ahora los traen de regreso, mingo los mandaba a lavar platos…

Posted on 14 abril 2010

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Hace algunos años un Min de Economìa apellidado Cavallo, ante la pregunta de porqué el entonces Gob. de la rata, des-financiaba la ciencia y el Conicet, respondiò que si fuera por èl que fueran a lavar los platos.

Interesante, porque el proceso de expulsiòn de nuestros cientìficos,  segùn indica el artìculo, comenzó con Onganìa y continuò, con los demás Gob militares, lo que no asombra, pero, aquí lo llamativo o no tanto, es que también continuò con el gobierno del mencionado roedor riojano, en otra medida que apuntaba a sostener el modelo aperturista, con la consabida des-industrialización, paso de una estructura económica productiva a una especulativa, concentración del ingreso, entre otras cosas y la expulsión de nuestros científicos.

Bien, como indica el art. desde el 2003 a la fecha se implemento, el Programa Raìces, de la Secretaria de Ciencia y Tecnologìa que luego se hizo ministerio, como otra forma de darle relevancia a la materia.

Esto, como decimos aquì a menudo, es Politica. Esto es el Estado que participa y hace, se involucra y trata de revertir procesos de años para nuestro beneficio. O a alguien pone en duda que este proyecto, beneficia al paìs y a cada uno de nosotros.

Pero bueno, siembre habrà quienes lo cuestionen porque viene de este gobierno. Seria muy bueno, poder apropiarnos de las cosas que se hacen bien, que las hay y tratar de que se haga mas y no criticar todo, solo porque salga del actual Gobierno.

Adjunto el articulo, que lo disfruten...

Regresaron al país más de 700 científicos argentinos

Desde 2003, y a través del programa Raíces del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, ya retornaron a Argentina 714 investigadores. La iniciativa incluye el pago del pasaje y los gastos de mudanza o subsidio de retorno.

En el transcurso de las últimas décadas, muchos científicos argentinos de las más diversas ramas emigraron al exterior en busca de mejores oportunidades para desarrollarse. Europa y Estados Unidos fueron los principales destinos que acogieron la fuga de cerebros que sufrió el país. Una lenta sangría que comenzó en la Noche de los Bastones Largos de 1966, y que continuó durante la última dictadura y en los años del neoliberalismo noventista.

Pero una serie de programas aplicados en los últimos años permitieron que más de 700 científicos pudieran retornar, de los cuales una veintena radicaron sus investigaciones en la Universidad Nacional de Rosario (UNR). En el marco del Día del Investigador Científico —celebrado cada 10 de abril— La Capital consultó a dos de estos académicos repatriados, quienes si bien marcan la brecha entre investigar en el país y en el exterior, destacan los avances logrados en este área durante la década pasada.

En 2003 la entonces Secretaría de Ciencia —hoy convertida en ministerio— lanzó el programa Raíces (Red de Argentinos Investigadores y Científicos en el Exterior), que promueve el retorno de investigadores argentinos, a los que se les paga el pasaje, gastos de mudanza o subsidio de retorno; reforzando también el vínculo entre científicos locales y los que viven en el exterior. A fines de 2008 la iniciativa se transformó en ley, convirtiendo a esta propuesta en una política de Estado de mediano y largo plazo.

Repatriar a “El Eternauta”

Desde Raíces señalan que en total son 714 los licenciados, doctores e ingenieros repatriados. Entre ellos se encuentra Lucas Borras, docente e investigador de la Facultad de Agrarias de la UNR. Borras egresó con el título de ingeniero agrónomo de la Universidad de Buenos Aires (UBA), en donde también obtuvo un doctorado en fisiología del cultivo. Pero en 2003 decidió emigrar a los Estados Unidos, donde se desempeñó en una empresa de California y en la Universidad Iowa. A mediados del 2008 decidió retornar a la Argentina, gracias a la ayuda de Raíces y de un programa de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica.

“Me decidí por la UNR por mi trabajo en cultivos extensivos, ya que el campus de la Facultad de Agrarias tiene 600 hectáreas en donde tengo los espacios de calidad para los experimentos a disposición”, señala. El joven investigador cuenta que si bien las oportunidades laborales en el país del norte eran buenas, la propuesta de desempeñarse en la facultad de Zavalla fue uno de los motivos que lo convenció para regresar, no sin antes traerse también consigo el póster de El Eternauta que decoraba una de las paredes de su oficina en Iowa. “También a él lo repatriamos”, comenta entre risas.

Un millonario en Francia

Lautaro Diacovich, confeso hincha millonario y graduado en biotecnología de la UNR, asistió en 2006 como espectador al mundial de rugby jugado en Francia. Ver a los Pumas en el césped del país galo logró calmar en parte su extrañamiento de la Argentina, de donde partió ese mismo año para realizar estudios posdoctorales en Marsella.

“Si uno decide quedarse en el exterior puede tener más opciones de trabajo y recursos, pero está también la parte afectiva que en mi caso y en el de mucho otros es muy importante”, argumenta Diacovich, quien actualmente se desempeña en el Instituto de Biología Molecular y Celular de Rosario (IBR).

Avances y deudas

Tanto Lucas como Lautaro —ambos de 35 años— destacan las ventajas y comodidades de desarrollar actividades científicas en los centros e institutos del exterior, aunque también reconocen las mejoras hacia la ciencia alcanzadas en los últimos años.

El nivel académico argentino es muy alto, y a pesar de todos los inconvenientes que se van superando, como la falta de dinero y de recursos, la calidad de las publicaciones es muy importante, de nivel internacional”, sostiene Diacovich. A la hora de trazar un paralelo entre sus investigaciones en Francia y en la Argentina, sobre todo remarca el tiempo: “En Francia uno solicita un reactivo y como las fábricas están allí te llega en dos o tres días, mientras que acá a veces tenés que esperar semanas o meses, a lo que se le suma que los precios están en euros o en dólares”, ejemplifica el especialista del IBR.

Rescata además que la actual gestión nacional “se ha preocupado bastante sobre los sueldos de los becarios y en ampliar la entrada de jóvenes a la carrera de investigador”, aunque apunta que este crecimiento no fue acompañado de los recursos suficientes para sostener ese crecimiento. Lucas Borras, por su parte, afirma que en materia científica “al país lo veo mucho mejor que cuando me fui en 2003, cuando cobraba 600 pesos como becario”. A la hora de establecer diferencias, reconoce indudablemente las ventajas de las universidades norteamericanas en cuanto a insumos y recursos, pero aclara que “en la Argentina hay mayor independencia científica y libertad para trabajar”.

Fuente: La Capital.

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