“Que se pudran en la cárcel, viejo…”

Posted on 22 febrero 2010

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“Que se pudran en la cárcel, viejo…” ó  “En la cárcel sos sólo un preso; en el CUD sos un estudiante que está preso”,

El domingo 14/2 en medio de tanta publi-noticia del día de los enamorados, otra celebración importada, como el jalowin, me encontré con esta nota.

Aulas que frenan la violencia

Mientras la tasa de reincidencia de los presos que no estudian asciende a más del 30 %, los presos que se han graduado en los centros universitarios del Servicio Penitenciario Federal rara vez vuelven a delinquir y, quienes reinciden, no lo hacen por crímenes violentos. Pese a esos resultados, por problemas de cupos, son pocos los que pueden estudiar – Por Victoria Pérez Zabala

En ella, la periodista analiza la incidencia del CUD, Centro Universitario Devoto, y sacó algunas conclusiones muy interesantes.

Algunos números:

“los 3000 presos del Servicio Penitenciario Federal que cursaron carreras universitarias en el Centro Universitario Devoto (CUD), un anexo de la UBA en la ex Unidad 2 de Villa Devoto, fundado en 1985 por un grupo de internos.”

“…sólo el 6% de los 99 egresados volvieron a delinquir”.

“…la tasa de reincidencia normal de los internos que no estudian asciende a más del 30 por ciento (44 por ciento en el caso de robo)…)

“…”Ayuda a bajar la reincidencia y quienes vuelven a la cárcel, luego de haber pasado por el programa universitario, no lo hacen por crímenes violentos”.

“Ya no son esos chicos violentos que se drogan, matan por cualquier cosa y desprecian la vida del otro. Eso no ocurre una vez que pasan por el CUD; eso se elimina. Generás un sujeto con otra conciencia social”.

“Así es como a lo largo de sus 25 años de historia,… nunca se ha registrado un hecho de violencia, a pesar de que los guardiacárceles no vigilan el centro.”

“Los resultados de baja reincidencia que ofrece el CUD marcan que la gente que tiene la fortuna de educarse rara vez vuelve a delinquir”, observa Bobbio.

“…los datos estadísticos de la Organización de Estados Americanos (OEA) que muestran que el 90% de los reincidentes no asistió a los programas educativos en cárceles”

“El 23 % de la población penal de la Argentina no terminó la escuela primaria”

“Del total de presos del país, que suman 52.457 …””.., sólo el 5% completó el secundario y el 2% tiene estudios superiores,…”

“…en el momento de ser detenidos, sólo el 9% tenía alguna profesión, y el 55% no tenía ni profesión ni oficio.”

Se “calcula que, de los 1680 internos en Devoto, sólo 40 cursan la primaria y secundaria.”

“Cada año, 18.000 personas ingresan en el SPF y cada año más de 9000 presos salen en libertad, sólo contando los que egresan de las cárceles federales.”

En este sentido, es muy interesante analizar el que queremos decir, cuando la sociedad reclama, o los medios dicen que reclama, o los dueños de los medios, hacen decir a sus medios que la gente reclama, mano dura, prisión, que no entren y salgan por una puerta, o queremos más policía…

A esa gente, delincuente, inocente o no, sigue siendo gente, va a parar a algún lugar.

El derecho penal se divide entre política carcelaria del tipo depositaria o resocializante.

Si bien nuestra legislación es de la primera idea, la sociedad, nosotros, los Blumberg y demás, pedimos, que se pudran dentro.

Bien, adentro, pasan cosas, muy feas, y tristes que nos enteramos solo cuando hay algún motín y cocinan en los hornos de pan a algún recluso/guardiacarcel y Chiche Gelblung hace una serie de eso, pero el resto de los días, también pasan cosas.

Cosas como éstas, donde presos, deciden estudiar. Si estudiar, como yo, vos, tu hijo/a, estudiar.  Como? A través del programa de la UBA, ahh vio para que sirve la UBA, también, para eso para dar educación en la cárcel.

Bien, las cifras arriba descritas son elocuentes.

Con educación solo 6 de 99 presos, reincidieron. Es claro, solo 6 en casi 100 personas. Bueno no? Pero hay más.

Sabía que los mismos presos se autogestionan. Si. Ellos eligen autoridades, para carrera, el centro o la biblioteca. Notable no? Ellos, presos, eligen, bien parece que además de mandarse cagadas, también estudian y eligen autoridades, pero si hasta parecen humanos…

Reinserción, “En todo caso, se trata de una inserción. Los que cometen un delito y caen en el mundo penitenciario ya estaban al margen. En su mayoría se encontraban excluidos del sistema. La idea de la reinserción de quienes pasan por la cárcel es una mentira. La mayoría de las personas privadas de su libertad nunca estuvo en el circuito laboral, nunca cumplió una escolaridad; algunos hasta no tienen documento.”

Se entiende. No se reinserta quien no estuvo inserto. Quien no estuvo inserto en una sociedad, con laburo, educación, salud, contención, oportunidades, derechos, etc, no le podemos decir que tuvo oportunidades y que las desaprovechó, nunca estuvo dentro, de manera que estuvo y sigue afuera, pero lo medimos con la vara de los que estamos dentro y tuvimos todo eso. Se entiende?

Aquí reproducimos partes de la nota.

En las paredes del estudio jurídico de Diego, instalado sobre la calle Paraná, lo primero que salta a la vista, enmarcado en bronce, es el diploma que certifica su condición de graduado en la carrera de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Lo que no figura en el título es que Diego finalizó el secundario y cursó todas las materias que lo convirtieron en abogado en la cárcel de máxima seguridad de Devoto durante los diez años y dos meses que duró su condena.

Diego fue uno de los 3000 presos del Servicio Penitenciario Federal que cursaron carreras universitarias en el Centro Universitario Devoto (CUD), un anexo de la UBA en la ex Unidad 2 de Villa Devoto, fundado en 1985 por un grupo de internos. Hoy atrae la mirada internacional por ser el único lugar en el mundo en que alumnos presos, que cumplen sus condenas por delitos graves, estudian codo a codo con alumnos y alumnas “extramuros”.

Pero la experiencia del CUD sorprende más aún por sus resultados: mientras la tasa de reincidencia normal de los internos que no estudian asciende a más del 30 por ciento (44 por ciento en el caso de robo), entre los presos que se han graduado en el CUD el porcentaje de reincidencia es casi nulo: sólo un 6% recae en el delito, según estadísticas de la UBA.

El director del Servicio Penitenciario Federal (SPF), Alejandro Marambio, aunque no comparte las cifras reveladas por la UBA, es igualmente categórico en cuanto a los efectos que el sistema de estudio tiene sobre la población carcelaria: “Ayuda a bajar la reincidencia y quienes vuelven a la cárcel, luego de haber pasado por el programa universitario, no lo hacen por crímenes violentos”.

El funcionario, que tiene a su cargo los más de 9.000 internos alojados en las prisiones federales, enfatiza: “Ya no son esos chicos violentos que se drogan, matan por cualquier cosa y desprecian la vida del otro. Eso no ocurre una vez que pasan por el CUD; eso se elimina. Generás un sujeto con otra conciencia social”.

Desde el solemne salón de profesores de la Facultad de Derecho de la UBA, Leandro Halperín, el impulsor del programa universitario, define: “Es un espacio de libertad y una de las pocas herramientas que aumentan la inserción no conflictiva cuando los presos quedan en libertad: sólo el 6% de los 99 egresados volvieron a delinquir”.

Así es como a lo largo de sus 25 años de historia, dentro de las paredes que delimitan los mil quinientos metros cuadrados que ocupa el CUD, nunca se ha registrado un hecho de violencia, a pesar de que los guardiacárceles no vigilan el centro.

Autogestión y autodisciplina son los pilares de este experimento integrador que permite que de lunes a viernes, de 9 a 18, 160 internos sean trasladados desde sus pabellones a las instalaciones del centro para cursar materias de las cinco carreras que allí se ofrecen: Derecho, Ciencias Económicas, Sociología, Psicología y Filosofía y Letras.

Autogestión: porque son los mismos presos quienes administran las doce aulas, el salón de actos, la sala de profesores, la cocina, la biblioteca -con más de 4400 libros, muchos de ellos donados por Ernesto Sabato-, la capilla donde se practican todos los cultos, dos patios internos, y un comedor en el que almuerzan 150 personas diariamente.

Allí todo se delibera de manera democrática; tienen elecciones para elegir a su presidente, a la comisión directiva y al coordinador para cada carrera. Los alumnos intramuros concurren a clase y, al finalizar la jornada, deben reintegrarse a los pabellones, salvo diez estudiantes que por sus buenas notas y buena conducta pueden vivir en el CUD.

Una nueva posibilidad

Hace 15 años que el profesor de Derecho de la UBA Gustavo Bobbio cruza las siete rejas de la cárcel de Devoto para dictar clase. “Los resultados de baja reincidencia que ofrece el CUD marcan que la gente que tiene la fortuna de educarse rara vez vuelve a delinquir”, observa Bobbio.

En el CUD -coinciden los profesionales- los internos reciben de la sociedad una nueva posibilidad, que muchas veces no tuvieron antes: la oportunidad de pertenecer. El 23 % de la población penal de la Argentina no terminó la escuela primaria. Del total de presos del país, que suman 52.457, y a pesar del frondoso cuerpo normativo, tanto nacional como internacional -que garantiza el acceso a la educación de los internos desde el nivel inicial hasta el universitario-, sólo el 5% completó el secundario y el 2% tiene estudios superiores, según las últimas cifras del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación. El mismo informe destaca que, en el momento de ser detenidos, sólo el 9% tenía alguna profesión, y el 55% no tenía ni profesión ni oficio.

Reinserción-Inserción

A María Massa, que enseña hace 17 años psicología freudiana en la cárcel, le molesta la palabra reinserción. “En todo caso, se trata de una inserción. Los que cometen un delito y caen en el mundo penitenciario ya estaban al margen. En su mayoría se encontraban excluidos del sistema. La idea de la reinserción de quienes pasan por la cárcel es una mentira. La mayoría de las personas privadas de su libertad nunca estuvo en el circuito laboral, nunca cumplió una escolaridad; algunos hasta no tienen documento. Así que fijate hasta qué punto no estaban integrados a la sociedad. Caen detenidos y el primer documento de identidad lo gestiona el sistema penitenciario”.

Por eso dice que “el CUD viene a hacer lo que el Estado no hace”.

Marcelo Taboada

Profesión: abogado
Edad: 48 años

Fue a las 6 de la mañana, estaban sus hijos y su madre, tuvo la suerte de no ir en el camión de la penitenciaría sino que lo llevó en auto el director del penal: todos estos detalles se reúnen en la memoria de Marcelo para revivir el día en que recibió el título de abogado, después de cumplir cinco años de condena por estafas en la cárcel de Devoto.

“El CUD es como una inyección mágica que da la UBA al realizar el trabajo que la sociedad en su conjunto debería hacer por los sectores más desprotegidos”, dice. “Te permite hacer como el ave fénix: renacer entre tus cenizas. A mí me permitió salir de la cárcel, ver dónde estaba y reflexionar.

Estudiar para vivir mejor el encierro

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1232910


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