“ayudando a las personas sin techo a ayudarse a sí mismas”

Posted on 31 agosto 2010

0



HECHO EN BUENOS AIRES CUMPLIÓ 10 AÑOS

La revista que puso al periodismo al servicio de la inclusión social

A lo largo de su década de vida mejoró la existencia de 3 000 personas en situación de calle y con profesionalismo desmontó la idea de que un proyecto pensado para gente de pocos recursos debe ser necesariamente precario.

Donde termina la calle San Juan en la zona del bajo, se extiende un terreno que alguna vez fue un campo de deportes del Colegio Otto Krause y que ahora pertenece al movimiento piquetero que lidera Raúl Castells.

Mirta Etchenique mira el paisaje desde los ventanales del edificio donde funciona la revista Hecho en Buenos Aires. Toma mate cocido, se calienta las manos con la taza y espera que los coordinadores de la publicación le entreguen más revistas para vender a cuatro pesos cada una, dos pesos con ochenta para el vendedor o la vendedora. Es decir, para ella.

Patricia Merkin, ideóloga y coordinadora de este proyecto, calcula que de él han formado parte, al igual que Mirta, unas tres mil personas en situación de calle, las únicas autorizadas a vender esa revista de colores y hojas ásperas que, a fuerza de convicción, ahora celebra sus diez años de existencia.
Patricia está de acuerdo en que HBA es una revista de interés general, actualidad, enfoques sociales, arte, espectáculos y cultura, escrita por periodistas profesionales, con fotos de fotógrafos profesionales y diseño de gente que sabe de qué va el asunto. Pero no se trata sólo de ofrecer una buena publicación, capaz de desmontar la idea benefactora de que cualquier cosa en la que participe una persona con pocos recursos económicos debe ser precaria. Ella enfatiza que la revista es, quizás, la parte más evidente de una empresa social que trabaja con personas en situación de calle, desempleados o sin oportunidades de generación de ingresos e inclusión.

Muchas veces, la gente se acerca a la redacción de la revista. Pero en otras oportunidades, el equipo sale a las calles para charlar con quienes viven allí e invitarlos a participar de ese proyecto. Cuando eso sucede, explica Patricia, la revista se transforma en un puente para que una persona socialmente vulnerable retome una dinámica laboral, recupere su estima y construya lazos afectivos con otros, los mismos que se quiebran cuando no hay horizonte al cual aferrarse.
La historia comenzó cuando Patricia (que se exilió en la época de la dictadura y durante 18 años vivió en distintos países de Europa) recibió de regalo una docena de revistas que un amigo le trajo de Londres, llamada The Big Issue cuyo slogan es “helping homeless to help themselves” (“ayudando a las personas sin techo a ayudarse a sí mismas”). Ella cuenta: “Cuando las empecé a leerlas, me di cuenta de que era un proyecto maravilloso que la gente en situación de calle pudiera salir adelante vendiendo una revista. Me atrapó mucho el concepto de ‘empresa social’, es decir, de una organización que genera un producto o servicio destinado al mercado abierto, cuya finalidad es la promoción humana de personas que están en desventaja social. Por eso me contacté con la gente de Londres, que me fueron guiando para armar una propuesta viable a nivel local.”
No fue sencillo. Que en el país no había margen para una revista así. Que no se podía. Que iba a fracasar. Eso y otras cosas escuchó Patricia mientras, en junio de 2000, las primeras HBA salían a la calle. El empeño se tradujo en un equipo que hoy se compone de trabajadores de prensa pero también tiene un área que coordina la distribución y venta de ejemplares, otra que se encarga de coordinar talleres de arte y una unidad de servicios sociales y formativos que abordan aquellas problemáticas que trascienden la venta como situaciones jurídicas, sanitarias o de emergencia habitacional.
La revista lleva vendidos más de dos millones de ejemplares, y actualmente tiene una tirada de  20 a 25 mil que venden cerca de 200 vendedores. Por sus páginas han pasado personalidades de la cultura y el espectáculo (“no cualquier personalidad, no cualquier artista sino aquellos que tengan cierta sintonía con lo que hacemos”, aclara Patricia). Además, en HBA los vendedores cuentan su experiencia, publican sus poemas y muestran los dibujos, pinturas y objetos que hacen en los talleres de arte. “Es que en general los medios miran la realidad desde adentro, desde los medios mismos, hacia afuera. Por el contrario, nosotros miramos de afuera hacia adentro y eso da otra perspectiva de los hechos.

Además, no sólo hacemos un producto sino que también lo distribuimos. Así que tenemos el compromiso de hacer una publicación que esté buena, que resulte sugestiva, que den ganas de leer”, dice.
Mirta, de 50 años, es sostén de su hogar y de su hijo de 20 años que cada tanto debe ser internado porque, cuenta ella, “es un chico enfermo de los nervios”. Ella comenzó a vender la revista hace dos años en la zona de Diagonal Norte y Cerrito. “En la calle, hay gente que te trata bien y otra que no tanto. Pero la necesidad tiene cara de hereje así que una aprende y vende y le dice a los que compran que no están aportando solamente a mi bolsillo sino a un proyecto que es de todos y que nos contiene y nos gusta”, explica.
José Luis Galván, de 59 años, y Simón Cayunao, de 49, están sentados en unas sillas plásticas, las mismas que deja Mirta cuando se va luego de meter sus revistas acomodadas con prolijidad adentro de un bolso gigante. Que hay que esforzarse, porque la gente se engancha según la actitud del vendedor, eso repite José Luis con aire experimentado. Él vende sus revistas en el tren que une Retiro y Tigre. “Ahí viaja gente profesional, que entiende en qué consiste este proyecto cuando se lo explicás. Bah, por ahí uno que otro te dice que no le interesa. Eso sí, tenés que salir todos los días a remar: sólo si vendés todas las revistas te quedás satisfecho”, dice.
Simón vende sus HBA en inmediaciones del Centro Cultural Rojas y de la Facultad de Filosofía. También, cuando tiene un rato extra, en la facultad de periodismo de La Plata. Es que, según explica, le gusta el público “intelectual”. Durante muchos años, él se dedicó a vender enciclopedias casa por casa. Entonces le quedó el gusto por ofrecer un material “que tenga que ver con el mundo de las letras”. “A mí me interesa que la revista tenga trasfondo social y me gusta explicarles esas cosas a la gente que la compra.” Esa gente son estudiantes y docentes pero también muchos extranjeros que se interesan por la propuesta.
HBA forma parte de Red Mundial de Publicaciones de la Calle, que reúne a revistas de las mismas características en proyectos de distintos lugares del mundo. Patricia aclara que no es fácil que estos proyectos prosperen. Y explica por qué: “La gente llega ganada por el desánimo y el abatimiento. No están en las últimas, claro, porque esas personas, las que no llegan a pedir ayuda, se mueren en las puertas de los hospitales, de los centros de día, o en la calle, solas. Pero, de todos modos, es una gran tarea que alguien que está excluido recupere sus deseos de trabajar y la creencia de que lo que haga puede servirle para algo.”
Y enfatiza: “Las personas que están viviendo en la pobreza no llegaron solas ahí sino que llegaron porque el sistema las confinó a ese lugar, donde no tienen herramientas para salir adelante. Por eso, HBA ayuda a que se puedan recuperar derechos como el trabajo y una vida digna y, en ese tránsito, volver a sentirse ciudadanos completos. Es decir, el vendedor va y vende la revista. En esa decisión aparentemente tan simple, atraviesa un proceso que, con ayuda de otros, y en un marco de cooperación, permite que la persona pueda empezar a volver de los márgenes por sí misma.”
En el número aniversario de la revista, que salió a la calle en julio pasado, un informe donde hablaban los vendedores, le contaba al lector: “En el instante en que te detenés a comprar la revista en medio de un día ajetreado, lleno de preocupaciones, para quien la vende, ese instante forma parte de su esperanza para aspirar a una vida mejor.”

Allí se incluía la voz de Simón, que posó para la foto con un cartel amarillo que decía que las tres prioridades en su vida eran: “Educación / Libertad / Felicidad”. “Son prioridades para mí pero también deben ser derechos para el que quiera ejercerlos”, agrega ahora, mientras mira el ventanal y los autos que pasan ajenos a todo, allí donde está la ciudad que Simón y otros enfrentan con las revistas como sustento, como talismán contra la indiferencia.

Posted in: General