“enseñar a pescar en vez de regalar el pez”

Posted on 26 abril 2010

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En una interesante nota a la Profesora de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, Marta Bekerman que lleva adelante en nuestro país los programas de microcréditos dirigidos a los pobres basados en las ideas del Premio Nobel Muhammad Yunus, a traves de la importante organización Avanzar, que otorga microcréditos a habitantes de barrios carenciados para desarrollar iniciativas productivas. Podríamos decir que es una perfecta intérprete de aquello que Yunus (al recibir el Premio Nobel) definió como “enseñar a pescar en vez de regalar el pez”.. Advierte que, para combatir la exclusión, es tan importante transferir fondos como valores y responsabilidad.

Siempre el tema de la denominadas red de contención para los pobres e indigentes genera una gran controversia. Desde la simplicidad con que se ataca de un lado y de otro. Que “primero hay que darle para que coma al pobre y luego darle trabajo”, pasando por el darle para comer pero exigirle algo a cambio, trabajo, educación para sus hijos, etc hasta el si les das dinero se lo gastan en vino y encima destruís el “habito del trabajo” y sus valores.

En este sentido, me interesan las diferentes opciones que se plantean y máxime si viene de investigadores de la UBA u organismos reconocidos por hacer lugar al pobre y no “excluirlo” en todas sus formas, villas, carceles, muros, etc

En este sentido, que lleva a cabo Magdalena Ruiz Guiñazu en Perfil, brinda una serie de conceptos que vale la pena considerar.

“Como usted sabe, soy profesora de una materia que se llama Desarrollo Económico en la UBA”, explica la Dra.Bekerman ante nuestras preguntas. …¿Y esto qué quiere decir? Bueno, que el desarrollo no es darle a una persona un subsidio para que pueda comer sino enseñarle a esa persona a desarrollarse por sus propios medios. …el desarrollo es la expansión de las libertades de las personas, la capacidad de elegir el modo de vida que desee de acuerdo a sus valores. Y para tener capacidad de elección también debe contar con sus propias capacidades. Es decir, un conjunto de definiciones que le permitan ejercerlas”.

“Mire, es muy importante diferenciar entre lo que es ‘dar’ el derecho a ciertos bienes y desarrollar capacidades. Esto constituye la autonomía de una persona…”

—Y su dignidad.

—Por supuesto. Las capacidades realizadas generan dignidad –y aquí vuelve la sonrisa luminosa–. Le voy a contar cómo es la historia de nuestra organización. Yo juego al tenis en la Asociación Cristiana de Jóvenes que está ubicada en el Bajo Flores. Al pasar, naturalmente veía las villas que están asentadas allí y pensaba: “Paso por aquí para ir a jugar al tenis…” y… bueno, a veces a uno le agarran esas cosas… Y tomé contacto con la historia de Margarita Barrientos desde sus comienzos. Sabía que ella tenía un comedor muy pobre y con mis compañeras de tenis formamos una red para apoyar a ese comedor.

—En los años ’98 y ’99. Todos los meses comprábamos 100 kilos de fideos o lo que ella necesitara y se lo llevábamos. A veces Margarita venía a la Asociación Cristiana a buscar estas cosas con su carro y su caballo, y esto generó la atención de otros socios. Se creó una corriente de solidaridad muy interesante, lo cual explica que, a veces, cualquier tipo de reacción es válida. Organizábamos torneos de tenis para comprar grandes cantidades de pañales, comida… En fin, se desarrolló un movimiento entre gente que no conocía esta forma de solidaridad. En el año 2000 me enteré del proyecto de Yunus. Vino a nuestra Facultad, lo conocí personalmente y me interesó hacer lo mismo que Yunus pero en nuestro país. No tenía experiencia en el tema pero a partir del año 2000 Margarita Barrientos empezó a ser más conocida, a tener más apoyos y me di cuenta de que más allá de ese comedor yo tenía que abocarme a un proyecto de desarrollo de capacidades de las personas. Y fue ahí cuando nos largamos con el microcrédito. Para nosotros, una experiencia desconocida. Conseguimos diferentes apoyos. En la zona había un banco, el Credicoop, que estaba cerca del área de las villas. Se materializó la posibilidad de que fueran ellos los que le cobraran a la gente, y así empezamos.

Montos

—Al comienzo, de 100 y 200 pesos. Le explico nuestra forma de trabajar: la persona que se acerca tiene que traer su proyecto. Nosotros lo evaluamos, vemos si es posible, estudiamos los costos. Y cuando se dan las condiciones necesarias se le otorga el crédito que luego devuelve inicialmente una vez por semana. Usted comprenderá que, a una persona muy pobre, no se le puede decir que después de 6 meses devuelva “todo”. En estos proyectos de microcréditos hay una serie de innovaciones como, justamente, la devolución una vez por semana. Esto es lo que se llama incentivo dinámico. Es decir que, a la persona que cumple, se le va dando un monto mayor. Como le decía, entonces nosotros comenzamos con montos pequeñísimos y vimos que la gente respondía. Además iban al banco a pagar. Esto es importante, porque la gestión del dinero era un tema peligroso en la zona. Al principio atendíamos en el comedor de Los Piletones. En el comienzo de nuestro proyecto fui a hablar tanto con Margarita Barrientos como con Mónica Carranza y decidí quedarme en Los Piletones porque la gente vivía allí mismo. Al comedor de Mónica Carranza concurría gente de todo el Gran Buenos Aires, y a nosotros esto nos hacía muy difícil otorgar microcréditos a gente que no estaba en la zona, justamente porque el plan incluye la idea de ir a visitarlos, observar cómo van los proyectos. Eso no podíamos hacerlo con Mónica Carranza por la distancia que le mencionaba recién. Recuerdo que, hablando con ella, le expliqué que, aunque deseaba iniciar este proyecto, no tenía experiencia pero sí muchas ganas. Ella me miró a los ojos y me dijo: “Vos lo vas a hacer”.

—Supongo que los inicios fueron sumamente complicados.

—Sí, al principio también a Margarita Barrientos le costaba entender lo de los microcréditos. Pero había una confianza que se había formado durante los dos años en los que la habíamos apoyado con su comedor. Recuerdo que una vez le habían robado al hijo de Margarita el carro y el caballo en el que acarreaban muchas cosas, y cuando compramos otro caballo nos enteramos de que estas operaciones se hacen con papeles. El caballo tenía papeles –se ríe Marta–. Un mundo completamente nuevo para nosotros… pero se estableció una relación cada vez más fuerte con Margarita. Y en un momento le dije: “Mirá, ahora no va a ser un apoyo personal a tu comedor sino que vamos a iniciar este proyecto de microcréditos…”. Como le decía, el comienzo fue con montos pequeños con el apoyo del banco de la zona, y, en la medida en que fuimos consiguiendo pequeños apoyos de dinero, la idea fue extendernos a otras villas. Además de Los Piletones, seguimos con la Villa 3 de Fátima, luego con Villa 15.

—Sí, lo que ocurre es que hay mucha gente a la que no le gusta el nombre de Ciudad Oculta. Me acuerdo que un vecino me decía un día: “¿Por qué nos dicen Ciudad Oculta? ¡Yo voy a decir entonces que Recoleta es el barrio de los ladrones de guante blanco!” Bueno, luego tenemos también gente de la Villa 1-11-14.

—Allí tenemos gente recomendada por otros vecinos de confianza, porque a nosotros se nos hace muy difícil entrar allí. En general el trabajo en villas se está volviendo cada vez más difícil, pero nuestra institución tiene como misión llegar a los más pobres. Hoy en Argentina hay muchas instituciones que dan microcréditos, lo que ocurre es que la nuestra trabaja con ciertos sectores. Incluso hay bancos que están dando microcréditos. Depende de la definición, ¿no? Ahora hay mucha gente que es informal y que no está en una situación de tanta pobreza y puede recibir créditos. Por eso hay ciertos bancos que están tratando de extender su mercado llegando a este sector de informalidad. La nuestra, como le decía, es una asociación civil, se llama “Avanzar por el desarrollo humano”. Nuestra pagina web es http://www.avanzar.org.ar y tenemos un teléfono: 4918-0057. También tenemos un pequeño local en Cruz y Lafuente, en el Bajo Flores, cerca de la zona de las villas, y atendemos allí. Además atendemos en la zona de Villa 15 (Ciudad Oculta). Allí tenemos el centro vecinal “Conviven”, donde funcionan algunos talleres varios días de la semana. Son talleres de arte, de circo… Como centro vecinal tiene una presencia importante sobre todo para los chicos. Lo dirige Dalmir, un brasileño que nos ofreció amablemente el lugar ya que no podemos tener locales en todos lados. Por eso hacemos colaboraciones con otras instituciones. En este caso con “Conviven”, en la cual mucha gente de la comunidad ofrece su colaboración tanto para talleres de chicos como para adultos de la zona. Yo creo que las redes de solidaridad son fundamentales en la Argentina de hoy, sobre todo para paliar el tema de la exclusión. Talleres de teatro, música o circo abren la mente de un chico. Que ese chico sepa que existe otra vida. Una vez, visitando una institución en el Chaco, recuerdo a una señora del campo que criaba conejos y decía: “Ahora empecé a estudiar coro… Y el coro es hermoso…”. Fue muy emocionante escuchar eso de alguien a quien se le abría otro horizonte además de criar a sus conejos. Las posibilidades son muy grandes y nuestra misión fundamental es explicarle a la gente que tiene que pagar el crédito, que no es un regalo. Por eso calculamos con ellos su propio proyecto y si vemos que no están bien orientados les señalamos que tienen que revisarlo. Incluso hay un comité de evaluación. Pero el otro tema que nos interesa mucho es la capacitación.

—La mayoría son proyectos textiles. Ya sea introducción, comercialización. En fin, distintos tipos de producción. Hay gente que hace ropa para bebés, sábanas, colchas. Ese tipo de cosas. Otros, ropa para adultos. También gente que vende ropa, o sea que comercializa. El área textil es donde más prestatarios tenemos. Luego viene el rubro alimentación. Tenemos muchos negocios de verdulería, de kioscos, carnicería. Gente que, a lo mejor, empieza con muy pocos productos y logra un negocio con mucho crecimiento, más diversificado. Incluso van modificando sus actividades. Un crédito es una cosa muy importante porque ofrece, en distintos sentidos, muchas posibilidades. Por ejemplo, ir a comprar. No es lo mismo comprar de a dos prendas que tener toda la plata junta. Haga lo que haga un prestatario, tener todo el dinero junto para poder comprar es muy importante. Consiguen mejores precios, por ejemplo para comprar máquinas. Para los textiles, hemos tenido gente que estampa remeras y para eso necesitan máquinas estampadoras. Otros, en panadería, tienen que comprar hornos, o los que tienen carnicería, cortadoras de fiambre. Todos necesitan máquinas.

—Ahora, el préstamo inicial, llega a mil pesos. Hemos aumentado la cantidad por la inflación. También tenemos un crédito máximo de 6 mil pesos y, en este momento, nos llega mucha presión de la gente que nos dice “¡necesitamos más!”. Y nosotros sabemos que necesitan más. Incluso para comprar una máquina pueden necesitar hasta 9 mil pesos. En algunos casos tenemos esto muy en cuenta porque lo que nos interesa es que la gente crezca. Todas las semanas tenemos más pedidos y nuestros recursos son limitados. Pero si pensamos que, con cada peso, podemos hacer un fondeo… bueno, esto no es un subsidio, es un crédito. Cada peso tiene un efecto multiplicador muy grande. Hoy lo tiene una persona que lo devuelve y ese dinero se presta nuevamente a otra persona que, a su vez, también lo devuelve.

—Si alguien no paga es un error nuestro, porque no hemos evaluado bien el proyecto o porque no hemos evaluado bien a la persona. Pero, en general, la gente paga porque comprende nuestro esfuerzo y además, repito, porque en la medida en que cumple recibe un crédito por un monto mayor. El mayor castigo que se le puede aplicar a un prestatario es no aumentarle el monto del crédito, porque él espera cumplir con su crédito para, luego, recibir más, y ya está pensando en lo que va a hacer cuando eso se produzca. A veces, frente a una persona que no cumplió no le hemos aumentado el monto y en las reuniones con los prestatarios el pedido es “no nos dejen de aumentar el monto. Si quieren cóbrennos un punitorio pero no dejen de aumentarnos el monto porque nosotros esperamos esa cantidad para avanzar…”. Nosotros le pedimos cumplimiento a la gente porque es un esfuerzo muy grande seguir a cada prestatario con sus pagos. Tiene que haber una disciplina. Forma parte de la dignidad de la persona saber que está cumpliendo con un compromiso. Y en esto es también muy importante lo que yo llamaría la transformación social. La responsabilidad forma parte del crecimiento de una persona. Es un tema difícil, ¿verdad? Y es porque la gente está tan acostumbrada a que tiene que sobrevivir que, a veces, lo de la responsabilidad es un verdadero aprendizaje. A veces convocamos a una reunión y la gente viene más tarde, pero es un aprendizaje que no podemos pedir de entrada porque forma parte del crecimiento de la persona.

—Hay muchas posibilidades porque también vamos a realizar un trabajo de género. Hay muchas mujeres que van a los comedores pero que no se animan a pedir créditos porque su autoestima es todavía muy baja. ¿Quién se ocupa de esas mujeres que van a pedir comida con sus chicos? Ahí no podemos dar crédito porque todavía no existen las condiciones deseables. Hay que desarrollar capital humano. Entonces vamos a realizar actividades de género con especialistas que formen grupos con estas mujeres para que comiencen a pensar y a desarrollar ideas. Algunas pedirán créditos. Otras, no. Pero seguramente abrirán su mente para nuevas cosas. Por ahora no tienen conciencia de sus valores. Yunus dice que todos nacemos con capacidades. Algunos las desarrollamos y otros no. Yunus dice que los pobres son como las plantas que viven en macetas chicas. Las semillas son buenas pero no pueden desarrollarse. Entonces hay que ponerlas en macetas más grandes, ¿no? Este es el desarrollo de capacidades, y yo estoy segura de que cada mujer tiene sus capacidades, como nos ocurre a todos. En la medida en que podemos, nos desarrollamos. Y aquí entra también el tema de las mujeres golpeadas, abandonadas. Yo siempre pienso que hay un campo muy grande que, hasta ahora, no hemos podido abordar porque, como le decía, todavía no llega el crédito hasta esas mujeres que van a pedir comida. Yo creo que esto es para reflexionar en general: los sectores más excluidos requieren un trabajo muy difícil que va mucho más allá de los fondos. Por eso insisto en que es más difícil transferir activos que ingresos. Y por activos (y no me canso de repetirlo) son la conciencia de nuestros valores, pensar en cómo vamos a desarrollar nuestras capacidades. A veces no será a través de un crédito sino con base en cómo educar mejor a sus hijos y mejorarles la dieta alimenticia. Aprender a escucharlos. Asesorar a sus hijas para que no sean madres adolescentes.

(www.avanzar.org.ar Teléfono: 4918.0057)

http://www.diarioperfil.com.ar/edimp/0440/articulo.php?art=19660&ed=0440

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