Norma y Ramona, las declaro en matrimonio…

Posted on 30 abril 2010

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El debate que se lleva a cabo en estos momentos acerca del matrimonio entre personas del mismo sexo, es un debate que nos debemos como sociedad. Las leyes, dicen en la facultad, siempre van detrás de las costumbres.

Esas costumbres, como en el caso del divorcio vincular, hacen real algo que las leyes contemplarán tiempo después. Cuando allá por el 85 se sancionó la ley de divorcio, eran innumerables las parejas que ya lo habían hecho “de hecho” y solo esperaba que la ley lo convalidara. Nadie en su sano juicio permanecería en pareja solo porque la ley lo diga. Hasta hace pocos años, las mujeres no podían votar ni podían trabajar sin autorización de nuestros maridos.

Dar esos debates es parte de la maduración de las sociedades.

Un italiano que pasó gran tiempo en la cárcel decía, que ninguna sociedad se plantea tareas para cuya solución no existan ya las condiciones necesarias y suficientes, o no estén, al menos, en vías de aparición o desarrollo.

En este sentido, la Diputada Ibarra, plantea algunas consideraciones del proyecto de ley del que es autora y por el que se establece la institución civil del matrimonio, independientemente del sexo de las partes.

Aquí adjunto algunos párrafos  interesantes y desde mi punto de vista, esclarecedores.

Por Vilma Ibarra

Una discusión sobre la igualdad

Razones para que exista una ley que ampare el matrimonio entre personas del mismo sexo

“No estamos legislando, señorías, para gentes remotas y extrañas, estamos ampliando las oportunidades de felicidad para nuestros vecinos, para nuestros compañeros de trabajo, para nuestros amigos, para nuestros familiares, y a la vez estamos construyendo un país más decente, porque una sociedad decente es aquélla que no humilla a sus miembros.… Nuestros hijos nos mirarían con incredulidad si les relatamos que no hace tanto tiempo sus madres tenían menos derechos que sus padres y si les contamos que las personas debían seguir unidas en matrimonio, aun por encima de su voluntad, cuando ya no eran capaces de convivir. Hoy podemos ofrecerles una hermosa lección: cada derecho conquistado, cada libertad alcanzada ha sido el fruto del esfuerzo y del sacrificio de muchas personas que hoy debemos reconocer y enorgullecernos de ello.”

José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del gobierno de España.  (Discurso ante el Congreso de los Diputados al tratarse la ley que habilitó el matrimonio entre personas del mismo sexo, el 30 de junio de 2005).

La discusión que propone modificar el Código Civil para habilitar que contraigan matrimonio dos personas del mismo sexo, con iguales derechos y responsabilidades que dos personas de distinto sexo, es básicamente una discusión vinculada a la igualdad.
Vivimos en una sociedad constituida por una pluralidad de personas que pertenecen a distintas etnias, profesan distintos credos, participan en distintos partidos políticos y poseen diferentes orientaciones sexuales.

(La Constitución Nacional y los Tratados internacionales,) nos garantiza(n) un trato igualitario ante la ley, buscando que cada uno en su individualidad, y conforme al plan de vida propio elegido, en tanto no se afecten derechos de terceros ni la moral o el orden públicos, pueda ejercer todos los derechos que se garantizan en nuestro ordenamiento jurídico.
Esto exige que, para hacer una distinción en la ley y excluir a algunos de los derechos de los cuales gozan otros, tenga que existir un motivo con razones plausibles y suficientes que así lo justifiquen.
… Pero resulta más difícil explicar por qué las personas heterosexuales pueden contraer matrimonio y acceder a la tutela que el Estado otorga a la familia, en tanto que ese derecho está vedado para las personas homosexuales, debido, precisamente, a su orientación sexual. Es necesario tener presente que la orientación sexual pertenece a la esfera de la intimidad, lugar al que el Estado no puede acceder sin vulnerar el artículo 19 de la Constitución Nacional.
En un país en el que, en diversas provincias, todavía la homosexualidad está tipificada como contravención, es también un enorme paso adelante en materia de lucha contra la discriminación el acceso a la institución matrimonial en igualdad de condiciones de todas las personas, también por su importancia simbólica.
Un párrafo aparte merece la discusión acerca de la posibilidad de crear una institución nueva, como la unión o enlace civil, o, por el contrario, optar por igualar a todas las personas en la institución matrimonial.

He dicho al comienzo de esta nota que este debate se trata, centralmente, de un tema de igualdad. En la Argentina existe hoy la institución matrimonial como plexo normativo que conlleva derechos y responsabilidades. No hay, por el momento, otra institución prevista en nuestra ley para tutelar estatalmente las relaciones de pareja. En las comisiones de Legislación General y de Familia de la Cámara de Diputados, entendimos que es necesario, en primer lugar, discutir si esa institución matrimonial que tenemos en nuestro Código Civil quedará sólo reservada a las parejas heterosexuales, o si todas las personas podrán acceder a ella, independientemente de su orientación sexual y en igualdad de condiciones. Y nos hemos manifestado mayoritariamente a favor de la igualdad.
No hemos querido recorrer el camino del eufemismo y la desigualdad encubierta. No hemos querido que hubiera
una institución para heterosexuales y otra para homosexuales; o que hubiera una institución sólo para heterosexuales -el matrimonio- y otra distinta, con menos derechos, para todas las personas.

En estos casos seguiríamos sosteniendo un trato desigual que, a la luz del Estado constitucional de derecho, ya no puede tener cabida, y seguiríamos enfrentándonos a continuos fallos judiciales de declaración de inconstitucionalidad por la restricción de acceso al matrimonio.
Otro párrafo merece el tema de la adopción.
Es importante aclarar que, en este punto, prácticamente no se está innovando mucho.
Nuestras normas legales sobre adopción, desde siempre, autorizan a adoptar a un niño a una persona sola, ya sea un hombre o una mujer. No es requisito para adoptar -tampoco podría serlo- tener determinada orientación sexual. Por tal motivo, hoy en día, las parejas homosexuales crían sus hijos adoptados en conjunto, pero sólo uno de ellos puede ser registrado como adoptante. De tal suerte, ese niño es criado por una pareja homosexual durante años, pero sólo tiene derecho a reclamarle alimentos a quien figura como adoptante. También, ante el fallecimiento de quien no figura como adoptante, carece de aptitud para heredarlo.

Estas circunstancias provocan dificultades para la vida cotidiana cuando, muchas veces, el padre no adoptante no puede siquiera autorizar una intervención quirúrgica o inscribir al niño en una escuela. Recién cuando esa pareja pueda contraer matrimonio, ese niño estará tan protegido, tan tutelado, como el hijo adoptivo de un matrimonio heterosexual. Mientras tanto, el niño criado por una pareja homosexual está más desamparado sólo a causa de la orientación sexual de sus padres.

REALIDAD Y NORMA
… Hoy las parejas homosexuales crían a sus hijos adoptados,
pero éstos tienen menos protección ante la ley que un hijo de una pareja heterosexual, debido al impedimento para acceder al matrimonio. Éste es un tema que también resuelve la iniciativa en tratamiento en la Cámara de Diputados.

Para finalizar, quiero aludir a las opiniones que insisten en sostener que el matrimonio se vincula a la palabra “madre” y que alude a la potencialidad de concebir hijos. Esta potencialidad no está prevista en la ley ni es requisito para contraer matrimonio; de otro modo, ello supondría impedir el matrimonio de personas ancianas o de personas que, por alguna dificultad física, no pueden engendrar hijos, o bien de aquéllos que no desean hacerlo.
Por otra parte, las palabras aluden a conceptos históricos, que se valoran en su lugar y su tiempo. Así como en la antigua Roma la patria potestad se vinculaba a la “potestas” del
pater familiae, y su ejercicio era privativo de los hombres, hoy la patria potestad la ejercen varones y mujeres, porque el desarrollo social e histórico ha determinado nuevos paradigmas. Lo mismo ocurre con el patrimonio, o con el salario, que otrora se abonaba con sal.

En todos estos casos, para derribar las barreras de la inequidad, hubo que vencer prejuicios y visiones conservadoras…

* Diputada nacional. Pertenece al Bloque Nuevo Encuentro. Es presidenta de la Comisión de Legislación General y autora del proyecto de ley que propone la modificación del Código Civil para habilitar el matrimonio de personas del mismo sexo.

http://bit.ly/cQcn85

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