“Macri expresó el menemismo juvenil. Los llegados a la política desde fuera de la política.”

Posted on 24 septiembre 2010

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Una nueva generación en política

Macri expresó el menemismo juvenil. Los llegados a la política desde fuera de la política. La versión posmoderna del cuarto peronismo, con sus banderas de exclusión desplegadas.

“En cualquier caso y de manera inevitable, verán que lo que necesitamos descubrir es exactamente igual a lo que ya sabemos.”
The Waterworks, E.L. Doctorow.

Una nueva generación ingresó al ruedo político: esta es la noticia más importante desde el estallido de 2001.
Vamos Horowicz… ¿cuál es la novedad? Así es y así seguirá siendo la historia: cada 15 años un nuevo grupo renueva el stock existente, esa es la ley de la biología societaria. Insisto, ¿cuál es la novedad? Acepto que esta generación entró haciendo más ruido, sobre todo en medio del silencio atonal de las anteriores, pero tomar dos docenas de colegios secundarios no deja de ser una noticia municipal. Otro problema para Mauricio Macri, por cierto. Pero no se confunda, no es mayo en París, sólo es otra faceta de la crisis del macrismo porteño.
Volvamos al comienzo. Es cierto, Ortega y Gasset sostiene: cada tres quinquenios una nueva generación se para sobre los hombros de las que la anteceden en el orden de llegada, iniciando una disputa por su propio lugar en las instituciones; para justificarlo requieren de un nuevo horizonte. Contra ese nuevo horizonte que el movimiento generacional comparte, se juzga y condena el comportamiento de la generación anterior. Esa novedad puede o no existir. No depende tan sólo de la aparición del nuevo pelotón. Ese arribo está en la naturaleza de las cosas, pero no es de ningún modo tan cierto que ese proceso casi biológico sea el rasgo pertinente para entender la llegada de este piberío a la lucha política.
Veamos. Una mirada menos capturada por la inmediatez, más habituada al paneo histórico, permite evaluar con más ecuanimidad, y sobre todo entender la novedad: el acontecimiento político más importante a partir del estallido de 2001.
Pasen y vean.
La denominada “generación del ’70”, los iconoclastas que resignificaron el apoliyado peronismo sindical (tras la muerte de Augusto Timoteo Vandor), fueron la última generación significativa. Eso no pasó sólo en la sociedad argentina. Si se quiere, bajo sus pancartas ingresó la voluntad de transformar el orden global existente. ¿El capitalismo a la estadounidense? Por cierto. Además, el “socialismo real”, el violento poder de la burocracia soviética. Era el tiempo de las fórmulas sintéticas y cortantes: “Las paredes tienen oídos. Nuestros oídos tienen paredes.” Y claro, se trataba de derribarlas, y no eran los partidos comunistas el instrumento, sino parte de la pared.
En la Argentina de 1973, con el restablecimiento de los derechos democráticos de la mayoría, las columnas juveniles aportaron su propia versión de la historia. De “Braden o Perón”, a “liberación o dependencia”. Estábamos en presencia de la democracia de los militantes. La relación entre caudal electoral y dinámica política se plasmaba en capacidad de movilización, en nuevos valores compartidos. Ya no se trataba del “éxito personal”, sino de una nueva idea del éxito. Triunfar en un país fracasado no era triunfar. “Nadie se realiza en un país que no se realiza”, rezaba el eslogan multitudinario. Era un eslogan, pero contenía una idea abrasiva: mi suerte está ligada a lo colectivo, por eso la jubilación pública –la solidaridad entre los que trabajan y los que ya dejaron de hacerlo, y no las AFJP– era el piso democrático. Una sociedad posee lo que le garantiza a todos. Y lo demás, son pescaditos de colores.
Ese proyecto fue derrotado.
María Estela Martínez de Perón se ocupó de ponerle fin mediante tres instrumentos: la Misión Ivanissevich, con la que destrozó la universidad autogobernada por los tres claustros, en medio de la cacería macartista más feroz que se tenga memoria; el Plan Rodrigo, que contiene in nuce el programa de José Alfredo Martínez de Hoz; y el Operativo Independencia, que inauguró –en la escuelita de Famaillá– la metodología represiva utilizada a escala nacional tras el 24 de marzo de 1976.
En 1983, con el regreso de los gobiernos parlamentarios, los sobrevivientes de la generación del ’70 se hicieron cargo de los puestos de comando. La Coordinadora Radical sintetizó la nueva experiencia. Era la democracia de los ciudadanos. El derecho a peticionar, se sabe, puede o no ser atendido por las autoridades. La democracia se redujo a evitar el regreso de las FF AA al poder, ya que eran responsables de todo. Había víctimas y victimarios, los beneficiarios se volatilizaron. Eso sí, la impunidad de los jefes de la represión era la ley muda de ese orden político. Y el plano inclinado de la degradación nacional avanzó hasta la hiperinflación, hasta el saqueo sistemático de los sectores populares.
En esas condiciones emerge el menemismo. Es decir, los continuadores del ’75, los sobrevivientes del ’70 –sindicales y políticos– volvieron al ruedo. Era la democracia de los consumidores. Vivíamos a 650 dólares de Miami y se trataba de desmantelar/privatizar todos los instrumentos del Welfare State, para ingresar al primer mundo. El estallido de 2001 puso las cosas en su lugar. El 60% de la sociedad argentina quedó al margen. Y sin embargo, Carlos Saúl Menem ganó la primera vuelta electoral de 2003. Ese horizonte, los valores compartidos, seguía incólume.
El gobierno K restablece la relación entre los delitos y las penas. El pacto de impunidad estalla. Los juicios militares abren la compuerta, la posibilidad de un nuevo balance crítico, sólo la posibilidad. Los precios agrarios internacionales, mientras tanto, chocan con la política de retenciones del Ejecutivo, y el choque desnuda otra vez los valores hegemónicos. No hay suerte colectiva, se trata de garantizar la máxima ganancia personal. Y el que lo impida, qué duda cabe, sólo es un ladrón sin destino. Un nombre sintetiza esta hegemonía más o menos constante: Mauricio Macri. Su biografía de tontuelo privilegiado, bueno para nada, inauguraba el experimento del country grande. Una ciudad sin cartoneros y con los baches tapados. Fracasó.
Macri expresó el menemismo juvenil. Los llegados a la política desde fuera de la política. La versión posmoderna del cuarto peronismo, con sus banderas de exclusión desplegadas. Pues bien, esos valores son los que ponen en la picota los jóvenes que toman las escuelas. Las tomas nos recuerdan que, sin educación pública de calidad, la ciudadanía política quiere decir muy poco. Todo el discurso mediático, incluso del Peronismo Federal, debe deslindarse y aceptar la legitimidad de la protesta. Macri queda solo, discursivamente solo, y por tanto políticamente aislado. Más que la historia de las escuchas, que no movilizaron miles, más que la inepcia ejecutiva, sus funcionarios no pueden discutir, por televisión, con chicos y chicas de 16, 17 y 18 años. Los chicaneros profesionales del periodismo venal no resisten tres rounds, y la mirada sin pecado de Gabriela Michetti expresa la vacuidad perpetua. Ese redescubrimiento casi obvio (el rey está desnudo, como en el cuento de Andersen) es patrimonio de los muy jóvenes. Y de ese descubrimiento dependen todos los demás. Por eso, la llegada del pelotón que inaugura otra mirada para el mismo juego es la principal noticia política de la última década. <

http://tiempo.elargentino.com/notas/una-nueva-generacion-politica

Porqué aún tiene buena imágen…

La inexplicable persistencia del paladín de la gestión.

Más de tres años han transcurrido ya desde que Mauricio Macri accedió a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Un grandilocuente 46% en la primera vuelta (el 61 de la segunda es propio de la lógica polarizadora de esa instancia y la imposibilidad de Filmus de remontar la distancia inicial, por eso no lo contamos en el análisis), sólo explicable por tres factores: un núcleo duro de pensamiento de derecha que la Ciudad ha tenido históricamente (situado entre un 20 y un 30% aprox), la simpatía que MM arrastraba de su exitoso paso como presidente de Boca (gracias Bianchi) y las decepciones que los sucesivos gobiernos progresistas arrastraban en el electorado, producto de políticas que no revertían el deterioro de algunas áreas clave como educación y salud y que sólo adornaban la gestión con maquillaje culturoso. El summum de ese paradigma centro-izquierdista fue la triste actuación de Aníbal Ibarra tras la tragedia de Cromañón, que derivó en su juicio político y posterior destitución (súper intencionado, por cierto, de parte de quienes hoy gobiernan el mismo distrito). Hasta aquí ciertas razones para entender lo que pasó en dicho momento. Listo, nos la comimos, le dimos la oportunidad a esa derecha que le da verguenza decir que es derecha y acá estamos, en pleno Bicentenario de derrumbes, escuchas ilegales y escuelas tomadas. ¿Por culpa de quién?

Sí, la respuesta la sabemos. Como también sabemos que ya pasó el tiempo de recordar los errores que condujeron a esta experiencia. Suficiente como para el que el desarrollo de la misma pueda calificarse como bochornosa (para usar un adjetivo suave, claro está). Sin embargo, sigue sorprendiendo la persistencia de la relativa imagen positiva que ostenta al día de hoy el señor Mauricio Macri, que le permitiría soñar con su reelección citadina, si dejara de boludear con la utopía presidencial (verhttp://rambletamble.blogspot.com/2010/09/ciudad-cuando-uno-solo-no-alcanza.html). A qué se debe la misma? Dos puntas para explorar:

1) El tratamiento que los principales medios de comunicación (Clarín, La Nación, TN) le brindan a su gobierno, apañándolo hasta en sus más burdos actos (aunque vale reconocer que a veces ni eso: ni la corporación más amiguista puede tolerar tanto error, tanta estupidez), desde salir con todo a decir que hubo 9 controles en Beara hasta “Mauricio Macri se defendió en la Comisión Investigadora” (título de TN durante toda esa jornada), pasando por la constante difusión de que NK es el principal responsable del daño que se le está generando. Eso resuena en un público masivo, que trasciende el núcleo derechoso conservador que esta “ciudad de la furia” tiene entre sus habitantes. Dato no menor.

2) Una circunstancia parecida a la que sucede con la oposición al gobierno nacional (dispersa, sin un proyecto por la positiva más allá de que todo lo que huela a K huele mal) se da en la Ciudad. Más allá de la alternativa válida y potable del Movimiento Proyecto Sur, aunque demasiado enfocada en el plano nacional – lo que paradójicamente le quita fuerza local – no hay confluencias opositoras sólidas (ni siquiera hago una referencia ideológica aquí, vale aclarar) que permitan visualizar la superación del macrismo. Y cuando el enemigo está disperso, el que tiene el poder siempre posee una ventaja. Aunque quizás el “niño bien” apueste erráticamente a la Nación (ya ni lo creo, en verdad) y libere un camino, hoy espinoso para las demás fuerzas (progresistas y no tanto). El kirchnerismo, allí, la ve pasar aunque nunca se sabe.

http://artepolitica.com/comunidad/la-inexplicable-persistencia-del-paladin-de-la-gestion/

Una interesante mirada de porqué, Macri, a pesar de las críticas y de su pobre gestión, aún así, cuenta con una imagen e intención de voto interesante.

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