“Nuestra marca de época es la tribu, lo arcaico, más el desarrollo de Internet”

Posted on 4 febrero 2010

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Michel Maffesoli, sociólogo francés. Es un interesante pensador de la actualidad que tiene una mirada interesante sobre el ahora y los cambios que se experimentan en la sociedad global y su relación con internet.

Termina una década en la que valores como trabajo, razón y futuro fueron reemplazados por creación, imagen y presente, y donde gustos compartidos definen vínculos e identidades.

Pensar nuestro mundo astillado es una tarea resbalosa, que exige dosis de atención y sensibilidad, y también de valentía y decisión.

El prestigioso sociólogo Michel Maffesoli le aporta audacia y espíritu de aventura a su análisis y tal vez sólo así, asumiendo riesgos, se pueda trazar un balance de época y mostrar las tensiones del presente y las direcciones conjeturales del porvenir.

Se acaban un año (por el 2009) y una década. Vivimos un tiempo para el cual parece haber sólo adjetivos negativos. ¿Qué implica entonces calificarlo de posmoderno?

Actualmente no hay una palabra para expresar lo que está en gestación en nuestras sociedades. Y por eso se habla de posmodernidad, que no es un concepto sino una metáfora. Implica que los grandes valores que marcaron los tiempos modernos están terminándose, especialmente en las generaciones jóvenes.

Pero el fin de la modernidad no es una catástrofe, porque algo se detiene y algo arranca.

Los tres grandes valores modernos (trabajo, razón, futuro) están cada vez más saturados, no tienen una verdadera fuerza atractiva. Y la reflexión sobre la posmodernidad trata de ver qué está tomando el lugar de esos grandes valores.

Para mí, hay tres grandes pistas: la creación (no el trabajo, sino la creatividad). Ya no la razón sino la imagen (la imaginación, lo imaginario).

Ya no el futuro, sino el presente.

Uno de los motores de la modernidad fue la noción de individuo. Hoy, ¿cuál es la relación entre la identidad personal y la identidad de las tribus?

Ese es el verdadero problema. La noción misma de individuo está totalmente diluida. Ya no funciona. El individuo es etimológicamente indivisible.

Tengo una identidad sexual, ideológica, profesional y a partir de esa identidad se da el famoso contrato social.

Para mí, el surgimiento de la tribu implica que uno ya no es uno mismo, sino que se pierde en el otro. Más exactamente: en determinada tribu yo manifiesto tal personaje. Ya no se trata de un individuo indivisible sino de una persona plural.

O sea que en determinado momento yo voy a experimentar una máscara en determinada tribu; mañana, esta noche, en otra tribu, experimentaré otra. No es esquizofrénico, sino la expresión de la multiplicidad de mis roles. Lo que está pasando sociológicamente es la profecía poética de Rimbaud: “Yo soy otro”. Esa profecía poética se ha extendido y ahora las generaciones jóvenes, sin darse cuenta, viven la profecía. En particular, en Internet.

¿Cómo?

Los pseudónimos (NDE: Nicks, alias) son máscaras. Cada uno juega con sus facetas. En el teatro urbano estamos frente a esas teatralidades, a partir de las tribus sexuales, musicales, deportivas, religiosas. Y lo que está en juego ahí es la persona plural.

La noción de remite a algo ancestral, pero hoy se refiere a las nuevas generaciones.

Propuse la noción de tribu como una metáfora. Era para que se prestara atención al hecho de que había un retorno de las formas tradicionales, antiguas del lazo social.

De lo que se trata en una tribu es de compartir un gusto. Un gusto sexual, un gusto musical, un gusto religioso, un gusto en la ropa, etc. Todo. Es una afinidad electiva.

El sentimiento de pertenencia -no del contrato racional- da cuenta de un pacto emocional. Este deslizamiento del contrato al pacto es una clave de nuestra época.

No es exactamente el retorno de las tribus tradicionales. Es la vuelta de la tribu, más Internet. Y esa sinergia entre lo arcaico y el desarrollo tecnológico es la gran marca de la posmodernidad y el lugar donde las tribus se expresan.

Llegué a esto analizando cómo las tribus musicales del sur de Francia se ponían en contacto con tribus que hacían la misma música en Budapest o Bratislava. Compartían el mismo gusto musical y gracias a Internet se contactaban. Nuestra marca de época es la tribu, lo arcaico, más el desarrollo de Internet.

El término identificación implica un proceso de participación, un poco mágico o místico. Uno se pierde.

Cuando me pierdo en determinada tribu, hay éxtasis. Ya no soy yo, soy el grupo. A través de la multiplicidad de facetas voy a participar en una multiplicidad de tribus y la concatenación de esas tribus constituye la masa. Pero si miramos una masa -por ejemplo, nosotros hicimos ese estudio filmando un concierto de los Rolling Stones-, dentro de ella vemos pequeñas tribus. Es una masa, pero hay pequeños grupos con un ritmo similar a sístole y diástole.

En el mundo que usted describe, ¿cómo pasan las experiencias de una generación a la siguiente?

Se da un deslizamiento de la verticalidad hacia la horizontalidad.

Internet es una de las manifestaciones de esa horizontalización fraternal, en la que todos son iguales.

Lo que predominaba con la ley del padre era la educación, la pedagogía. Actualmente hay un retorno a la iniciación. Los hermanos inician. Esa es la transmisión.

Lo que está ocurriendo en la horizontalidad de Internet es el retorno de la iniciación. En una sociedad, siempre hay una figura emblemática. Y la figura emblemática que culmina en el siglo XIX es el adulto serio, racional, productor, reproductor. Esa es la gran figura emblemática que se ve en la forma de vestirse, en la manera de educar, de constituir las instituciones, etc.

Toda la modernidad se hizo en torno de ese pivote, ese adulto. En otros momentos históricos y también en la posmodernidad, la figura emblemática va a ser el niño eterno. No se puede envejecer, se habla la jerga de los jóvenes, uno usa cosméticos y ropa joven. El niño eterno se está convirtiendo en la figura emblemática alrededor de la cual, inconscientemente, la sociedad en su totalidad se reencuentra. Ya no es un problema de edad: el niño no es únicamente un menor de edad, es un proceso transversal. Y lo vemos en la moda, la publicidad y la televisión.

http://www.clarin.com/diario/2009/12/27/um/m-02108637.htm

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