó un informe que descalifica lo propuesto por los senadores. En el informe al que accedió este diario se puntualiza que dentro del rol asignado al Ejército “no (se) contempla la posibilidad de otorgar espacios de contención a jóvenes en situación de riesgo por no tener capacidad, ni aptitud, ni un marco legal que así lo permita”.
La Secretaria de Derechos Humanos de la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA) pidió “dejar atrás estos postulados arcaicos de estigmatización, segregación social y profundamente discriminatorios de políticas de encierro para pobres como es este mamarracho del Servicio Cívico Voluntario”.

David Viñas -ensayista, novelista, dramaturgo- destacó alguna vez la paradoja, muy argentina, de que la Ley Riccheri de Servicio Militar Obligatorio, sancionada en 1901, preceda en más de una década a la Ley Sáenz Peña de sufragio universal. “O sea -apuntaba el profesor- que aquellos jóvenes veinteañeros reclutados para servir a la patria y morir por ella, no estaban habilitados para elegir a sus gobernantes”. Incoherencias de este tipo se repiten a lo largo de nuestra historia, hasta llegar a este curioso (y filantrópico) presente en el que un niño de 14 o 16 años, preferentemente pobre, puede ser considerado imputable para la Justicia y a la vez ser impedido de tener un empleo, puesto que el trabajo -en palabras de Martín Fierro, Carlos Gardel y la OIT- es cosa de hombres.

Las maniobras militares de 1898 en Curamalán, cuando ya el ejército roquista había reclutado a jóvenes criollos para una hipotética guerra con Chile, costaron un número indeterminado de muertos, que fueron sepultados como NN bajo un montículo de piedra. “¡Ni una cruz, ni el más modesto monumento -leemos en un libro de la época- recuerda los nombres de estos humildes servidores de la patria que descansan en la soledad de la montaña!”.

Los conscriptos muertos en las maniobras navales de 1914 tuvieron más suerte. Los sepultaron también como NN, pero en el cementerio de Martín García (a diferencia de los hijos de Sayhueque y de Pincén, cuyos cuerpos “apestados” eran arrojados al río por los enfermeros del lazareto).

Una interminable serie de muertes inútiles e injustas, que pasa por la represión a las huelgas y manifestaciones obreras, por los enfrentamientos entre azules colorados de los ’60 y por la obediencia criminal debida en los años del Proceso, finalizando con el asesinato del conscripto Carrasco en 1994, jalona la peor historia del servicio militar argentino, como una contracara oscura de sacrificios heroicos que sin duda existieron, durante las guerras de la independencia nacional o en la última defensa de las Malvinas.

Entrado este siglo, cuando el servicio militar obligatorio se halla suspendido (después del crimen de Carrasco) y cuando algunas instalaciones militares se han vendido para construir shoppings, el Ejército sigue buscando, entre neodoctrinas de seguridad y acechanzas, un nuevo papel y un destino.

Hacemos esta referencia a propósito de un proyecto de ley de Servicio Cívico Voluntario que ya ha sido aprobado en la cámara alta y que agitará las aguas políticas y legislativas en las semanas que vienen.

Vigilar y castigar… a los pobres

¿De qué se trata? El SeCiVo es un programa de capacitación en oficios para jóvenes de entre 14 y 24 años “que se encuentren en situación de riesgo”. Los jóvenes, a cambio de la inscripción contarán con una beca equivalente a tres asignaciones universales y recibirán una formación homologable a los estudios primarios y secundarios que brindan las escuelas del país. ¿Dónde se realizaría la capacitación? En cuarteles y unidades militares ociosas, en todo el territorio nacional.

El antecedente (no exitoso) del proyecto fue la experiencia del ingeniero Julio Cobos cuando era gobernador de Mendoza, en 2004. Allí, en sólo dos años, el programa de Servicio Cívico provincial obtuvo una deserción (perdónese la ironía) de un 50 por ciento. Según el informe elevado a sus superiores por el comandante de la VIII Brigada de Montaña, general Julio Pelagatti, entre 2005 y 2008 ingresaron al programa 816 jóvenes, terminando los cursos 409. “Falta de adaptación a las normas de convivencia, inasistencia provocada por la demanda de muchas horas de presencia en el cuartel e insatisfacción de los alumnos” fueron algunas de las desalentadoras observaciones que hizo Pelagatti.

El proyecto “made in Cobos” fue tratado en las comisiones de Justicia, de Asuntos Penales y de Seguridad Interior y Narcotráfico del Senado de la Nación. Curiosamente, nunca fue enviado a la Comisión de Educación (lo que revela que la situación de los pibes fue encarada como un asunto de Seguridad, antes que como un problema social).

“¿para qué consagra la Constitución la obligatoriedad y gratuidad de la enseñanza primaria y secundaria, si después van a mandar a los chicos pobres a los cuarteles?”, escribió un joven educador en un post de una red social.

Corre, limpia, barre

“Sus estudios secundarios -dice el curriculum vitae del ingeniero Cobos- los realizó en el Liceo Militar”. Hay allí una clave. ¿Por qué debía pasar por el Liceo Militar un joven mendocino que quería estudiar Ingeniería Civil? No lo sabemos. No obstante, arriesgamos algunas respuestas: Porque en el Liceo se da una formación muy completa. Porque en el Liceo no entra la política. Porque en el Liceo se forman jóvenes derechos y humanos.

¿Y por qué mandar a los pibes a los cuarteles? : Porque el colimba corre, limpia y barre. Porque en los cuarteles es más fácil mantener la disciplina. Porque ¡ya le vamos a bajar los humos a ese mocoso!. Porque el soldado no piensa, obedece. Porque ahí van a aprender a respetar a la autoridad. El hombre se hace desde los cimientos. Un hombre se construye como una pared. Una pared es lo mejor para la infancia. Esos pibes,  a la corta o la larga, deberán optar:  la pared o el paredón.

No es necesario contar con un escáner cerebral para saber qué clase de pensamiento “vigilado y castigado” anida en las mentes de ciertos ingenieros.

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